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Carlos Soler, futbolista por una Game Boy

A cambio de una videoconsola, su abuelo le convenció para que jugara y con él celebró el título de Copa de 2019 en el Villamarín

LOURDES MARTÍ

Carlos Soler (Valencia, 2 de enero de 1997) siempre tiene a su abuelo Rafael como referente. El espejo en el que mirarse. Durante la eterna espera desde el túnel del vestuario hasta el pitido inicial de la pasada final de Copa del Rey que enfrentó al Valencia y al Betis, el futbolista del PSG tuvo esa amarga sensación de saber que no iba a encontrarlo en la grada de La Cartuja.

En 2019 (contra el Barça) sí pudo festejar el título en el césped del Villamarín con su abuelo cogido de la mano. Nunca lo olvidará. Porque Rafael fue el que le hizo futbolista. Le empujó para que así fuera. ¿Cómo? Pues como a la mayoría de críos con un premio. Le sedujo con la compra de una Game Boy a cambio de que se apuntara a la escuela deportiva del Bonrepòs i Mirambell. Un acierto. Soler llamó pronto la atención y el Valencia se lo llevó.

Y cuando parecía que se convertiría en un 'one club man', las discrepancias en la renovación del contrato con el club de Mestalla le llevó a aceptar la oferta del PSG para compartir equipo nada menos que con Messi, Neymar y Mbappé. Sus ojos rasgados le llevaron, inevitablemente, a asumir el apodo cariñoso de 'el chino' y sus goles en categoría Prebenjamín a ser conocido por todos los equipos de Primera: «Era delantero puro y cuando íbamos a jugar torneos, todos los equipos le conocían y preguntaban por él», recuerda Raúl Martínez, uno de sus entrenadores en la Academia.

Nico Estévez, que llegó a entrenar al primer equipo y ahora dirige el FC Dallas de la MLS, fue uno de los técnicos que le reubicó sobre el terreno de juego. Y en el centro del campo encontró al mejor padrino que un valencianista puede tener, a Rubén Baraja. Cuando Soler jugaba en el Juvenil B como mediocentro, la leyenda le animó a ponerse el 8 en la espalda a través de un mensaje. Un número que no le pesó, como tampoco el 10 que heredó de Dani Parejo.

Adopción de perro

Sus cifras son brutales. Marcó 845 goles en todas las categorías de la cantera blanquinegra desde que ingresó en ella con siete años. Prandelli le hizo debutar con el primer equipo contra la Real Sociedad el 10 de diciembre de 2016 en Anoeta. David Silva fue su ídolo de infancia, aunque también ha recibido la influencia de otros futbolistas como Johan Cruyff, dentro y fuera del terreno de juego.

Preocupado por cuestiones sociales, no ha dudado en unirse a la fundación de la leyenda de Países Bajos para crear un campo de fútbol en una de las zonas más desfavorecidas de Valencia para que los niños encuentren en el deporte una vía de escape. Tampoco es extraño verle promoviendo la adopción de perros abandonados. En Valencia vivía en el barrio de Ruzafa y la familia siempre ha sido uno de sus grandes pilares. Era habitual ver a su padre en los desplazamientos del cuadro 'Ché', viajes que realizaba en su propio vehículo para arropar a su hijo.

En el Valencia era el segundo capitán después de Gayà. Las negociaciones para renovar se eternizaron. Un día más cerca, otro más lejos el culebrón parecía no tener fin. Hasta que se acercó el pasado mercado de verano y el PSG le tentó. El club de Mestalla hizo una última intentona para retener a uno de sus buques insignia, pero ya era tarde. El jugador había decidido hacer las maletas rumbo a París. Por 18 millones de euros se marchaba a la ciudad del amor una estrella del fútbol que se ha hecho un hueco en la selección de Luis Enrique. En el estreno de La Roja no fue titular. Salió en la segunda mitad por Pedri, pero se sumó a la goleada ante Costa Rica con el sexto tanto.