Formación de la selección de Dinarmaca que tocó el cielo en la Eurocopa en 1992. / UEFA

Todo por jugar

JOSÉ ESTALELLA. Autor de 'Detrás del balón' y 'Además del balón, obras de las que se extraen estos relatos

Jose Estalella Limiñana
JOSE ESTALELLA LIMIÑANA Las Palmas de Gran Canaria

Llegaba el verano de 1992 y estaba previsto que se disputara la fase final de la Eurocopa en Suecia durante junio. Entre los países participantes estaba Yugoslavia que se había clasificado con los Mijatovic, Boban, Savisevic, Prosinecki, Suker, un equipazo.

En Yugoslavia unos dirigentes insensatos y sin escrúpulos llevaron a la población hasta el lugar en donde habita el odio. Desde mayo de 1991 la guerra de Los Balcanes dejaba un rastro de muerte y dolor.

La Unión Europea, la ONU, todos los organismos internacionales condenaban los actos de barbarie y mediaban para que se pusiera fin al conflicto, pero había demasiados intereses territoriales y odios históricos enquistados, sobre todo en los dirigentes políticos que los trasladaban a la población. Era imposible llegar a un acuerdo.

La ONU adoptó varias resoluciones hasta que el 30 de mayo de 1992 publicó la séptima en relación con este enfrentamiento, la consignada como número 752 dentro de la historia.

Esa resolución afectaba a multitud de actividades -por supuesto de mayor importancia que lo que relato- entre ellas prohibía la participación del equipo nacional yugoslavo en competiciones internacionales.

La selección de Yugoslavia. / UEFA

La UEFA forzada tuvo que llamar a Dinamarca, que había quedado segunda del grupo de Yugoslavia en la fase de clasificación, de tal manera que no se alteraban los grupos ni los calendarios ya organizados.

Los daneses se pusieron manos a la obra, el seleccionador Möller Nielsen llamó a cada uno de los jugadores que ya andaban de vacaciones, algunos en la playa, aunque pendientes de las noticias pues estaba en el ambiente que la UEFA tendría que ceder.

Tenían diez días mal contados para reunirlos y preparar al equipo.

El primer partido estaba previsto para el 11 de junio.

Todo a la carrera, sin pensarlo mucho.

Se apuntaron a la aventura los internacionales habituales, Schmeichel, Larsen, Brian Laudrup, también se sumó Kim Vilfort centrocampista del Bröndy, a quien le tuvo que convencer su familia. Line su hija de 7 años estaba ingresada en el hospital luchando contra una grave enfermedad.

Vilfort acordó con el Seleccionador que siempre que no hubiera partido estaría en Dinamarca junto a su familia, por suerte les tocó jugar dos partidos en Malmö y con el Ferry estaba a una hora de trayecto entre un lugar y otro.

El grupo era duro, Francia, Inglaterra y la anfitriona Suecia.

Los dos primeros partidos ante Inglaterra y Suecia se saldaron con empate a cero y derrota; un punto de cuatro, era lo previsible.

Se debían jugar la clasificación contra Francia en la última jornada.

Vilfort recibió una llamada por el empeoramiento de la salud de Line y no se quedó al partido decisivo contra Francia.

El seleccionador danés Richard Møller Nielsen. / UEFA

Tomó el Ferry pero les dejó una nota a sus compañeros:

« Volveré para la final».

Dejando claro su esperanza de que Line mejoraría y al paso les chutaba algo de motivación para ese complicado encuentro, y ¿el siguiente?

Line mejoró y toda la familia pudo ver el partido en el Hospital.

Los compañeros se conjuraron y ganaron a Francia, y Suecia colaboró ganando a Inglaterra así que pasaban como segundos de grupo.

Dinamarca estaba en semifinales y su padre allí, la pequeña no entendía nada y le pidió que volviera para jugar.

Ante la mejoría de Line y su insistencia se marchó para jugar las semifinales con una promesa: «ganar la Eurocopa por Line, para que me vea levantar la copa».

Pero en semifinales había un escollo importante que saltar, esperaba la Holanda de Van Basten, Koeman, Gullit, Rijkaard, el partido terminó empate a dos y se resolvió en la tanda de penaltis.

Dinamarca acertó todos, Vilfort marcó el cuarto lanzamiento, por Holanda falló Marco Van Basten.

Una Holanda con mucho talento. / UEFA

Los daneses con cuatro goles en cuatro partidos se metían en la final. Pocos en la historia sacaron más premio con menos.

Un exitazo para todos menos para Vilfort, aún no había completado su promesa.

El rival de la final era de temer, Alemania, vigente campeona del Mundo con, Illgner, Sammer, Klinsman, era una montaña muy alta que había que hollar, pero él y sus compañeros tenían una determinación y una motivación más allá de lo futbolístico.

En el minuto 18 Jensen puso por delante a la selección «suplente» y a la vez sorpresa del campeonato.

Alemania lo intentaba, pero no lograba empatar, Schmeichel, los defensas y algo de fortuna impidieron que el acoso germano terminara en algún gol.

Cuando los alemanes más apretaban y las ocasiones eran continuas un balón rebotado llegó en tres cuartos de campo a los pies de Vilfort, con dos defensas delante. Controla, les hace un amago al tiempo que avanza hacia la portería y desde fuera del área chuta.

El balón supera la estirada del altísimo portero alemán, choca en la base del palo y entra. Gol de Vilford, 2-0.

La celebración del gol fue muy emotiva para los compañeros, que lo abrazaron y formaron una montaña.

Los jugadores de Dinamarca celebran el gol de Vilfort. / UEFA

El trofeo voló a Copenhague y él corrió a ver su familia, había cumplido la promesa, y con creces, con el gol no contaba nadie.

El país celebró el título por todo lo alto, pero también hubo debate sobre si Vilfort tenía que haber rechazado la convocatoria, ¿padre o futbolista?, preguntaban los medios para el debate.

Semanas más tarde la enfermedad se hizo con el cuerpo de la pequeña Line Vilfort a la que su padre le dedicó una Eurocopa que no iba a jugar, todo el país vivió la pérdida como propia.

La pequeña Line Vilfort sabía que para su padre el fútbol era una pasión, pero también, como para Hohberg, compromiso.

Por ese compromiso el que se arriesgó algo más de la cuenta fue Juan Eduardo Hohberg.

Hohberg formaba parte del plantel uruguayo que acudió al Mundial de Suiza en 1954. Los celestes defendían el título ganado en Maracaná en el 50 y no estaban dispuestos a regalar el trono. Lo iban a defender con todo.

Hohberg era argentino de nacimiento, pero jugaba con Uruguay pues se desempeñaba con Peñarol de Montevideo, así eran las cosas antes. Los jugadores podían jugar con un equipo distinto al de lugar de nacimiento si estaban jugando en algún club de ese país.

Uruguay tenía un equipo potente, pasaron la fase de grupos como primeros, luego eliminaron en el cruce a Inglaterra y ahora tocaba la favorita Hungría en las semifinales.

El partido se puso de cara para los europeos, 2-0 minuto 46, aquello parecía resuelto.

Pero la garra charrúa salió a relucir, Hohberg en el minuto 75 acorta distancias.

Uruguay aprieta, Hungría se defiende.

Faltando cuatro minutos para el final de nuevo Hohberg remata a la red y empata el partido. Los compañeros eufóricos se lanzan sobre él, lo zarandean, lo abrazan, no lo podían creer, estaban eliminados y Hohberg les había dado una vida extra.

La vida que se le escapaba al goleador porque durante los abrazos sufrió un infarto.

De repente los compañeros al ver que se fue al piso y que el color de la piel tornaba a blanquecina llamaron a los médicos.

Al llegar donde estaba tendido el jugador comprobaron que era cosa seria. Lo sacaron del campo, en ese momento a Hohberg se le paró el corazón, durante 15 segundos Juan Eduardo estaba en el estadio, pero ya no estaba entre los vivos.

El médico se afanó en el masaje cardiaco y administrarle Coramina, de repente Juan vuelve a la vida, su corazón responde, comienza a latir.

El partido seguía, Hungría al ataque aprovechando que Uruguay tenía un hombre menos. 

Hohberg, por un momento, se sienta en el banquillo y pide salir.

Los médicos se lo desaconsejan, pero insiste y sale.

El partido finaliza 2-2 y se va al alargue, ahí Hungría más entera marca dos goles y elimina a los vigentes campeones, con Juan Eduardo sobre el campo.

Tres días después vuelve a salir al campo a defender la celeste en la disputa del tercer puesto.

Uruguay cae frente a Austria 3-1, el gol charrúa lo anota «el resucitado Hohberg», que tenía por mote futbolístico «el Verdugo».

Uruguay vuelve a casa como cuarto clasificado pero todos vivos, que no es poco botín tal y como se pusieron las cosas unos días antes.

Hohberg apostó su vida para defender la camiseta, un riesgo demasiado alto fuera cual fuera la recompensa.

Yo creo que con la vida no se juega, ni en las semifinales de un mundial, ¿qué hubieran hecho ustedes?