Borrar
Directo UD Las Palmas - Al Sadd SC
El diario deportivo Marca llevó a su portada el fichaje de Pizzinato por el Español. C7
Las apariencias engañan

Las apariencias engañan

JOSÉ ESTALELLA. Autor de 'Detrás del balón' y 'Además del balón, obras de las que se extraen estos relatos

Domingo, 11 de diciembre 2022, 18:37

Necesitas ser registrado para acceder a esta funcionalidad.

Opciones para compartir

En los años posteriores la II Guerra Mundial, el movimiento de personas entre países fue constante, la mayoría buscaba nuevos horizontes para sus vidas.

Nadie tenía muy claro a lo que enfrentarían en el futuro, pero siempre pensando que por malo que fuera sería mejor que el horror que habían vivido en sus países de origen. Buscaban para sus familias empezar de cero, una especie de borrón y cuenta nueva.

Otros de los que se movían era el grupo de los huidos, los perdedores, gente perseguida por haber apoyado al régimen derrotado.

Ese combinado de gente se agolpaba en los puertos para embarcarse a América y en los puestos fronterizos de Suiza y España. Las aduanas se convirtieron en puntos calientes, los funcionarios que guardaban el territorio tenían que averiguar qué pretendía cada una de aquellas desesperadas personas y, en función de cada caso, dejarlas entrar o rechazarlas.

En el verano de 1948 se presentó en la frontera entre Francia y España un hombre que se hacía llamar Alfredo Pizzinato, desprovisto de documentación y solo con lo puesto no logró convencer a los guardias, decía que quería pedir asilo político.

Había sido seguidor de Il Duce y era cuestión de tiempo que se pasara una temporada a la sombra, escapaba de la purga.

Lo enviaron a la cárcel a Barcelona, allí interrogado por la policía, declaró que de profesión era futbolista, internacional olímpico y que había jugado en el Internazionale de Milán.

Uno de los presentes le dio el chivatazo a la directiva del RCD Español, se formalizó el fichaje en secreto, no querían que sus vecinos azulgranas le levantaran el descubrimiento.

Lo alojaron en casa de un ex jugador del equipo, y como llegó en muy malas condiciones físicas, la primera tarea era alimentarlo. Y así pasó los primeros días, cogiendo algunos gramos.

El RCD Español avisó a la prensa, y tanto Mundo Deportivo como Marca dieron buena cuenta del fichaje del italiano, incluso en la portada.

Y llegó el día que empezó la pretemporada, a esas alturas los gramos iniciales de Pizzinato se habían ido juntando y tras unas semanas de paellas, filetes y panes con tomate sumaron unos kilos.

Aquel famélico cuerpo inicial no se parecía mucho al que saltó al campo de entrenamiento. El italiano correteaba lentamente por la banda, se achacaba la lentitud al calor de agosto, nada anormal.

Era más difícil de justificar que no quisiera pelotear con el resto de compañeros, se excusaba diciendo que llevaba un tiempo sin tocar balón y no quería defraudar.

La editorial del álbum de los equipos de fútbol le fotografió y le imprimió su estampa. La afición estaba expectante, ilusionada. El míster también, y además quería, necesitaba, comprobar la calidad del fichaje para alinearlo en la pretemporada y en la competición.

Se destapa el embuste

Un jueves de partidillo, entre intrigado y algo escamado, le ordena alinearse con uno de los dos equipos.

Alfredo no pudo más y le confesó que jamás había sido futbolista, que lo había dicho para poder entrar en España y escapar de la posible purga a la que habría sido sometido en Italia tras la caída de Mussolini.

Ni el Español, ni los periódicos volvieron a mencionar a Pizzinato, azorados por el engaño.

A ningún directivo ni periodista se le ocurrió contactar con la Federazione ni con el Inter. Alfredo no sería futbolista pero les metió el gol de su vida y por la escuadra. Sin información se hicieron una idea equivocada de Pizzinato creyendo lo que él manifestaba.

Del que sí tenía información el entrenador era de Lunari.

Ricardo Gabriel Lunari debutó con Newell's Old Boys de la mano de Marcelo Bielsa, con ese equipo ganó varios títulos en Argentina y un subcampeonato de la Copa Libertadores en 1992.

Terminada esta etapa exitosa recibió una oferta de la Universidad Católica de Chile y no se lo pensó.

Jugador de enorme despliegue físico, de esos que no escatiman esfuerzos y de los que se meten a la afición en el bolsillo por su sacrificio. Eso ocurrió, se hizo un hueco en el corazón de los aficionados.

Con la Uni logró otro subcampeonato de la Copa Libertadores, en mayo de 1993.

Estaba bien considerado y tenía mercado.

En esos tiempos Marcelo Bielsa estaba entrenando al Atlas de México, los dirigentes le propusieron traer a Lunari.

Era diciembre de 1993.

Marcelo vio la propuesta con buenos ojos, le podía hacer un buen papel en el centro del campo, el jugador conocía sus métodos y el proceso de adaptación sería rápido.

Bielsa pidió a los dirigentes llamar él personalmente a Lunari para conocer de primera mano su opinión sobre un posible cambio, saber si era receptivo al traspaso.

Una noche de diciembre de 1993 suena el teléfono en casa de Lunari, a las tantas de la noche, al otro lado de la línea Marcelo Bielsa.

-Lunari, buenas noches, soy Marcelo Bielsa ¿cómo le va?

El jugador, entre que era tarde y que no esperaba la llamada de su antiguo entrenador, se queda un poco parado, balbucea.

-¡Ah! Profesor, buenas noches, bien, bien, ¿y usted?, responde, desperezándose.

-Bien, mire Lunari, le llamo porque se está hablando de que venga usted al Atlas, ¿está interesado?

-Sí,sí, cómo no, por supuesto.

Lunari confesó después que desde que escuchó el interés ya sólo veía los billetes con la cara de George Washington, sabía que en México pagaban muy bien y en dólares USA, tenía que aprovechar el momento.

-Bien, entonces ya le llamaré -dijo Bielsa-, y colgó.

A los minutos volvió a sonar el teléfono, era Bielsa otra vez.

-¿Lunari? Soy Marcelo Bielsa.

-Dígame profesor, respondió..

-Mire que el traspaso no se va a hacer porque Universidad pide por usted un millón de dólares, y usted sabe que no vale un millón de dólares, ¿verdad?

-Sí, sí, Marcelo. Está bien.

-Pues nada, que tenga buena noche. Adiós.

Y así quedó el asunto, Lunari siguió entrenando con Universidad Católica como si nada hubiera pasado, no le dijo nada a nadie sobre el frustrado interés.

Estaba algo decepcionado, en los minutos entre llamadas se había hecho ilusiones y había dado rienda a la imaginación.

A los pocos días llega como todas las mañanas al campo de entrenamiento y al entrar en el vestuario el utillero -Gonzalo- le dice: «No te cambies, vete a las oficinas, te traspasaron al Atlas».

-No, no puede ser, le respondió.

-Sí, seguro, habla con los dirigentes, te vendieron.

Efectivamente así era, así que arregló sus cosas y marchó para Guadalajara -Jalisco-.

Tras un viaje larguísimo con varias escalas, Lunari llegó agotado a su destino, allí lo esperaba el gerente del Atlas.

-Vamos a las oficinas que Marcelo Bielsa le está esperando, le avisa.

Lunari le dice que está agotado pero el gerente no cede, directos a las oficinas.

Al llegar entra en una de las estancias y Bielsa se dirige a él así:

-Usted sabe que no vale un millón de dólares, ¿verdad?

-Sí, sí profesor.

-Bien, pues listo, vaya a descansar y mañana entrenamos.

Ni un «buenos días», ni un «¿qué tal el viaje?» Nada.

Bielsa solo tenía en la cabeza que Lunari no se lo creyera y que viniera en plan estrella a su plantel.

Le bajó los humos -si es que los tenía- de una tacada.

Bielsa tenía toda la información sobre Lunari, quizás demasiada, eso casi perjudica el bolsillo del muchacho, la que no tenían los dirigentes del Español sobre Alfredo Pizzinato, eran otros tiempos.

Publicidad

Reporta un error en esta noticia

* Campos obligatorios