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Un instante de la interpretación de 'Atrapasueños'. C7

Cultura

El teatro y la libertad que otorga lo colectivo

Internos del Salto del Negro interpretan en la prisión de Las Palmas de Gran Canaria 'Atrapasueños', una obra de Graziano Pellegrino que parte del sueño de un preso y muestra el peso del arte en la reinvención

David Ojeda

Las Palmas de Gran Canaria

Viernes, 10 de mayo 2024

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Graziano Pellegrino se encontraba en una de las sesiones teatrales que desde 2018 dirige con la Asociación Hestia en la prisión de Salto del Negro. Uno de los internos contó que había tenido un sueño extraño, relacionado con la venta de drogas, una nebulosa que envuelve a muchos de los participantes en esta actividad. Con esos cimientos, Pellegrino y los presos comenzaron a imaginar la arquitectura de 'Atrapasueños', una dramaturgia vital que el pasado noviembre se representó en la Sala Insular de Teatro y que esté fin de semana fue puesta en escena dentro del propio centro penitenciario. El teatro y la libertad que otorga lo colectivo.

Porque de eso va lo del teatro en la cárcel, un mundo doblado por los estigmas y en el que es complicado muchas veces encontrar las coordenadas para cambiar de dirección. 'Atrapasueños' surge de las vivencias de aquellos que ahora persiguen una reinvención. Y gracias al canal que ofrece el arte ese camino aparece despejado.

Las representaciones que estos días se celebran en la cárcel de Las Palmas de Gran Canaria han tenido en el patio de butacas las presencia inabarcable de Elena Cánovas, fundadora hace ya cuatro décadas de Teatro Yeses, compañía formada por reclusas de la cárcel de Yeserías donde ella trabajaba en aquel entonces como funcionaria de prisiones.

Cánovas se sienta en un sillón de cuero rojo junto a Pellegrino y enseguida reconoce las motivaciones que le llevaron 40 años atrás a emprender el complejo camino de la reinserción a través de las tablas. «Graziano y yo somos personas privilegiadas por estar en centros que nos permiten desarrollar estos proyectos. Que son arriesgados porque conlleva salir al exterior y que el público también sepa que en las cárceles se están haciendo cosas muy positivas. Estoy emocionada de saber que en Gran Canaria hay un lugar en el que se está haciendo esto y espero que surja entre nosotros una colaboración que dure mucho tiempo», explica.

Imagen principal - El teatro y la libertad que otorga lo colectivo
Imagen secundaria 1 - El teatro y la libertad que otorga lo colectivo
Imagen secundaria 2 - El teatro y la libertad que otorga lo colectivo

La mañana de este viernes en el aparcamiento de visitas del centro penitenciario tenía un ambiente especial. Allí aguardaban familiares de los internos que querían acudir a ver la obra. Esa tristeza que imponen las verjas se veía atenuada por la sensación de orgullo contenido al ver que el tiempo en prisión se invertía en crecimiento personal.

Eso es algo que conoce muy bien Cánovas, que durante muchos años ha ido trabajando con infinidad de personalidades en un proyecto coronado ahora por la presencia también de actores profesionales. «Es un enriquecimiento mutuo. Porque por un lado tú les enseñas a ellos la manera de interpretar, de estar en el escenario. Pero ellas te transmiten la intensidad y la fuerza que tienen, un torrente de vidas vividas al límite prácticamente», cuenta esta figura capital en la escena española y ganadora de un premio Max en 2017.

Graziano Pellegrino es educador social. Las palabras le desbordan y explica cómo ha sido el teatro, el proceso mancomunado y la emoción de medirse al público, le han ayudado a desprenderse de la timidez que genéticamente le atenazaba.

Esa experiencia es la que imprime al grupo del taller de teatro social de Salto del Negro. Su mecánica de la dramaturgia ha compuesto un mosaico de sueños con las vivencias de los internos para entre todos levantar una torre con 'Atrapasueños': «Creo que con esta obra hemos conseguido, a través del trabajo de grupo, para que el público pueda salir haciéndose la pregunta sobre lo que puede hacer cada uno para mejorar lo colectivo», un reto ambicioso aunque suene diminuto.

Hay un reto fundamental en este teatro social que desarrollan tanto Pellegrino como Cánovas. Que tiene que ver con la otra vida que espera a los internos cuando culminen esa etapa oscura de aislamiento social. «La idea no es crear a un grupo de actores», cuenta Cánovas antes de continuar señalando que «salgan de aquí con la cabeza bien amueblada, que sea un arma importante para su reinserción social. Y lo es, desde el momento en el que les transforma y les hace tomar otra conciencia de su vida. Se dirigen de una manera mejor, con más autoestima. Todos estos años que llevo en esto todos los que me he encontrado al salir de prisión difícilmente han vuelto a estar internos».

Graziano Pellegrino y Elena Cánovas en Salto del Negro.
Graziano Pellegrino y Elena Cánovas en Salto del Negro. Juan Carlos Alonso

Cánovas habla con mirada experta, Pellegrino lo hace desde una óptica presente, pero sus relatos parecen nacidos a la vez. «Cuando lo comunicas en prisión a veces cuesta que los presos lo entiendan. Pero cuando llegan a entenderlo se enganchan y tienen una transformación sorprendente. Trabajamos con algunos que vienen de módulos muy complicados y con trayectorias difíciles y desde que comienzan con el teatro ves el cambio hasta en lo físico. En la forma de sonreír», afirma antes de concluir con una certeza: «Estoy convencido de que el teatro es liberador».

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