Ilustración de portada del número 1 del cómic estadounidense 'Ufo flying saucers' (1968). / E. C.

75 años de ovnis

La invasión de los platillos volantes

Aterrizaron en la prensa de Estados Unidos en junio de 1947. Nadie supo qué podían ser hasta que en 1950 un exmarine apuntó a los extraterrestres

LUIS ALFONSO GÁMEZ

«Nueve de cada diez estadounidenses han oído hablar del fenómeno», destacaba el estadístico George Gallup en agosto de 1947, al analizar el primer sondeo de opinión sobre los platillos volantes. Los primeros los ha visto el 24 de junio Kenneth Arnold, un vendedor de equipos de extinción de incendios, cuando pilotaba su avioneta cerca del monte Rainier, en el estado de Washington. Así empieza la invasión. Aquel verano se ven a millares por Estados Unidos, con un máximo de 150 casos diarios el 6 y 7 de julio.

Mes y medio después del avistamiento de Arnold, un tercio de sus compatriotas no tiene ni idea de lo que son esos objetos; otro tercio se inclina por ilusiones ópticas, espejismos y la imaginación; un 15% cree que se trata de armas secretas de su país; uno de cada diez, de fraudes; y solo el 1% teme que fueran armas soviéticas. Ni mención a los extraterrestres, aunque estos llevan sobrevolando el imaginario colectivo más de un siglo y hace décadas que se ven cosas raras en el cielo.

Ilustración de los habitantes de la Luna realizada en 1835 a partir de la historia que contó 'The Sun'. / Biblioteca del Congreso

Agosto de 1835

El gran engaño de la Luna

El diario neoyorquino 'The Sun' cuenta entre el 25 y el 31 de agosto de 1835 que el astrónomo John Herschel ha descubierto vida en la Luna. Gracias a un nuevo telescopio, ha visto en el satélite mares, ríos y valles poblados por bisontes, unicornios, castores bípedos... Basado en una investigación publicada en una revista científica escocesa, el serial alcanza el clímax con las observaciones del hombre murciélago, que vive feliz en un paraíso donde ha levantado templos de «zafiro pulimentado o de alguna piedra azul resplandeciente». Después de seis entregas, el relato acaba con la destrucción del telescopio en un incendio.

Las ventas de 'The Sun' se disparan, y sus competidores no dudan en reproducir la historia tal cual, citando como fuente la revista escocesa, que en realidad no existe. Todo ha sido un invento del periodista Richard Adams Locke. Un fraude que el diario solo admite 36 años después, en el obituario del reportero. «El señor Locke fue el autor del engaño de la Luna, la broma científica más exitosa jamás publicada, que apareció originalmente en 'The Sun'. La historia fue contada con una minuciosidad en los detalles y un uso tan diestro de frases técnicas que no solo fue aceptada como real por el lector ordinario, sino que también engañó y desconcertó a los hombres de ciencia en un grado asombroso», dice el periódico el 18 de febrero de 1871.

Mapa de los canales de Marte realizado por Giovanni Schiaparelli en 1891. / E. C.

1877-1965

Los canales de Marte

El astrónomo italiano Giovanni Schiaparelli ve en 1877 una red de canales en Marte. Para él, son cursos de agua naturales. «No es preciso suponer aquí la obra de seres inteligentes», escribe en 1893. Sin embargo, su colega estadounidense Percival Lowell piensa que se trata de una obra de ingeniería planetaria para llevar agua desde los polos hasta las latitudes medias, defiende esa idea en tres libros publicados entre 1895 y 1908, y la creencia se generaliza.

En plena fiebre de los canales, los marcianos protagonizan la primera invasión alienígena en 'La guerra de los mundos', novela de H.G. Wells publicada en 1897. Y, en la década de 1950, los ufólogos apuntan a Marte como el origen de los platillos. Sin embargo, cuando en 1965 la sonda Mariner 4 de la NASA sobrevuela el planeta, no ve ni bases alienígenas ni canales. Como habían apuntado desde el principio algunos científicos, los canales han sido fruto del vicio de la mente humana por encontrar patrones donde no los hay.

La aeronave misteriosa que sobrevoló Sacramento en noviembre de 1896 / . The San Francisco Call

Noviembre de 1896

La aeronave misteriosa

Cincuenta años antes de la llegada de los platillos, una aeronave misteriosa –así la llamó la prensa– visita EE UU entre noviembre de 1896 y mayo de 1897. Se ve primero en California y después en Arkansas, Nebraska, Texas... Hay quien habla con sus pilotos –humanos vestidos al estilo de la época– cuando bajan a tierra para llenar la despensa. Nadie sabe quién es el inventor de un globo con hélices, focos, barquilla y cosas por el estilo que hace gala de una capacidad de vuelo muy superior a la de los dirigibles de entonces. La nave desaparece de los periódicos como había aparecido, de la noche a la mañana.

La mayoría de los casos se limita a luces nocturnas que los testigos y la prensa reinterpretan como una aeronave, como pasará a partir de 1947 con los platillos volantes. Son seguramente estrellas y planetas. Además, hay invenciones periodísticas y bromistas que sueltan globos y cometas con luces adosadas. Tras esta oleada, siguen viéndose de vez en cuando cosas raras en los cielos de Europa y América.

«¿Tendrá Marconi éxito en su escucha de Marte?», se preguntaba la prensa estadounidense en 1922 / . E. C.

Agosto de 1924

A la escucha de los marcianos

Los operadores de radio del Departamento de Guerra de EE UU participan el 23 y 24 de agosto de 1924 en una escucha de mensajes marcianos. La impulsa David Todd, astrónomo de la Universidad de Amherst, en coincidencia con unos días en que la Tierra y Marte están muy cerca. El científico, que había trabajado en el Observatorio de la Marina, pide a los militares que guarden silencio radiofónico. Washington no accede, aunque sí colabora en la operación. Es un fracaso. Nuestros vecinos no dan señales de vida.

No es la primera vez que se intenta. Ya lo habían hecho pioneros de la radio como Nikola Tesla y Guglielmo Marconi. El primero creyó en 1899 haber captado señales de Marte en su laboratorio de Colorado Springs. Hoy se piensa que pudo ser una emisión de su rival e incluso una natural de Júpiter. Marconi anunció en 1919 que había escuchado a los marcianos, pero se retractó después ante la sospecha de que el mensaje fueran emisiones de otros experimentadores de la radio.

Fotograma de la versión cinematográfica de 'La guerra de los mundos' de 1953 de Byron Haskin.

Octubre de 1938

Marte ataca la Tierra

Decenas de miles de estadounidenses viven el 30 de octubre de 1938 un ataque marciano, durante la emisión de una versión radiofónica de 'La guerra de los mundos' escenificada por OrsonWelles y el Mercury Theatre. Con el formato de un programa de variedades interrumpido por conexiones desde el frente de la primera guerra interplanetaria, la sesión de radioteatro, que ha sido anunciada como tal, confunde a los oyentes de la CBS que conectan tarde y a aquellos a los que no se les ocurrió comprobar qué cuentan otras emisoras. Hay quienes ven las llamas del campo de la batalla, huelen el gas y oyen el ruido de los disparos.

El terror provocado por 'La guerra de los mundos' es magnificado por una prensa que presenta así a la naciente y competidora radio como una amenaza. Posteriormente, la idea es reforzada por un estudio del sociólogo Hadley Cantril, de la Universidad de Princeton, basado en solo 135 entrevistas. «La extensión del pánico, tal como la describió Cantril, fue enormemente exagerada», sentencia en 1998 el también sociólogo Robert Bartholomew, En cualquier caso, la emisión de radio de Orson Welles demuestra que, alentada por los medios de comunicación, la gente puede ver cosas que no están ahí.

Forma de los 'platillos volantes' vistos por Kenneth Arnold, según un folleto publicado por él mismo. / E. C.

24 de junio de 1947

Llegan los platillos volantes

Cuando Kenneth Arnold cuenta a periodistas del 'East Oregonian' su avistamiento, les habla de una formación de objetos con forma de bumerán que «volaban erráticos, como un platillo si lo lanzas sobre el agua». La historia acaba en primera página: un hombre de negocios ha visto «nueve aeronaves con forma de platillo que volaban en formación, muy brillantes –como si fueran de níquel–, y a inmensa velocidad». No se sabe quién confunde el modo de vuelo con la forma de los objetos, pero la agencia AP difunde así la noticia a todo el mundo. A partir de ese verano se suceden las visiones de platillos, y no de bumeranes.

El Pentágono teme de que sean ingenios enemigos, algo que descarta en 1953. Y hay invenciones periodísticas muy locas. En una, por ejemplo, se apunta que son inventos de sabios nazis refugiados en la España franquista. La creencia en el origen extraterrestre es tan minoritaria que en sus dos primeras apariciones en el cine –en febrero de 1949 y enero de 1950– los platillos son creaciones de científicos humanos. Los expertos que han estudiado el caso de Arnold creen que lo que vio fue una bandada de pelícanos.

El extraterrestre Klaatu sale de su reluciente platillo volante, aterrizado frente a la Casa Blanca, en la película 'Ultimátum a la Tierra' (1951).

1950

Son naves extraterrestres

Los principios del credo ovni los establece en 1950 Donald Keyhoe, exaviador de los marines y autor de relatos de aventuras y de ciencia ficción. En su libro 'The flying saucers are real' (Los platillos volantes son reales), concluye después de ocho meses de «investigación intensiva» que seres de otros planetas observan la Tierra desde hace «al menos dos siglos»; que esa vigilancia se ha intensificado tras las explosiones de bombas atómicas de 1945; y el Gobierno estadounidense lo sabe y se lo oculta a la población. Un reportaje en la revista 'True' y el medio millón de ejemplares del libro que se venden ponen a los extraterrestres a los mandos de los platillos.

La creencia se extiende con rapidez y por eso, para el rodaje de 'Ultimátum a la Tierra', el realizador Robert Wise sustituye la nave espaciotemporal ovoide original de Klaatu por un platillo. Nadie ha visto a un tripulante de una de esas naves cuando en septiembre de 1951 el extraterrestre interpretado por Michael Rennie aterriza en Washington y advierte a la Humanidad de que deje de usar armas nucleares o se enfrentará a la ira de la Confederación Galáctica. Un año después, ya en el mundo real, George Adamski, un cocinero de una hamburguesería de montePalomar, se encuentra en el desierto de California con Orthon, un atractivo venusiano que le transmite la preocupación de nuestros vecinos por nuestras armas nucleares.Aunque Adamski y sus imitadores serán repudiados por la ufología más sería, con Orthon los extraterrestres están ya aquí y en las siguientes décadas se encontrarán con más humanos, secuestrarán a otros y hasta participarán en magnicidios.