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Teresa Artiles
Montaña Amarilla: un sendero de jable hacia una cala serena y salvaje
La Graciosa

Montaña Amarilla: un sendero de jable hacia una cala serena y salvaje

En esta tierra frágil de La Graciosa, donde el asfalto no ha llegado, también se libra la batalla de la supervivencia de los valores naturales e identidad ante la masificación turística

Teresa Artiles

Las Palmas de Gran Canaria

Miércoles, 12 de junio 2024

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En estas islas aunadas en el Atlántico hay un archipiélago dentro de otro. Y esta tierra pequeña y frágil donde el asfalto no ha llegado también libra la batalla de la supervivencia de sus valores naturales e identidad ante la masificación turística.

El Chinijo es, sin duda, uno de los símbolos de la riqueza medioambiental de Canarias, una delicada joya que acumula diferentes figuras de protección: es la mayor reserva marina de Europa, forma parte de un parque natural, está en una reserva de la biosfera o alberga aves únicas y en peligro que la convierten en una zona especial para su preservación.

En La Graciosa, la única isla habitada de este archipiélago en miniatura, hay un majestuoso volcán cuya erosionada cara sur protege una de las playas más cautivadoras de las islas. Es Montaña Amarilla abrigando las aguas turquesa de La Cocina, el destino y premio final de un viaje a pie que a veces recreo partiendo de Caleta de Sebo.

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En este paisaje el camino de jable y costa es también el destino. Y eso salta a la vista y a la piel en cada pisada. Nos acompañan en estos cuatro kilómetros el majestuoso macizo de Famara al otro lado del Río, el brazo de mar que separa La Graciosa de Lanzarote. También se une en esta vereda la paleta de colores de otro volcán graciosero como el de las Agujas. Caminando entre salaos, aulagas y balancones se puede sentir la fuerza de la naturaleza, un salvaje silencio si miras de frente la brisa.

La costa a ratos rocosa y a veces de suave arena regala rincones perfectos: pasará por el Salao o La Lagunilla, tantas veces pisada a pesar de que hay lindes claros para rodearla. Hay charcos donde a menudo juegan las nubes al ritmo pausado que habita en La Graciosa, una tranquilidad ahora tantas veces a la fuga. Esta isla donde viven unas 700 personas recibe más de 250.000 turistas al año, muchos en excursiones de un solo día. Un consumo rápido que deja huella.

Teresa Artiles
Imagen secundaria 1 - Montaña Amarilla: un sendero de jable hacia una cala serena y salvaje
Imagen secundaria 2 - Montaña Amarilla: un sendero de jable hacia una cala serena y salvaje

Hay meses en el calendario donde me prohíbo ir a La Graciosa porque me cuesta reconocerla. Y horas del día donde los paraísos se transforman en imágenes que explican qué quieren decir quienes gritan que Canarias tiene un límite. En este viaje a pie antes de arribar a Montaña Amarilla está la idílica playa de La Francesa, víctima de desembarcos masivos de excursionistas que llegan con sus catamaranes y paellas. Una frágil e idílica cala abarrotada de ruido y bañistas con pinta y actitudes de estar ahí como estarían en Benidorm.

Mejor recrear La Francesa en su esencia y delicadeza. Se aleja mientras se acerca Montaña Amarilla con sus ocres y formas erosionadas. De repente, desde lo alto aparece la playa de La Cocina y deseas que el tiempo se detenga. El final perfecto para esta vereda única.

¿Cómo llegar?

4,4 kilómetros desde Caleta de Sebo. Para disfrutar de Montaña Amarilla hay que hacerlo también del camino de jable que te lleva allí. La playa de La Cocina está a 4,4 kilómetros de Caleta de Sebo, núcleo habitado de La Graciosa unido por mar con Órzola, al norte de Lanzarote, de donde salen barcos de forma continua. Hay quien alquila un taxi graciosero (un cuatro cuatro) que te deja antes de llegar a La Francesa, pero hacer el camino a pie no tiene precio.

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