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Los manifestantes ataviados con tamarcos y encadenados en la plaza de Santa Ana el 29 de abril de 1984. Rafael Avero
La victoria de los 'guanches con relojes japoneses'

Las Palmas de Gran Canaria

La victoria de los 'guanches con relojes japoneses'

Hace cuatro décadas una manifestación nacionalista acabó para siempre con la salida del Pendón de la Conquista cada 29 de abril en Las Palmas de Gran Canaria

David Ojeda

Las Palmas de Gran Canaria

Domingo, 28 de abril 2024, 22:09

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Primero fueron descalificados: «Ha sido un incidente folclórico protagonizado por unos guanches que llevaban relojes japoneses». Lo segundo fue el impacto de su acción, erradicar para siempre la colonial salida del Pendón de la Conquista por Las Palmas de Gran Canaria cada 29 de abril.

Era la primavera de 1984. Las autoridades civiles y militares se personaron en la plaza de Santa Ana para la procesión del Pendón, que en aquel año conmemoraba la rendición de los últimos canarios que anidaban en la isla 501 años atrás, tal día como ese. Aquel día de pronto cambió de color cuando casi medio centenar de canaristas, vestidos simplemente con tamarcos, interrumpieron la celebración del acto y acabaron a golpes con la policía militar.

Fue un hito histórico. El alcalde Juan Rodríguez Doreste –PSOE– fue el que acuñó la célebre frase de los relojes japoneses en declaraciones a este periódico y aquello derivó en un complejo escenario que llevó incluso a los tribunales a figuras como el poeta Francisco Tarajano. Solo un año después, el Ministerio de Interior, recordando los incidentes del año anterior, suspendió la salida de la enseña. Que nunca más se recuperó.

Entre aquellos manifestantes equipados como aborígenes estaba José Carlos Martín, sociólogo y nacionalista que contaba solo con 17 años aquella jornada. Han pasado cuatro décadas pero él sigue volviendo con emoción a aquel momento. «Fue algo bastante sonado. Uno de las primeras decisiones de la democracia, cuando Manuel Bermejo de Unión del Pueblo Canario accedió a la Alcaldía, fue la de suprimir la tradición del Pendón. Por eso nos sorprendió mucho que Juan Rodríguez Doreste, un hombre supuestamente de izquierdas, decidiera recuperarla», explica.

Eran las 10.00 horas y en la catedral se sucedía la ceremonia religiosa cuando los alzados, apareciendo desde la senda del Guiniguada, fueron cercando la plaza de Santa Ana, en la que se congregaba medio millar de personas. Esa ceremonia fue, explica Martín, el primer paso para conseguir su objetivo. «En aquel momento dentro del nacionalismo funcionaban los denominados Cristianos de Base, que fueron los que presionaron al obispo Ramón Echarren para que no participara en el acto del Pendón. El obispo se limitó a lo que sucedía dentro del templo y no estuvo con las autoridades cuando la cosa pasó a las calles», explica.

Calles en las que se encontraba Rafael Avero, entonces un joven fotógrafo profesional de solo 21 años y larga melena que cubría el acto para CANARIAS7. «Algo se sabía de lo que podía pasar. Estábamos expectantes porque en los círculos de la izquierda de aquellos años se comentaba que habría movilizaciones», recuerda haciendo memoria.

El encargado de portar el Pendón era el concejal socialista Juan Daniel Quintana. Hoy retirado de la esfera pública, cuando se le pregunta por aquella jornada recuerda nítidamente esa mañana. Y a ellos sí que les pilló de imprevisto. «No sabíamos nada. Nos sorprendió y es verdad que en algún momento la cosa estuvo muy tensa, pero no le dimos más importancia. Era un momento político completamente distinto y, al menos yo, lo comprendí como una situación más de aquel momento en el que creo que existía un canarismo más marcado. Solo pasamos algo de miedo en las calles más estrechas», cuenta.

Las imágenes de tensión compusieron aquella jornada. Rafael Avero.
Imagen principal - Las imágenes de tensión compusieron aquella jornada.
Imagen secundaria 1 - Las imágenes de tensión compusieron aquella jornada.
Imagen secundaria 2 - Las imágenes de tensión compusieron aquella jornada.

Durante el recorrido del Pendón el ambiente se fue crispando. La Policía Militar, que escoltaba a sus mandos, se mostró más agresiva que la Nacional y tratando de sacar del camino a los nacionalistas los acabó situando en la cabeza de una procesión que se encaminaba a la parroquia de Santo Domingo. Hubo cargas y ya en la plaza de Vegueta, cuando durante el himno nacional un joven manifestante bailó un tajaraste, la cosa se desmadró. Un teniente de Navío llamado Hermenegildo Franco salió de la formación y agredió al joven. Las autoridades militares procedieron a retirarse. «Fue una vergüenza y un despropósito lo que se vivió en ese momento. Parecían realmente una fuerza de ocupación extranjera», dice Avero.

José Carlos Martín recuerda con cierta amargura un momento para él trascendental en la historia nacionalista. Se visibilizó la respuesta de un pueblo a un símbolo de opresión, pero dejó sufrimiento por el camino. «Gente como nuestro poeta Francisco Tarajano o Jaime Saenz, de Solidaridad Canaria, tuvieron que pasar por aquellos procesos judiciales pero es que las autoridades militares proponían hacerles consejos de guerra. Algo totalmente desproporcionado para personas que solo querían defender su libertad de expresión», significa el sociólogo.

Rodríguez Doreste habló de «salvajismo» para referirse a la actitud de los manifestantes, pero también afeó el comportamiento de los militares que decidieron abandonar el acto. Rafael Avero capturó imágenes que transmiten, 40 años después, la tensión de un momento que pese a la distancia él sigue teniendo fresco en su memoria. «Se vivieron cosas realmente grotescas. Recuerdo especialmente una foto de un Nacional que miraba con un gesto muy marcado de odio a los manifestantes», rememora y acota que sí que se sorprendió por «la gran cantidad de objetores de conciencia que había».

Los manifestantes acabaron encabezando la procesión.
Los manifestantes acabaron encabezando la procesión. Rafael Avero.

Debates ardientes y denuncias se fueron produciendo los días posteriores a aquella bronca mañana. Pero así como 501 años antes los conquistadores sometieron a los isleños, lo que resultó de la batalla de Santa Ana fue la victoria de esos guanches con relojes japoneses que desterraron para siempre el Pendón, que nunca más vio las calles de Las Palmas de Gran Canaria.

¿Hoy sería posible?

José Carlos Martín ha situado siempre el canarismo en la parte frontal de su trabajo. Preguntado sobre si una respuesta sobre la identidad como aquella sería posible en la actualidad afirma que sí. «En las manifestaciones del pasado 20 de abril, salvando las distancias, percibí un sentimiento canarista muy marcado que me hace creer que sí. Además, lo que más me sorprendió es que esta situación se evidenciaba especialmente entre los participantes más jóvenes», argumenta a la vez que recuerda como «solo hace dos años, también un 29 de abril, colgaron de la fachada de la catedral de Santa Ana una gigantesca bandera que ponía Canarias libre. Así que lo veo posible».

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