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Imagen de las piscinas de La Laja. C7
Piscinas de La Laja: la felicidad tiene que ser esto
Las Palmas de Gran Canaria

Piscinas de La Laja: la felicidad tiene que ser esto

El paraíso cabe en tres pequeños espacios acotados que dejan la ciudad a su espalda y donde mirar el gran azul es un lujo infinito

B. Hernández

Las Palmas de Gran Canaria

Martes, 4 de junio 2024

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Vaya por delante que el mantenimiento por parte del Ayuntamiento capitalino es nulo; que los accesos son malos; que el aparcamiento es un caos y que prácticamente no tiene servicios. Si estas circunstancias no lo desaniman, podrá disfrutar de uno de los lugares más placenteros y relajantes de Las Palmas de Gran Canaria, las piscinas de La Laja.

La disposición del espacio, con un solárium escalonado que 'obliga' a tomar el sol sentado y mirando al océano, facilita la conversación con propios y ajenos. Aquí no existe más distracción que la plataforma de la Plocan y su inseparable aerogenerador, una pega de vela latina que pasa a lo lejos o algunos surfistas que se funden con la espuma de las olas. Todo ello con el permiso de algún chucho que la marea alta dejó dentro de la piscina y cuyo rescate, con más fuerza que maña, viene a alterar la tranquilidad de los bañistas.

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La Laja cuenta con usuarios 'fijos' -que acuden todo el año y casi siempre a la misma hora-, y los eventuales de fin de semana o verano, además de un creciente número de turistas que nadie sabe cómo logra llegar hasta aquí.

Sin duda, la mejor hora para disfrutar de este lugar -anexo a la playa del mismo nombre- es por la mañana temprano siempre que haya marea baja. El agua está totalmente transparente y se pueden aprovechar plenamente los 50 metros de largo de la piscina grande para nadar. A estos pocos deportistas se suelen unir algunos corredores o ciclistas, que acaban su ejercicio con un buen baño y, por supuesto, quienes van a cargar pilas de la mejor manera para empezar la jornada.

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La pileta pequeña es elegida sobre todo por gente que va a 'bañarse', es decir que pueden estar horas en el agua hablando como si estuvieran en una plaza o un bar y donde se enlazan conversaciones sobre lo divino y lo humano. Porque si una cualidad se le puede otorgar a La Laja es que es un espacio de socialización como pocos. La vida política del país, el devenir de la UD Las Palmas, lo que se ha encarecido el potaje o la falta de drenaje de las piscinas no faltan en las conversaciones.

El entorno aún desaprovechado es utilizado algunas mañanas por grupos que hacen sus ejercicios de estiramiento, yoga e incluso baile, eso sí, al solajero porque la pérgola es otro de los asuntos pendientes del Ayuntamiento, que sigue tratando a esta zona como la hermana pobre de Las Canteras y Las Alcaravaneras.

Estoy segura de que tras un rato en La Laja, la Maga de Cortázar revisaría una de sus máximas y no le quedaría más remedio que reconocer que «la felicidad tiene que ser esto».

¿Cómo llegar?

Gran Canaria | Saliendo de la ciudad en dirección sur, hay que entrar en el desvío hacia Carrefour y Mercadona en Hoya de la Plata. Una vez pasada la estación de guaguas, se llega al aparcamiento. Aún hay que andar unos 100 metros y pasar por debajo del puente de la autopista. A la derecha, está la playa. A la izquierda, las dos piscinas y un charco con entrada de arena para los niños. También cuenta con un paso elevado para peatones desde la parada de guaguas.

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