Yanely Montenegro y uno de sus hijos son las últimas víctimas de un atropello en Almatriche, donde las aceras casi no existen. / C7

Cuando da miedo cruzar la calle

El atropello de una vecina y su hijo refuerza la demanda de Almatriche para que se habiliten aceras y se abra al peatón la rotonda que conecta con Siete Palmas

Javier Darriba
JAVIER DARRIBA Las Palmas de Gran Canaria

En Almatriche, cada cruce hasta el otro lado de la calle viene acompañado de un suspiro de alivio y de un comentario. «Si va más rápido, nos atropella», decía ayer una anciana a su pareja. La falta de aceras, la escasa iluminación, la ausencia de señalización y la inexistencia de medios físicos que obliguen a los coches a reducir su velocidad han hecho germinar entre los vecinos la convicción de que el atropello es un riesgo real. «Siempre he tenido más miedo al cruce para coger la guagua que al paso de peatones», expone Yanely Montenegro. Y, sin embargo, a ella y a su hijo la atropellaron el martes por la noche en el paso de peatones que está a medio camino entre la rotonda que viene de Hoya Andrea y la que distribuye la circulación hacia la autovía de circunvalación.

Venía de recoger a sus hijos y volvía a casa a descansar. Primero pasó una pareja y luego, cuando siguieron ellos, apareció un taxi de la nada. «No le dio tiempo a frenar y me llevó por delante», explica, «y a mi hijo le dio en el hombro con la parte lateral del vehículo».

Ahora está a la espera de que le hagan una resonancia para conocer el alcance de la lesión en su pierna. De momento, se mueve como puede en muletas. Y eso, en Almatriche bajo, ahonda los problemas por la falta de aceras.

La plataforma vecinal Almatriche Bajo ha convocado a los vecinos a una nueva manifestación que tendrá lugar el viernes, a las 17.00 horas, para abrir la conexión de la prolongación de Juan Hidalgo con Siete Palmas

Dice que no se puede quejar porque, al fin y al cabo, sus hijos están bien. Pero asegura que «no se puede vivir de la suerte» cada vez que tiene que cruzar la calle.

Siempre ha tomado precacuciones. Como en la carretera principal de Almatriche no hay aceras, se mete por las calles interiores del barrio para bajar. Pero al llegar a la parte baja de la GC-310 no queda más remedio que cruzar.

Si se quiere coger la guagua, el trayecto no es nada sencillo. Primero hay que acercarse al paso de peatones que está a pocos metros de la salida de la rotonda que viene de Hoya Andrea. Luego, se accede a una pequeña isleta y hay que pasar otro paso de peatones, que fue donde atropellaron a Yanely. Aquí el tráfico viene en los dos sentidos: el que va a la GC-3 y a Siete Palmas; y el que viene de este barrio. Entramos entonces en una vereda de cemento, que es la parte más segura porque va en medio de un parterre con especies vegetales. Y luego viene la zona más arriesgada porque el último cruce para ir a la parada de guaguas que está junto a la Casa de las Flores carece de paso de peatones y, además, atraviesa una carretera de doble sentido que viene de una curva con poca visibilidad.

«La gente se está jugando la vida», expone Fernando Miguel Micó, portavoz de la plataforma vecinal Almatriche Bajo, «que pongan guardias muertos, semáforos y señales de que hay pasos de peatones».

Nueva calle

El representante vecinal recuerda y agradece el compromiso del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria para adquirir varios solares y prolongar una calle que vaya en paralelo a la GC-310, de modo que esta nueva calle sea solo de sentido bajada y la GC-310 se quede para subida y pueda tener aceras.

Eso sí, Fernando Miguel Micó le pide al Consistorio capitalino que, antes de que se construyan las aceras, se asfalte y se señalice la vía para aumentar la seguridad de los peatones.

Yaiza supera la valla que separa Almatriche de Siete Palmas. / C7

El otro gran obstáculo que aisla a Almatriche es la rotonda de Siete Palmas, la que está frente a la gasolinera y el colegio Arenas. Una valla impide la conexión con la prolongación de la calle Juan Hidalgo. Aquí los vecinos se quejan de la falta de comunicación con el Cabildo de Gran Canaria y denuncian su negativa a abrir esta vía, que está condeanda y separada de la rotonda por una valla. Esta carretera se construyó como la continuación natural de Pintor Felo Monzón, pero nunca se abrió. Pese a ello, los peatones utilizan la vía para no bajar por la GC-310. Eso sí, al llegar a la rotonda, pasan sobre la valla -ayudándose de un bloque de cemento que han puesto en el suelo a modo de escalón- y cruzan por un lugar no habilitado, sin paso de peatones.

«Lo natural sería abrir esta valla y conectar Siete Palmas con Almatriche», expone Yaiza Hernández, miembro de la plataforma vecinal. «El consejero (de Transporte y Movilidad del Cabildo de Gran Canaria) Miguel Ángel Pérez nos ha dicho que no se puede poner ahí un paso de peatones porque es una rotonda que está sobre la circunvalación y resulta peligroso, pero es que eso mismo pasa en la de La Ballena o el Negrín», denuncia.

«Estamos atrapados», critica. Y lo irónico es que sean unas carreteras las que tienen incomunicado a todo un barrio. «Todo es porque no tenemos aceras ni conexiones peatonales», prosigue, «a primera hora, los niños que van al colegio en guagua se ven obligados a esperar en un arcén de treinta centímetros».