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La zona verde que proyectó Rubió i Tudurí acoge infraviviendas improvisadas. Cober

Las Palmas de Gran Canaria

Las dos caras de Altavista

Vecinos del barrio de Ciudad Alta denuncian que el entorno del mirador se convierte en un punto de venta de drogas y prostitución al caer la noche

David Ojeda

Las Palmas de Gran Canaria

Sábado, 20 de enero 2024, 22:50

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Las laderas de Altavista fueron un sueño. Un proyecto paisajístico obra de la imaginación de Nicolau Maria Rubió i Tudurí, uno de los arquitectos y urbanistas más relevantes del siglo XX en España. Ese manto verde que embridaba la ciudad alta con su escalón inferior lleva décadas de notable decadencia. El parque de las cucas es el ejemplo visible de ello. Y la zona que rodea el nuevo mirador y la Iglesia Coreana también levantan fe sobre este hecho.

Son precisamente los vecinos de este entorno los que se están agrupando en un nuevo modelo de protesta ciudadana. A través de un grupo de WhatsApp, que no deja de ser una forma actual de asociacionismo, comparten inquietudes y llevan al consenso denuncias. Las que ya han trasladado por escrito en varias ocasiones al Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, aseguran que sin respuestas o invitaciones al diálogo.

Los residentes de Altavista dicen estar alarmados. Cuando la noche oscurece la zona del mirador y las laderas que bajan hacia el Paseo de Chil sienten miedo. «El mirador está muy bonito pero necesitamos más seguridad. Por la noche esto cambia mucho. Llegan muchos coches tuneados a hacer botellón. En los caminos interiores se vende droga y se ejerce la prostitución», señala José Blanco, uno de los vecinos encomendados para la portavocía de un grupo de vecinos que asegura que ya no pueden más.

Altavista fue una zona de esplendor décadas atrás. Su posición privilegiada como vigía de la ciudad era refrendada por la famosa sala de fiestas que hoy acoge la Iglesia Coreana. Las antiguas postales de Las Palmas de Gran Canaria confirman aquel recuerdo.

El espacio que antiguamente albergaba la terraza El Cielo está ocupado.
El espacio que antiguamente albergaba la terraza El Cielo está ocupado. Cober

Pero el descuido de sus emblemáticos jardines durante décadas propicia el asentamiento de infraviviendas en la zona. Aquello ha cambiado mucho pero siguen en pie en los alrededores de la Iglesia muchas infraviviendas que, indican los vecinos, están propiciando muchos problemas de convivencia en la zona.

Porque eso es perceptible a plena luz del día. No es necesario que caiga la noche para comprobar como las laderas están cubiertas de restos de la noche anterior. Desde latas de cerveza hasta sobres de preservativos.

Sobre los restos de la antigua terraza El Cielo hace años que viven personas alojadas en los agujeros del muro y en tiendas de campaña. Su ropa se seca al sol sobre las vallas de las obras del mirador que desde 2018 estuvo anunciando Javier Doreste, entonces concejal de Urbanismo, y que nunca se han llevado a cabo.

Antonio Brito vive en el barrio desde hace décadas. Fue testigo de las distintas evoluciones que ha tenido a lo largo de la historia contemporánea de Las Palmas de Gran Canaria. Y cree tener una solución factible para los problemas actuales. «Necesitamos más presencia policial, es inquietante la falta de seguridad que hay. Espero que no vayamos a caer de nuevo en la situación de chabolísmo que padecíamos en la década de 1980 y en la de 1990, que llenó la zona de drogas», explica.

Antonio Brito, Luis Suárez y José Blanco con las denuncias realizadas al Ayuntamiento.
Antonio Brito, Luis Suárez y José Blanco con las denuncias realizadas al Ayuntamiento. Cober

Luis Suárez también lleva toda la vida en el barrio. Su madre y la de José Blanco fueron amigas de siempre, ese forma de comunidad basada en la proximidad que hoy está casi extinguida. Él también expresa su preocupación por la realidad actual de Altavista, «Necesitamos que pase por la zona pasé más la Policía Local y la Policía Nacional, que por aquí se ven muy poco. La gente cuando sabe que es un lugar donde hay muy poca presencia policial tiende más a acudir a hacer sus cosas allí», comentó.

La demanda de una mayor seguridad es continuada y se expande fuera de los límites del mirador. «Los coches que llegan a hacer botellón luego salen por estas calles a toda velocidad. Sin ir más lejos, uno perdió el control y se estrelló contra el muro de mi edificio hace unas semanas. Rompió parte del mismo y el coche perdió el palier», indica José Blanco en tono sereno.

El listado de problemas que denuncia abarca mucho más que una hoja. Son varios, aunque prácticamente todos se tocan en lo concerniente a la seguridad. Esa presencia policial que aseguran que es prácticamente invisible en las calles del barrio.

Señalan que las carreteras no se arreglan cuando sufren algún desperfecto. Y que han tenido que ser los propios vecinos los que rellenaran los socavones con grava para poder circular de una manera segura por los caminos que desembocan en una de las vistas más singulares de la bahía de la capital.

Infraviviendas en la ladera de Altavista,
Infraviviendas en la ladera de Altavista, Cober

En sus vistas privilegiadas aseguran tienen una penitencia. El espacio creado para el disfrute ciudadano se ha convertido en un reclamo para problemas. Como el estacionamiento sin regular de autocaravanas. Allí, insisten, aparcan durante largos periodos de tiempo muchos de estos vehículos sin ningún tipo de control. Añadiendo tensiones, comentan, a sus rutinas.

Lugar emblemático de Las Palmas de Gran Canaria

El mirador urbano de Altavista podría convertiste en un lugar emblemático de Las Palmas de Gran Canaria. Sus vistas son imbatibles, y desde luego la conclusión de las obras en el entorno de la Iglesia Coreana ha mejorado muchísimo el paisaje urbano.

Pero no deja de ser una explanada gris que padece el mismo problema que otros espacios de este tipo en la ciudad. Sus infraestructuras grises apenas están dotadas de sombra. Y la mínima pérgola que se encuentra allí ha sido convertida en papelera improvisada de los que usan el espacio sin decoro.

Altavista clama por su seguridad y establece una hoja de ruta para tratar que el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria escuche sus ruegos y tome medidas en el lugar.

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