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Recreación de una escena. C7
El corsario de Triana que liberó a miles de canarios de la esclavitud

El corsario de Triana que liberó a miles de canarios de la esclavitud

La Puntilla recrea la vida de Alí el Canario, un desconocido pirata palmense que llegó a ser almirante de Argel en el siglo XVII

Javier Darriba

Las Palmas de Gran Canaria

Viernes, 3 de mayo 2024

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Enterrada en la arena del tiempo, la historia de Simón Romero será exhumada el sábado 11 en la playa de Las Canteras. Sobre las ondas de La Puntilla volverá a escucharse el nombre de Alí Romero o El Canario, uno de los corsarios más temidos del siglo XVII, que nació como un vecino humilde de la calle Triana, que se embarcó como pescador en San Cristóbal, que fue apresado como esclavo y que se transformó en uno de los corsarios más eficientes de la piratería berberisca, hasta convertirse en almirante de la armada de Argelia.

Simón Romero había nacido en Triana en 1639, cuando las olas salpicaban las puertas de las casas de lo que entonces era un barrio marinero y mercadero. En una de ellas, en el número 6, la espuma marina marcó el destino de un joven de quince años al que su padre mandó a faenar. El adolescente se embarcaba por vez primera como pescador, pero a cinco millas de San Cristóbal su barco fue abordado por piratas berberiscos, que solían realizar razias en nuestros mares para apoderarse de la pesca y de hombres que convertir en esclavos y vender en el mercado de Argel.

«El capitán vendió a toda la tripulación menos a Simón, que se quedó como grumete», explica el director de la asociación cultural Salsipuedes, José Gilberto Moreno, que se encarga de la recreación de la vida de este corsario en colaboración con la Concejalía de Ciudad de Mar del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria.

Con su barco a los 25 años

La habilidad de Simón lo hizo destacar y, en unos años, se convirtió en el tripulante más importante. Una década después, ya con 25 años, Simón surca los mares con su propio barco, 'El Canario', convertido al islam, rebautizado como Alí y enarbolando su patente de corso, la que le permitía atacar barcos y ciudades enemigas de Argelia.

Aunque no hay constancia de que Alí el Canario volviera jamás a pisar la isla, su nombre perdura al olvido gracias al epistolario del obispo Rabadán, con quien se carteaba para que mediara en la liberación de los canarios que eran esclavizados por las incursiones berberiscas en las proximidades de Canarias.

La investigación realizada por Salsipuedes para recuperar esta historia, que salta desde la aproximación del historiador Luis Alberto Anaya y de la novela de Moisés Morán, y bucea en el Archivo Histórico Provincial de Las Palmas, permite aventurar que Alí el Canario compró la vida de unos 3.000 canarios. El precio de la libertad era de 50 doblones, una cifra extraordinaria si se tiene en cuenta que una fanega de tierra de la época, de la que se podía vivir toda la vida, costaba unos 10 doblones.

Muchos de ellos trabajaban para devolver el dinero, pero otros eran liberados sin más. Su propio padre y su hermano fueron rescatados por Alí del mercado esclavista de Argel. De hecho, la última vez que se vieron Alí y su padre fue en aquella transacción. A su hermano no lo pudo salvar en una segunda captura. Fue mandado a galeras donde murió a los pocos años por las duras condiciones de vida que tuvo que soportar.

Anaya, en 'Los Isleños de Alá. La apasionante historia de los renegados canarios', relata que Alí desplegó una notable actividad como corsario y capturó más de treinta barcos, entre ellos un galeón español y un navío inglés en el que viajaba el regente de la Audiencia de Sevilla. «Prueba de su importancia es que sería nombrado Capitán General de la Armada de Argel y que sería enviado por esta regencia a Estambul como embajador», recoge el historiador.

Su surco en la historia permanece hasta que tiene 54 años. En ese entonces seguía en Argelia. Luego su nombre se desvanece.

Foto de familia del elenco de actores junto al concejal Pedro Quevedo y el director de Salsipuedes, José Gilberto Moreno.
Foto de familia del elenco de actores junto al concejal Pedro Quevedo y el director de Salsipuedes, José Gilberto Moreno. C7

Se trata de «una historia no contada, que forma parte de nuestra identidad, que corre el riesgo de caer en el olvido. Tenemos la obligación moral de recordarla con rigurosidad histórica y de manera atractiva», explica el concejal de Ciudad de Mar del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, Pedro Quevedo.

Un centenar de voluntarios participarán en la recreación de la vida de Alí el Canario, que se celebrará entre las 18.00 y las 22.00 horas, en formato teatral, el próximo sábado 11 de mayo. El acceso del público será libre, pero será necesario reserva previa en https://entrees.es/. En la noche de este viernes ya estaban agotados los pases de las 18.00 horas y de las 18.10 horas.

Habrá cuatro escenas diferentes con una duración de unos diez minutos: Alí y su familia, Piratas y milicianos, el obispo Rabadán y su relación con Alí y la Mansión de Alí en Argel. Además, se podrá participar en talleres de observación del cielo, escritura árabe y títeres.

Esta recreación se integra en el proyecto Piratas del Atlántico, que desarrolla Ciudad de Mar con varios objetivos: fomentar el sentimiento de pertenencia, construir identidad y entender el legado y la historia de la capital grancanaria y su vinculación atlántica; además de dinamizar económicamente el espacio litoral de la capital con actividades culturales y sociales y educativas.

El proyecto Piratas del Atlántico es una iniciativa del Área de Promoción Económica y Ciudad de Mar para poner en valor la historia litoral de Las Palmas de Gran Canaria a partir de los siglos XV y XVI. Apenas avanzado el S. XVI comienza el tráfico naval entre las colonias españolas de ultramar y la metrópoli. Los barcos regresaban cargados de tesoros y especias, y sus rutas tenían que pasar forzosamente entre las Azores y Canarias; de esta forma, los mares de las islas son lugares de espera para las flotillas piratas. La piratería en aguas de Canarias empieza en el primer tercio del S. XVI, toma inusitada actividad hacia su final, y continúa durante todo el S. XVII y XVIII, hasta su ocaso en la primera década del S. XIX.

El acto no interferirá con el normal uso y disfrute de la playa, para lo cual, se acotará la zona de arena más cercana a la Plaza de Saulo Torón, dejando un espacio muy amplio entre el límite acotado del evento y la orilla del mar. El equipamiento y logística se limitará al atrezo y decorados teatrales, sin operativas de maquinarias ni grandes estructuras, por lo que no supondrá ninguna alteración del propio espacio natural, según informó el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria a través de una nota.

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