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Fernando Miranda y Pablo Socorro, propietarios de El Bote. Cober

Las Palmas de Gran Canaria

El Bote que ha resistido todas las tormentas

Anclado en Arenales, el histórico bar se confirma como un punto de encuentro referencial en lo social y lo político desde hace ya un cuarto de siglo

David Ojeda

Las Palmas de Gran Canaria

Viernes, 24 de noviembre 2023, 18:03

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Un cuarto de siglo da para muchas tormentas. Y no todos pueden presumir de resistirlas. Sí lo ha hecho El Bote, emblemático bar de Arenales, que este fin de semana celebra sus 25 años impulsando una celebración colectiva por su pasado, su presente y su futuro.

Porque tiene mucho futuro. El Bote ha renovado su tripulación pero mantiene su casco. Fernando Miranda y Pablo Socorro pasaron de grumetes a jóvenes capitanes de este local, capital en la agitación social y política de Las Palmas de Gran Canaria, que atraca entre las calles de Eusebio Navarro y Cebrián.

Miranda y Socorro son herederos emocionales de aquellos que fundaron el bar en 1998. Provienen de espacios similares, desde la vieja traza de Canarias Alternativa. En este caso no hay duda de que lo personal es político y fue en este local que hoy regentan donde empezaron a debatir sobre el mundo que les rodea desde antes de que sus documentos de identidad certificaran su mayoría de edad.

A través de los años El Bote ha sobrevivido a los acontecimientos convulsos que han ido marcando la agenda del cambio de siglo. La defunción de la peseta y la llegada del euro, las grandes crisis económicas que desde el colapso del sistema arrasaron con gran parte del tejido comercial de la ciudad y hasta esa pandemia que hace no mucho retuvo a la clientela en sus casas.

Ese fue el momento clave en la historia contemporánea del bar. El que se escribe gracias a estos dos «suicidas» sin experiencia previa en este tipo de negocios que decidieron arriesgar en el año 2021 y hacerse cargo de un espacio en el que habían compartido tanto. «Cuando veíamos que llevaban mucho tiempo intentando vender el bar y no lo cerraban nos dijimos que o lo cogíamos nosotros o nos montaban cualquier cadena de hamburguesas, porque el local da para eso. Y nosotros nos queríamos eso, queríamos que El Bote siguiera existiendo tal y como estaba», refiere sobre una de sus gastadas mesas de madera Pablo Socorro.

Han cumplido su deseo. Antiguos azulejos de suelo hidráulico siguen en el suelo. Las maderas gastadas ocupan los bastidores de las puertas. Y en las paredes de sus pasillos continúan los viejos carteles que anunciaban conciertos míticos de la ciudad como el de los Ramones en Los Tarahales en 1993 o el mal fechado en 1995 de los Bad Manners.

«Para nosotros era una deuda. Pablo y yo nos hicimos mejores amigos en este bar. Desde que empezamos a venir aquí y pasamos muchas horas con muchas discusiones sobre política, viniendo desde distintos ámbitos», culmina Fernando Miranda, también propietario, una esquina más allá, de No Fun Récords, una de las pocas tiendas de discos de vinilo abiertas en la ciudad.

Miranda y Socorro en la barra de El Bote.
Miranda y Socorro en la barra de El Bote. Cober

La historia de El Bote es la historia de varias generaciones. El bar sigue encajado en la cuadrícula de un barrio que sostiene letreros de viejo como los de el Timbeque, El Guincho o el Imperial. Una manzana en la que se podría contar parte de la historia nocturna de Las Palmas de GranCanaria, macerada en tragos de Arehucas y bañada en botellines de Tropical.

La idea para este sábado es mantener vigente el significado de este local que ha dado lumbre a varias generaciones de la ciudad, desde la comunidad universitaria a aquellos que en sus viejas fotos de Allende sintieron un despertar político. «Estamos sintiendo que en el bar está empezando a darse un relevo. Empiezan a venir pibes de 18 o 20 años que están comenzando a conocer El Bote. Pero los antiguos no se han ido. De hecho algunos vienen ya con sus hijos», celebra Miranda y asiente Socorro.

Para ellos la principal razón de El Bote fue y será hacer comunidad. Desde lo micro, desde la acera del barrio, como la primera vez que ambos entraron allí. «Salía de una reunión de Canarias Alternativa sobre Palestina y recuerdo ver a gente fumando dentro, por lo que está claro que fue hace mucho tiempo. Y recuerdo tener una conversación sobre el Che Guevara. Veníamos de Canarias Alternativa donde discutíamos sobre movimientos sociales o la coyuntura del momento, pero donde discutíamos de política era aquí con una cerveza», señala Socorro; «empecé en Canarias Alternativa a través de la campaña de buenos tratos en los institutos. Y tras la primera reunión en la sede vinimos a El Bote a discutir de política; era como abrir las puertas del mundo adulto hablando sobre política con gente mucho mayor que yo», recalca Miranda.

Hace unos días El Bote recibió una crítica en Google: «El bar donde la 'diferencia' es la 'normalidad'». Fernando y Pablo se miran orgullosos para comentarlo.Se sienten representados por esa valoración, justo la forma en la que aspiraban a ser reconocidos cuando asumieron la gestión del local. La forma en la que ellos reconocían a los fundadores y a aquellos que a lo largo de más de dos décadas regentaron el negocio tras esa barra roja. Nada es casualidad en esa casa.

En El Bote se carga a babor de toda la vida. Siempre a la izquierda.Eso no ha originado nunca ningún conflicto, tampoco en estos tiempos que definimos como polarizados. «Algún gracioso ha escrito alguna vez Vox en la puerta del baño, pero en cualquier caso ha venido y ha consumido aquí. Y estamos encantados con eso. Jamás se ha producido un altercado en estos salones», cuentan los responsables del bar.

Arenales es la coordenada en la que ellos siempre se han movido. Y en la que quieren continuar. Su deseo al hacerse con el negocio era alimentar a la comunidad de un espacio en la que el esparcimiento y la conversación política se sintiera segura. Lo han conseguido, generando movimiento y dando trabajo a ocho personas.

Las tardes y las noches de esa esquina de la ciudad llevan ya 25 años de reboso, en los salones y a pie de acera. Cuesta encontrar mesa en El Bote, fruto del éxito consolidado a lo largo de tres generaciones.

Es por ello que este sábado habrá orla y un día especial que comenzará nada más finalizar la manifestación del 25N que llega a San Telmo sobre las 13.00 horas. Como siempre en El Bote, el compromiso primero, los brindis después. Y para siempre.

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