Arcadio Suárez

El calor en Tejeda no asusta a los campistas

Son muchas las personas que prefieren disfrutar del campo y el contacto directo con la naturaleza durante sus vacaciones estivales

Carolina Alemán
CAROLINA ALEMÁN Tejeda

Las tórridas noches de agosto en el corazón de Gran Canaria, no apaciguan las ganas de acampada entre los campistas isleños. Hasta hace unos años, veranear en un camping o en un albergue eran tan solo sinónimo de ahorro, hoy día es todo un culto a la naturaleza, la desconexión y la libertad.

Desde primera hora de la mañana, decenas de campistas descargan sus bártulos y casetas en las zonas de acampada habilitadas en Tejeda, para «coger sitio».

Ana V. y sus dos hijos, Elías y Samir, llegaron a los Llanos de la Pez con sus casetas, este lunes, desde San Mateo, para disfrutar de los cielos estrellados. «Nos apuntamos a la escapada porque queríamos participar en la actividad astronómica propuesta por AstroEduca, para la observación de las perseidas y la luna durante la madrugada», dijo Ana V.

Estas áreas facilitadas por el Cabildo grancanario, que conforman las zonas de acampada y las áreas recreativas, permanecieron cerradas durante la pandemia -con tímidas reaperturas y cierres durante el año 2020 y 2021- hasta la reapertura total, el pasado 24 de marzo, con el fin de las restricciones en Canarias frente al coronavirus.

«La primera vez que nos fuimos de acampada fue en agosto de 2020 cuando abrieron las zonas habilitadas después del covid, pero aquella vez fue a los Llanos del Salado, en San Mateo. Es una zona más tranquila y más fresca, aunque no tiene suministro de agua ni zona recreativa como esta», afirmó Ana V.

Vidina Melini disfruta con su familia de la experiencia en la Presa de las Niñas. / Arcadio Suárez

El calor aprieta fuerte en la cumbre grancanaria estos días, solo algunos valientes con botella de agua en mano, se atreven en adentrarse entre los senderos y caminos tejedenses bajo los 30 grados de mínima que han marcado los termómetros durante esta semana, «incluso durante la noche».

«No hemos podido caminar mucho por el bosque estos días, ha hecho un calor terrible. Además, calculé mal el suministro y nos hemos quedado cortos de agua», dijo entre risas Ana V. después de recordar el trayecto de casi 20 kilómetros hasta los Llanos de Ana López, para comprar más agua.

Vidina Melini, su prima Carolina Melini y Cristina Martel, estuvieron a punto de recoger las casetas la primera noche y emprender rumbo a la costa.

«Llegamos a la Presa de las Ñiñas el lunes, con los niños, con intención de pasar varios días pero este miércoles planteamos marcharnos antes porque no es normal el calor que estamos pasando en esta zona del monte», afirmó Vidina Melini, campista desde que era niña que, descubría en esta ocasión las noches de camping en la vertiente sur de Tejeda.

«Normalmente acampamos en los Llanos del Mimbre en Tamadaba, allí hace mucho más fresco en verano», dijo Vidina Melini, vecina de la ciudad grancanaria.

Para las familias con niños, las vacaciones en un camping conforman una serie de ventajas añadidas: recreo, libertad, tranquilidad, aprendizaje y pleno contacto con la naturaleza.

Arriba: Ana V. y sus dos hijos, Elías y Samir, llegaron a los Llanos de la Pez con sus casetas, este lunes, desde San Mateo. Abajo: Isabel Hernández y sus tres hijos, Irene, silvia y Luis, llegaron este martes. / Arcadio Suárez

«Esta es la vez que menos personas de la familia hemos venido. Normalmente venimos un grupo grande, de cuatro o cinco matrimonios con niños y es muy divertido. Los niños se entretienen solos porque salen a descubrir el monte. Juegan con el agua y el barro y los adultos tenemos más ayuda para las tareas y las comidas», confesó Vidina Melini.

Los pequeños Irene, Silvia y Luis también se divierten estos días rodeados de los pinares y las rocas de los Llanos de la pez, acompañados de su madre Isabel Hernández, antes de la escapada playera de la próxima semana. «Nos encanta venir de acampada, podemos desconectar de la rutina y los niños se divierten mucho corriendo y jugando a sus anchas. Hemos elegido esta semana porque acabamos de llegar de un viaje por Cantabria y la semana que viene nos vamos de apartamento a Fuerteventura».

Las mascotas son también una parte fundamental de la familia para muchos grancanarios. «Lo que más me gusta de las acampadas, es que puedo traerme a mis perras. Nunca me las dejo atrás y aunque por norma tienen que estar atados -les pongo una cuerda bastante larga para que puedan moverse un poco- se divierten mucho con nuestra compañía y la sensación de libertad que les da el campo», aseguró Carolina Melini, mientras acariciaba con ternura a sus traviesas y peludas Alma y Nora.

Para algunos jóvenes, la vida en el camping se convierte en una oportunidad única para fomentar las relaciones sociales -desconectados de la era digital- y una forma de ahorrar algo de dinero durante las vacaciones.

«Todos hemos acampado alguna vez aquí, individualmente. Esta es la primera vez que venimos todos juntos. Llevábamos intentando organizarlo desde hace dos años», explicó María Moreno, estudiante de 20 años, acompañada de sus amigos de instituto -Antonio Escolar, Cecilia Cañal, Irene Santana, Pino Ramírez, Hugo Barbarás y José Javier Suárez- que aprovecharon esta convivencia en Llanos de la Pez para «revivir viejos tiempos».

Arriba: María Moreno, a la izquierda y sus amigos llevaban dos años planeando la escapada. Abajo: Pablo Cruz, a la izquierda, y sus colegas llegaron a los LLanos de la Pez el martes. Abajo, derecha: Antonio Escolar ordena la ropa en su caseta. / Arcadio Suárez

«Somos estudiantes, nuestra economía es la que es, por eso preferimos venirnos de acampada y disfrutar de la experiencia juntos sin gastarnos mucho dinero. Irnos de apartamento al sur salía muy caro en estas fechas. Además, esta experiencia con la naturaleza a tus pies eran un plus añadido», admitió Irene Santana, mientras ordenaba su caseta.

La facilidad para conseguir los permisos de acampada a través de la plataforma online que ofrece el Cabildo, facilita la decisión del camping a los usuarios, de manera casi improvisada.

«Ayer por la tarde se nos ocurrió venirnos de acampada a los Llanos de la Pez para disfrutar de una noche entre amigos, al ver que había gran disponibilidad de aforo en la web», aseguró Pablo Cruz, joven grancanario que aprovechó en compañía de sus «colegas de siempre», Juan I. López, Hugo Sanguino, Laura Suárez, Zayan Khan, Hugo Lozo, Santiago Kempis, el buen tiempo en la cumbre.

Roberto Rodríguez, operario de medio ambiente durante su jornada laboral. / Arcadio Suárez

Época de peligro alto

Desde el 1 de julio y hasta el 30 de septiembre, la isla se encuentra en época de peligro alto de incendios forestales, por lo que existen algunas prohibiciones, como el uso del fuego en las áreas recreativas, las barbacoas portátiles o las hogueras.«Por norma general, la gente suele respetar las normas y utilizar los hornillos portátiles para cocinar durante la temporada de verano. No pasa lo mismo con la limpieza. Me encuentro mucha basura por el bosque. Aún falta mucha conciencia por parte de algunos usuarios», confirmó Roberto Rodríguez, operario de medio ambiente y vigilante y custodio de las zonas de acampada (Morro de Santiago, Altos del Pozo, Bailico, Corral de los Juncos, Presa de las Niñas, Llanos del Salado, Llanos de la Mimbre, Llanos de la Pez), los albergues (El Cortijo de Huertas, Chira, La Palmita, El Galeón, Tirma y Finca de Osorio) y las zonas recreativas (Santa Cristina, Monte Pavón, Ana López Llanos de la Pez, Ermita de Santiago, Presa de Las Niñas, San José del Álamo y Tamadaba) del Cabildo de Gran Canaria.