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Miles de personas se preparan para vivir el jolgorio de La Rama. Juan Carlos Alonso

Agaete levanta sus ramas

Tallos traídos desde los altos de Tamadaba, caracolas, papagüevos y mucha parranda inundan las calles de la villa marinera

Ingrid Ortiz

Las Palmas de Gran Canaria

Viernes, 4 de agosto 2023, 10:21

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La Villa de Agaete es siempre un oasis en mitad del verano. A pesar de que el comienzo de la fiesta fue accidentado, no impidió a los asistentes disfrutar de una de las fechas más esperadas del año.

Los más madrugadores (o trasnochadores) estuvieron puntuales a las cinco de la mañana para la Diana. El alcalde Jesús González se estrenó en la tarea de prender el volador desde el frontis del Ayuntamiento, pero la muerte de una vecina de 60 años a causa de un infarto obligó a suspender el primer baile. La fallecida es Lali Diepa, esposa del pintor José Rosario Godoy, hermano de la anterior alcaldesa.

La Rama prosiguió como estaba previsto a las 10.00 horas, después de un minuto de silencio en honor a la fallecida.

Entre 15.000 y 18.000 personas, según fuentes policiales, se congregaron en la calle de Las Nieves, en la trasera de la parroquia, para celebrar la tradición. Unas cifras no tan altas como se tenia previsto pese a que este año La Rama caía en viernes.

«Es una tradición muy bonita, muy familiar, sin maldad y por eso me encanta», explica Carmen, que vino desde Telde animada por su amiga Antonia. Ella, de Ingenio, armó al grupo para llegar desde la noche anterior, en el que también se encuentra Mari Carmen, que vivió hoyLa Rama por primera vez. «De momento la estamos disfrutando mucho, y eso que el tiempo no está muy allá», señalaba mientras arreglaban entre ellas el tamaño adecuado de los tallos que iban a portar.

Las ramas, traídas hacía apenas unas horas desde el mismo Tamadaba, comenzaron a ondear al sol, que salía a ratos pero que terminó quedándose a partir del mediodía.

El ritmo de las bandas de Agaete y Guayedra impulsaban al gentío: el viento metal hacía resonar con fuerza el himno de la fiesta mientras los tamborileros marcaban el paso. Y en medio, los papagüevos no pararon de danzar en la peregrinación hacia el mar. Cada uno cuenta su propia historia, como la de Magui, ex secretaria del presidente Johnson, en Estados Unidos, que llegó al pueblo en los 70 y pidió que tras su muerte siempre se bailara la Rama, explica Adriana Medina desde el interior del cabezón. O también Vicentillo, a quien Benjamín Sosa recuerda siempre a la entrada del pueblo dando paso a los coches con su bastón y un cigarro en la boca. Claro que, con el zarandeo, no queda ni la colilla. «Desde que falleció su familia no quiso sacarlo a bailar pero este año los hemos convencido porque es la mejor manera de rendirle homenaje», añade.

Es una tradición que pretende ir creciendo. De ahí que el pequeño Diego divirtiese hoy a los asistentes con un minipapagüevo realizado este año en uno de los talleres.

Lo cierto es que esta es una cita que no entiende de edades ni de distancias. Las calles alrededor de la iglesia de Nuestra Señora de La Concepción se llenaron de chicas y grandes no solo de la isla, sino de todas partes del archipiélago.

El recorrido dura lo que se quiera, y esta vez tuvo un ritmo bastante lento. Aunque no hay tiempos, sí paradas clave y la de Silvana García Suárez no puede faltar. La placa conmemorativa que se colocó ya el año pasado a la entrada de su casa es un reconocimiento a la huella imborrable que dejaron sus caldos, los mismos que su familia siguen repartiendo a todo aquel que se acerca a su puerta.

Y es que el 4 de agosto cada vecino monta su propio e improvisado restaurante para acoger a amigos y familiares. Cervezas, papas arrugadas, pescado o carne mechada están incluidos en los menús, así como alguna que otra receta que ha ido pasando generación a generación.

Siguió avanzando la danza de rameros y rameras y ya en la costa, tocaba el turno de asentarse, pero solo un momento. Al llegar al puerto marinero de Las Nieves, algunos se dirigen directamente a la ermita, donde a la puerta está colocado un cuadro de la Virgen con el Niño. Otros muchos se acercan con las ramas hasta el mar y se meten vestidos en las aguas para azotar las olas.

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