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Higinia Garay
Niños con horario de ejecutivo

Niños con horario de ejecutivo

Cómo afecta a los escolares llegar acasa cada día después de hasta diez horas de actividad

Martes, 21 de septiembre 2021

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Vaya por delante que esto no es una historia para hacer sentir culpable a nadie. No hay experto en pedagogía, pediatría, crianza o enseñanza que responsabilice a las familias de la realidad que vive un altísimo porcentaje de ellas en nuestro país. Esta es, las jornadas maratonianas de actividades a las que están sometidos sus hijos, desde que salen de casa hasta que regresan cada tarde.

Entre uno y otro momento pueden pasar hasta diez horas. Desde el aula matinal (entrada, desayuno y cuidado antes de las nueve) hasta la última extraescolar del día a las seis o siete de la tarde. Echen cuentas. El mejor de los casos suma ocho horas, casi la misma (o más) jornada que muchos padres. En el peor de los escenarios, llegan a las diez, como si de ejecutivos se tratase. Se hace por necesidad, claro está. No es culpa de las familias que están abocadas a cumplir el horario del empleador. Es más, cuando alguien quiere ser la excepción porque puede se topa con un sistema que puede llegar a ser excluyente.

Si comes en casa eres el raro; si no haces extraescolares a partir de las cinco partes en desigualdad de oportunidades de formación; si no participas de todo lo que hacen los demás, además, corres riesgo de ser excluido del club al que en realidad perteneces. Pero, ¿deben tener los niños jornadas 'laborales'? Da el tema, al menos, para abrir el debate.

Gonzalo Pin, miembro de la Asociación Española de Pediatría (AEP), experto en cronobiología, pone el foco en el descanso deficiente que este tipo de jornadas tienen como consecuencia. Y no porque sean en sí agotadoras (algunos niños con más energía las llevarán bien), sino por el cómputo de horas que tiene el día y por el tipo de actividad que se debe hacer a cada una de ellas para respetar el biorritmo y, por lo tanto, procurar un descanso reparador. Algo clave para el desarrollo cognitivo de los niños, de su sistema inmune y de su bienestar general.

Partamos de la base de que para su salud, un niño de entre 1 y 2 años debe tener de once a catorce horas de sueño reparador. Esta cantidad bajaría a entre diez y trece hasta los 5 años. Y hasta los 4 años se les debe permitir la siesta. En adelante, hasta los 12 aproximadamente, la cifra baja pero no tanto: el descanso nocturno debe durar de nueve a once horas.

Para llegar al colegio a las 9.00 horas, aunque muchas veces llegan antes en un turno que todos los colegios ofrecen porque los padres los necesitan para poder llegar a sus puestos de trabajo, los niños, de media, tendrían que acostarse en torno a las ocho de la tarde (o antes incluso si tiene una hora de camino al cole) para dormir lo suficiente. ¡Que levante la mano quien lo consiga!

«Las extraescolares no deben superar las cuatro horas a la semana y no ser en ningún caso un elemento de estrés; es más, hay que adaptarlas a cada niño»

ana roa | pedagoga

Si acaban las extraescolares a las seis, incluso a las cinco en el mejor de los casos, quedan entre dos y tres horas mal contadas. No se trata de demonizar estas actividades complementarias, pero sí de cumplir con unas premisas. Ana Roa, pedagoga y fundadora de Roaeducación, cree que deben ser un complemento lúdico a la educación de los pequeños, «no una exigencia que les genere estrés», el gran enemigo del descanso reparador.

«Es muy recomendable -prosigue la experta- no sobrecargar al niño, no superar las cuatro horas semanales para la realización de este tipo de actividades extra. Además, deberían ir enfocadas a sus gustos y habilidades. Hay que evitar que una jornada escolar excesivamente larga provoque cansancio y fatiga atencional».

La clave está en atender a cada niño. «Cada uno es un mundo y también sus necesidades varían en función de muchos factores: su creatividad, su energía, sus características emocionales», precisa Roa. Eso sí, las actividades son beneficiosas, pero dentro de unos límites. Y el límite está en el tiempo libre que tengan después. «Somos partidarios de que los niños tengan tiempo por las tardes para poder hacer los deberes y estudiar un rato, pero también para salir a jugar, disfrutar con sus hermanos, estar con nosotros los padres...», recuerda la pedagoga.

A partir de que salen de la escuela, deberían poder hacer todo lo que es sano para su biorritmo: juego libre, tareas cuando empiece a haberlas, un poquito de ocio de pantalla a partir de los 2 años (nunca más de una hora), cenar en familia tranquilamente, asearse y disfrutar del valioso tiempo de afectividad antes de cerrar los ojos. Así le llaman los expertos en sueño a la lectura de un cuento, a la conversación íntima, a los besos y abrazos, a las palabras bonitas, a la nana tranquilizadora antes de irse a la cama.

«A penas queda tiempo para tener juego libre, tan importante para su desarrollo, cenar tranquilos, disfrutar de los padres y del tiempo de afectivivdad antes de irse a dormir... la consecuencia es que pierden horas de sueño»

gonzalo pin | asociación española de pediatría

«Además, hay que tener en cuenta que la actividad, especialmente el ocio con pantalla, debe cesar dos horas antes de irse a dormir para que el cuerpo tenga tiempo de adaptarse y descansar bien», precisa Pin. Si hablamos de actividad física intensa, no se debe hacer unas cuatro horas antes de irse a la cama. Las cuentas siguen sin salir.

Pero no solo se trata de contar horas. Además del cuánto, este especialista cree que es más relevante tener en cuenta el qué y el cómo. «Nos preocupamos mucho de si come mucho o poco, pero no del cómo lo hace. Por ejemplo, la cena debe ser un momento de socialización y conversación con la familia. Eso les ayuda en su aprendizaje. Y el desayuno no vale hacerlo de cualquier forma porque no hemos dormido lo suficiente y vamos con prisas y sueño. Debe hacerse en un lugar adecuado, sentados, con luz y tiempo. Es fundamental que así sea para su desarrollo neurocognitivo.

Del mismo modo que es importante el cómo va a la escuela. Un paseo antes de entrar pone en marcha su organismo y su cerebro para luego asimilar todo lo que dé en el aula», explica Pin. Las jornadas escolares demasiado prolongadas también tienen consecuencias en la necesidad que tienen los niños de juego libre sin normas, ya sea en el parque o en casa. «Hasta los 5 años es muy importante que aprenda a manejarse y necesita libertad de acción», apunta Pin. «Al fin y al cabo una extraescolar es actividad física, pero se desarrolla bajo unas pautas», apunta el pediatra.

Al final del día, la necesidad de encajar todas las rutinas en poco tiempo tiene una consecuencia básica: la pérdida de horas de sueño y de descanso reparador. «Queremos que se haga todo deprisa y azuzamos a los niños. Su nivel de estrés sube y el cortisol también. En ese estado es imposible conciliar el sueño», lamenta el portavoz de la AEP. En datos queda claro. Los niños de 2 a 5 años han perdido 25 minutos de sueño entre 1987 y 2011. Y con la edad, la cosa empeora. El 25% de los adolescentes tiene problemas de sueño. «Esto se debe al horario global y las rutinas de las familias, no solo a las jornadas escolares. La calidad del sueño no depende únicamente de las noches, sino de lo que se haga durante el día y de en qué momento se hace», concluye Pin, quien recalca que no es un problema de las familias, sino de «la sociedad».

¿Tan importante es el descanso? «Es como el camión de la basura. Su desarrollo neurológico depende de que este sea bueno. Durante la actividad del día se crean metabolitos que se acumulan en el sistema nervioso. El descanso se encarga de eliminar esto», explica el doctor.

¿Un horario ideal?

Según los expertos, la jornada continua, con los contenidos 'fuertes' impartidos desde primera hora de la mañana, puede ser más beneficiosa. En los más pequeños, lo ideal sería comer pronto (de 12.30 a 13.00 horas) en los comedores escolares y después nada de contenido reglado... El día debería acabar pronto para dar paso al juego. La pedagoga Ana Roa apunta, incluso, que a primera hora de la mañana los niños están más preparados para un mejor rendimiento y mantienen mejor la atención. Por la tarde deben quedar libres para jugar o hacer deporte.

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