R. Parrado

Hacia el fin del dinero en efectivo

El miedo al coronavirus acelera el desuso de las monedas y los billetes

ELENA MARTÍN LÓPEZ Madrid

Parece imposible pensar que algún día las monedas y los billetes puedan desaparecer, pero dicho medio de pago se tambalea entre la permanencia y la extinción. Cada vez menos personas recurren al dinero en efectivo al realizar transacciones y la pandemia por COVID-19 ha intensificado este hábito. Es la primera crisis en la que la demanda de metálico disminuye en lugar de aumentar, incluso aunque una de las actividades permitidas durante el estado de alarma sea ir al cajero. ¿Habrá sido por el temor a que el SARS-Cov-2 se propague a través de él?

Varios estudios han analizado el tiempo máximo que los virus puede permanecer en distintos materiales, pero esta sigue sin ser una vía de transmisión clara. Así lo afirma también la Organización Mundial de la Salud y el Banco Central Europeo, pero el miedo al contagio sigue ahí y ha influido en que la retirada de efectivo haya disminuido mucho en el mundo durante el mes de marzo. Un 68% en España, 56% en Francia y 54% en Italia y Alemania, según datos del banco móvil N26. También ha contribuido que algunas ciudades españolas hayan restringido el pago en metálico en determinados espacios públicos, como los autobuses, y que esta es una crisis sanitaria y no económica. «La crisis de 2008, por ejemplo, surgió por productos financieros ligados a este sector, y eso hizo que la gente se fiara menos del sistema bancario y volviera a la mentalidad de que el dinero estaba más seguro en casa que en un banco», expresa Juan Carlos Gázquez-Abad, profesor de los Estudios de Economía y Empresa de la Universidad Oberta de Catalunya (UOC).

Es evidente es que cada vez le damos más la espalda al efectivo. Por eso, muchos ya se preguntan si las nuevas rutinas podrían acelerar su desaparición. La respuesta parece ser afirmativa. «Esta crisis, y el mundo y la economía que van a resultar de ella, van a acelerar el papel cada vez más irrelevante que en el futuro va a tener el dinero en efectivo», señala Gázquez-Abad. «El consumidor utilizará mucho más la tarjeta y el móvil como medio de pago, ya que la percepción de seguridad y comodidad va a incrementarse de forma importante y el resultado será un uso progresivamente más residual del dinero en metálico». Por su parte, la costumbre de comprar online, cada vez más popular e impulsada por el confinamiento, se asentará aún más; y el pago con tarjeta, principal medio en las adquisiciones de productos y servicios en la red, ganará relevancia.

La tendencia no es nueva, ya estaba al alza antes de decretarse la cuarentena. Así lo confirman los datos del Banco de España, que muestran que, entre enero y diciembre de 2019, los ciudadanos pasaron sus tarjetas por los terminales de compra de las tiendas 4.536 millones de veces, un 16% más que en 2018. Además, el último Barómetro de Tarjetas Mastercard 2019 concluyó que el porcentaje de españoles que usa las tarjetas de débito ascendía a un 87,5% en el momento en que se elaboró el informe, lo que supone un incremento del 4,2% con respecto al año anterior; y que un 55% de los residentes en España utilizaban la tecnología de pago sin contacto ('contactless').

El cambio está promovido principalmente por los jóvenes, que ante la pregunta '¿en efectivo o en tarjeta?' suelen optar por lo segundo. Así lo demostró el informe BBVA Data & Analytics en 2018, al constatar que los menores de 35 años realizaban ya entonces un 80% de sus transacciones con este sistema, mientras que solo el 20% hacía uso de los cajeros. La proporción es incluso más acusada en grandes ciudades, como Madrid o Barcelona, donde se observó que el número medio de pagos con tarjeta subió un 170% entre 2015 y 2018 para todas las franjas de edad.

Sofía, una madrileña de 29 años, ejemplifica esta transición. «Prácticamente pago todo con tarjeta y no recuerdo la última vez que fui al cajero. Siempre llevo efectivo por si acaso, porque hay sitios donde no aceptan otra cosa, pero lo utilizo muy poco. Además, me suelo comprar la ropa online y para eso ni siquiera utilizo la tarjeta porque pago con Paypal (un sistema de transacciones electrónicas)».

Tendencia global

Esta modificación de costumbres no atañe únicamente a España, ni siquiera solo a Europa, es una tendencia global evidente desde Estados Unidos hasta Kenia. Lo cuenta Jaime, un madrileño que reside en California, donde el 'cash' brilla por su ausencia. «Aquí la mayoría utiliza el móvil para pagar y pocos llevan efectivo».

Los 'smartphones' son una de las últimas incorporaciones en métodos de pago gracias a la tecnología Near Field Communication o NFC (Comunicación de Campo Cercano, en español), basada en la proximidad de dos dispositivos para intercambiar datos. Según Statista, en 2019, el número de usuarios de NFC móvil fue de 950 mil millones en todo el mundo y se prevé que supere los 1.300 millones en 2023.

La idea de una economía sin efectivo va tomando forma, pero el fin definitivo todavía es una incógnita. «Una de las dificultades es la brecha digital, además de las personas en riesgo de exclusión financiera, que son quienes no pueden tener acceso a tarjetas o a relaciones con entidades bancarias, o no quieren tenerla», señala August Corrons, profesor de los Estudios de Economía y Empresa de la UOC. «Por otro lado, el efectivo da lugar a falta de rastreo de dinero, lo que facilita operaciones ilícitas, y este punto es el que hace pensar que no es tan fácil eliminarlo porque a determinados colectivos les conviene que exista». Además, el Informe Europeo de Pagos 2019, elaborado por Intrum, destaca que el 40% de las empresas españolas considera que una sociedad sin efectivo incrementaría los ciberataques. En cualquier caso, el profesor cree que el ahorro económico y la reducción de impacto ambiental, que significaría su desaparición, se impondrán finalmente.

Historia del dinero

Origen

¿De dónde viene?

El dinero se desarrolló en muchas partes del mundo y en distintas épocas, y surgió por razones tanto económicas y comerciales como políticas, religiosas y sociales. El primer sistema de pago fue el trueque, que consistía en un intercambio de bienes, ya fueran objetos (piedras, herramientas, plumas), alimentos (arroz, sal, alcohol, tabaco), animales (cabras, caballos) o personas (esclavos).

Pasado

¿Cómo evolucionó?

Las primeras monedas que se conocen son del siglo VII a. C. y se acuñaron en Lidia, actual Turquía. En Grecia fue donde se creó el primer sistema monetario unificado, que desapareció tras la caída del imperio, y donde se estableció la costumbre de grabarlas con emblemas. De los romanos hemos heredado la etimología, entre otras cosas. Así, la palabra 'dinero' deriva del latín 'denarium', que fue una moneda utilizada en la Antigua Roma para realizar actividades comerciales; y el término 'salario' procede del latín 'sal', el alimento con el que se pagaba a los soldados por su trabajo.

Partiendo de esta base, a lo largo de la historia los países han diseñado sus propias monedas y sistemas económicos. Algunas de las más conocidas son: la libra esterlina de Inglaterra, el yen de Japón, el yuan de China, el rublo de Rusia o el dólar de Estados Unidos.

Dentro de estas denominaciones también entran los billetes (papel moneda). En sus inicios, los billetes eran certificados sobre la existencia de un deposito de oro en un banco, pero en el siglo XVI se empezaron a usar para saldar deudas y realizar pagos. En 1694, el Banco de Inglaterra emitió los primeros billetes oficiales; mientras que el Banco de San Carlos, antecedente del Banco de España, lanzó su primera emisión de papel moneda en 1783. Aun así, no fue hasta el siglo XIX, con el impulso de la revolución industrial, cuando este medio de pago se afianzó por completo en las distintas sociedades.

Presente

¿Cómo es ahora?

Aunque algunos de los sistemas monetarios citados todavía perduran, otros han ido desapareciendo, como la peseta, el franco francés o el marco alemán. En algunos países europeos esto ocurrió tras el nacimiento del euro el 1 de enero de 1999, una moneda única común para los países de la Unión Europea.

El símbolo del euro (€) se inspira en la letra épsilon del alfabeto griego y se escogió como referencia a la inicial de Europa. Los billetes de euro son idénticos para todos los países y las monedas tienen la misma cara pero distinta cruz. Ambos son válidos dentro de la Eurozona.

Otros medios de pago más modernos son los cheques y las tarjetas de crédito. Estas últimas fueron inventadas por Alfred Bloomingdale y Frank McNamara en 1950, pero no llegaron a España hasta 1978, cuando la primera de ellas fue emitida por el Banco de Bilbao.

Futuro

¿Cómo será?

Todo apunta a que en el futuro el dinero será electrónico. La revolución tecnológica fue su principal impulsora y la transformación digital de la economía ya se aprecia desde hace años. Las monedas digitales ('bitcoins'), los sistemas de transferencia de dinero digital (Bizum) o las plataformas de pago en línea (Paypal) son algunos ejemplos.