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El 14 de noviembre de 1852, en el primer periódico no oficial de Las Palmas de Gran Canaria (aparecido un mes antes) aparecía publicado, a ... modo de 'canción', un hondo y sentido poema titulado 'Al Guiniguada', en el que su autor, Pablo Romero y Palomino (1830-1885), vertía la visión que muchos de sus coetáneos tenían de aquel histórico cauce abandonado a su suerte. Y en sus primeros versos proclamaba como «mirando entristecidas / tus riberas su pompa marchitada, / ahora lloran por ti, que las olvidas», o se acongojaba al decir «Mira tu suelo mustio y desolado; / contempla tu desvío, / que espinos solo al campo le ha dejado, / y dolor sin consuelo al plectro mío». Y es que el Guiniguada tanto a lo largo de la historia de la capital grancanaria, como a lo largo y ancho de su cauce desde las montañas al mar, siempre ha sido elemento proceloso, protagonista del debate social, o del más absoluto olvido en ocasiones.
Al leer detenidamente un amplio comunicado, dado a conocer recientemente por un grupo de personas y asociaciones, no sólo he podido rememorar lo que el Guiniguada significó, desde el mismo 24 de junio de 1478, para esta población, y con ella para la isla en su conjunto, pues de su cauce y su entorno se derivan historia, economía local, vivencias entrañables, topónimos, pasajes literarios y musicales, y hasta celebraciones culturales y deportivas, sino lo que muchísimos ciudadanos vivimos y sufrimos en lo mas hondo de nuestro ser y sentir, en aquellos días de los años setenta del pasado siglo, cuando asistíamos a la lenta construcción del sepulcro de hormigón armado y asfalto del identitario Guiniguada. He leído el comunicado desde la perspectiva de uno más de aquellas personas que a finales de los años setenta denunciábamos el enorme error, el 'asesinato urbano', incluso el 'atentado humano' que suponía aquella enorme loza de cemento entre Vegueta y Triana, una verdadera lápida sobre la tumba de mucho más que un barranco, pues con él se enterraron muchos valores y mucho de la identidad histórica de la ciudad. Y aún recuerdo paseos, serenatas, homenajes que, en distintos lugares de lo que fue su cauce entre los dos primigenios barrios, celebramos en aquellos años, promovidos por la entonces activa Tertulia Artístico Cultural Víctor Doreste, aunque luego comenzó un largo camino al olvido, desde la indiferencia y la desidia que se generalizó, quizá por acomodo.
Un comunicado que entonces hubiera firmado con los ojos cerrados, pero que en la hora actual, llena de enormes, relevantes e ineludibles exigencias sociales de primer orden, y a tenor de muchas otras reflexiones que he podido acumular a lo largo de mas de cuarenta años, exige que lo tomemos con serena reflexión, atenazados a la realidad en la que vivimos y que impone que vivamos muy atentos a sus ineludibles requerimientos, y que me hace dudar si esta es la hora de empeñarnos en desenterrar tan señera parte de nuestro ser urbano e histórico. Fueron muchos los días y los esfuerzos que costó sepultar el Guiniguada, en medio de un debate social, que quizá no trascendió todo lo que debía. Quizá ahora, tantos años después, en un nuevo siglo ya avanzado, con unas expectativas muy diferentes, esta exhumación que se propone deba hacer con prudente pausa, ajustada a las realidades de los tiempos y las necesidades sociales actuales, a través de distintas fases que, entre las actuales y próximas generaciones, que no lo conocieron, que se extrañan cuando se les dicen cosas como 'espérame en el puente', 'vete a Triana por el Puentepalo', aporten unos nuevos valores sociales, culturales y de utilidad que ellas si entienden, como ámbitos para el paseo, para el ejercicio de actividades educativas, culturales, artísticas, espacios de encuentro y de compartir, como fue aquella alameda (la que hoy conocemos como Alameda de Colón), que en el siglo XIX se reclamó se levantara para la convivencia social, como símbolo de modernización y progreso de la ciudad.
Un primer paso en ese camino de recuperar no sólo el espacio físico de un cause de barranco, sino lo que ese ámbito significa para la ciudad y para sus pobladores de hoy y del futuro, puede ser el que están dando alguna que otra institución o personas particulares, como es recuperar, restaurar y acondicionar para vivir y trabajar, los edificios que se alzan en ambas márgenes del antiguo barranco, como veremos en estos días con la presentación del nuevo edificio de la Fundación Universitaria de Las Palmas, una significativa obra de Manuel Ponce de León en aquella modernización urbana de la capital. Se debe procurar y proteger todo esfuerzo privado o público realizado en este sentido, pues, cuando se avance en la ejecución de lo que se decida hacer sobre lo que hoy es sólo una loza/lápida del Guiniguada, se tendrá ya un entorno adecuado a lo que fue en el devenir histórico, y en lo que los edificios históricos deben ser hoy para preservarse bien en el futuro, en los valores ciudadanos y en la identidad urbana del centro histórico de Las palmas de Gran Canaria.
Y es que, cuando se ejecutaban aquellas obras que nos dieron la estampa actual del cauce del Guiniguada, no todo el mundo estaba en contra. Yo mismo, pese a mi juventud de entonces, tuve largas conversaciones con personas muy significativas en ámbitos culturales, sociales, empresariales o artísticos, que apoyaban esa transformación, con independencia de si se debía hacer de una u otra forma, o decorarlo de cierta manera, etc. Estaban convencidos de la degradación que sufría aquel cauce, «lleno de ratas», y no olvidaré nunca la frase de «revolcadero de burros», digno sólo «de perros vagabundos y pulgosos». Sus ideas y pensamientos pesaban tanto como la valía intelectual que les señalaba. Podría dar algunos nombres, pero son personas fallecidas y por el respeto que merece su descanso no los daré. Y las generaciones de entonces tuvimos que aguantar estoicamente unas obras muy agresivas para el entorno, para la vida cotidiana, que desesperaron a buena parte de la población en su vida cotidiana. Por ello hoy, antes de afrontar de nuevo unas obras que se presume serían largas y molestas, lo que provocaría, lógicamente, una reacción contraria de una buena parte de la población que no conoció el barranco, y por ende no valora con la misma intensidad lo que puede suponer tenerlo a la vista de nuevo ¿y con sus mismos puentes?, y por lo tanto un posicionamiento contrario a esta iniciativa, quizá sea mejor dar pasos adecuados a las circunstancias culturales, económicas y sociales actuales. Pasos que hagan ver los valores y las posibilidades de este ámbito, teniendo como base la misma pérfida loza sepulcral, convertida en espacio fecundo y efectivo, hasta que en el futuro nuevas generaciones entiendan que deban ir dando nuevos pasos en su eliminación y la recuperación de la primigenia estampa de una ciudad que, indudablemente, aunque algunos la soñemos cada día, la queramos como si la hubiésemos vivido siglos tras siglo, no es ya aquel 'Real de Las Tres Palmas', ni aquella 'Ciudad de Canarias' y su 'Barrio de Triana'.
Y en ese camino por fases, que exigirá pasos de muchas generaciones sucesivas, ahora se debe plantear cual es el que deben dar las generaciones actuales sin tremendismos, ni apasionamientos románticos, sino desde posiciones muy ajustadas a la realidad actual. No se puede, ni se debe olvidar, que el Guiniguada es mucho más que su paso entre los Riscos y luego entre Vegueta y Triana. Hay que retomar la idea del rescate del Guiniguada en su conjunto, como hiciera el inolvidable arquitecto y paisajista José Miguel Alonso Fernández-Aceytuno, creador de un completísimo 'Proyecto Guiniguada'. Tramos como el del Pambazo al Jardín Canario merecen también un esfuerzo restaurador tan ineludible y necesario, sino se quiere que se pierdan muchos vestigios históricos y recursos naturales que aún se pueden rescatar, como el que ahora se pretende para el 'cauce urbano'. Una obra tan enorme como descubrir este cauce urbano relegaría el trabajo a realizar en los otros tramos. Por ello 'exhumar', sí, pero cuando corresponda y cuando, tras fases lógicas y adecuadas, sea significativo para las generaciones que ya llegan y las que nos seguirán en esta ciudad. Entiendo, y hasta comparto en mucho el comunicado que ha servido de base a estas reflexiones. Pero no son, ni mucho menos, lejos de mi intención, una contestación, es simplemente, a partir del mismo, aportar unas ideas y recuerdos, como deberán hacer otras muchas personas. Así, el debate será general, mucho más amplio, pero sin entrar en contestaciones estériles, pues el Guiniguada lo llevamos muchos permanentemente en la memoria y siempre será tema proceloso.
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