Juan Barbuzano tumbando a un contrario. / PEDRO REYES

La leyenda de Juan Barbuzano, uno de los luchadores más completos de la historia

El herreño es el único bregador que tiene un museo en Frontera, que atesora todos los recuerdos como trofeos, medallas y fotos que su familia legó de manera totalmente altruista

PEDRO REYES Las Palmas de Gran Canaria.

Uno de los luchadores más técnicos de la historia, coinciden muchos entendidos, sigue siendo Juan Barbuzano. El herreño es el único bregador que tiene en su tierra natal de Frontera un museo mantenido por el Ayuntamiento de la localidad, dedicado a su honor, y que atesora todos los recuerdos como trofeos, medallas, fotos que la familia legó de manera altruista. En la actualidad, aquejado de una enfermedad, no está en condiciones físicas de afrontar una entrevista, por lo que aprovechamos a su hijo Juan Carlos, que también fue luchador, para que nos hiciera una semblanza de su padre.

La cita fue en el Parque Marítimo de Santa Cruz de Tenerife, al lado de las piscinas que diseñó César Manrique, y allí fue desgranando lo que tenía en la mente sobre su progenitor.

«Mi padre comenzó a luchar a los 14 años en El Hierro y en un par de años ya no tenía rivales, por lo que a los 16 años se marcha a La Palma, al Benaohare, y allí coincide con Marcos Galván para pasar más tarde al Victoria en Tenerife. Siempre me contaba que fue en la isla bonita donde se hizo un hombre, ya que vivía solo y tuvo que aprender a salir adelante. En el Victoria hizo casi todo lo que consiguió en la lucha. Fue campeón de todas las competiciones, máximo tumbador, etc. Allí hizo su vida, conoció a mi madre y se casó. Más tarde, antes de retirarse y comenzar su carrera de mandador, fichó un año en el Punta Brava», valora.

Los recuerdos de pequeño sobre el gran Barbuzano están difuminados. «Tengo pocos recuerdos de él de niño, pero si me viene a la mente yo sentado en el terrero y él recogiendo dinero, pasando al lado y yo con mi madre», manifiesta.

Lo que sabe de Barbuzano se lo contaban los mayores. «Me decían que mi padre era muy bueno, una maravilla. Me comentaban que era el más completo que ha habido. El mejor, eso no se puede decir porque cada uno tiene su época, pero si me garantizan los que le conocieron luchando que les parece el luchador más completo de los conocidos», apunta.

Siendo mandador, solo Melquiades podía con él en los entrenamientos. Los recuerdos solo le vienen de su etapa de mandador, especialmente en el Santa Cruz. «Lo conocí como entrenador y era técnicamente muy bueno. Cuando era juvenil y pasaba a senior, agarraba con nosotros en el Santa Cruz y, ya retirado, el único que podía con él era Melquiades. Ahí me di cuenta de la importancia que tuvo mi padre y lo que tuvo que ser como luchador», recuerda emocionado.

Barbuzano nunca forzó a su hijo a entrar en la lucha. «Mi padre jamás me dijo que fuera luchador o que entrara en la lucha. Siempre me decía que hiciera lo que me gustara, eso sí, cuando iba a entrenar, siempre me llevaba con él», asevera.

E hecho de que tenga un museo para la familia es un motivo de alegría. «Estuvieron un año detrás de nosotros para que les permitiéramos hacerlo. Al principio, tanto la Victoria como Frontera querían el museo, con alguna discusión y, al final, lo montaron en Frontera y muy orgullosos de ello que estamos», dice.

Un hueco para más bregadores

La familia no es egoísta y piensa que en el museo de Barbuzano, deberían tener sitio algunos luchadores más. «Ojalá puedan haber más museos a otros luchadores o incluso, en el de mi padre, poder poner los objetos de otros luchadores», declara.

Juan Carlos nos relataba el momento más triste que, a su juicio, tuvo Barbuzano en su etapa de bregador . «Cuando en una final ganaron la lucha, pero hubo una protesta por parte del otro equipo y llegó mi padre, y él personalmente dijo que se repitiera la luchada. El problema vino que perdió el campeonato y eso se lo criticó mucha gente en la Victoria, pensaban que lo había hecho adrede y esas cosas le entristecía. Por eso, lo recuerda como el momentos más amargo que vivió en la lucha», afirma.

El libro de Barbuzano, de Manuel Mora Morales, editado por Cabildo de El Hierro en 1998, es una auténtica biografía contrastada de un luchador que ya es leyenda.

Del mismo hacemos un extracto de sus frases más importantes, sacadas de varias entrevistas realizadas durante su dilatada carrera deportiva, no en vano se retiró contando con 35 años de edad. El Pollo de Isora, como se le conocía en El Hierro, pues nació en esa localidad, deja para la posteridad algunas reflexiones para tener en cuenta.

Su amor por la nobleza de la lucha no tiene límites. «La caballerosidad de la lucha canaria es mayor que en otras luchas. Se trata de un deporte más noble y rara vez se ve un mal gesto», recoge.

El peso es importante pero no decisivo para ganar. «Un hombre con 105 kilos se puede enfrentar a cualquiera usando bien las mañas, buscando la forma de desequilibrarlo», relata.

Barbuzano tiene claro el cambio habido en el vernáculo deporte. «Antes íbamos a luchar y dar espectáculo, pensando en el público. Hoy no se piensa en el público. Se piensa en la directiva, en el dinero que estas ganando y no arriesgas», reconoce.

Partidario de la lucha corrida

La lucha corrida, esa manera de luchar histórica hasta que hubo federación, y que en la actualidad no está bien vista por muchos puntales y, a excepción de Gran Canaria, en el resto hay muchos problemas para realizar un campeonato. El gran luchador herreño lo ve de otra manera. «Me parece bien que se haga un torneo anual de lucha corrida por guardar lo que se hacía antiguamente», recalca.

Sobre la manera de luchar tiene sus preferencias. «Me gusta más la mano a la espalda que la mano abajo pues así se evita muchas marrullerías», indica.

La lucha en la base lo tenía claro en 1995 y las cosas no han cambiado demasiado. «Los jóvenes están perdiendo el interés por la lucha y por los deportes en general, salvo el fútbol. Tengo ahora mismo catorce monitores bajo mi responsabilidad en catorce colegios de Santa Cruz y cada día va a peor. Hay que engatusarlos comprándoles bocadillos, caramelo, etc. No sale de ellos, «tengo que luchar» y estar pendiente del monitor. Antes los luchadores se enfadaban si no le ponías. Ahora hay que irlos a buscar a las casas para que vengan a luchar. Lo veo mal», destaca.

Para el estado de la lucha en El Hierro, lo tenía bastante claro. «Más que tener un equipo en la máxima categoría, cosa que es bonito, creo que lo que hay que hacer es intentar crear cuatro o cinco equipo en los pueblos como antaño. Si ese equipo desaparece...», cree. Y con los años sus palabras adquieren actualidad. Pasó con el Productos de El Hierro en su día y más recientemente con el Concepción de Valverde.

Llevar la lucha a los colegios es para Barbuzano una prioridad si se quiere desarrollar este deporte. «En el instituto donde impartía clases, los de primero de Bachillerato tenían que hacer lucha canaria durante un trimestre. Por lo menos salían de allí con siete mañas, las reglas y el reglamento de la lucha canaria. Eso debía ser obligatorio en la programación de todos los institutos. Si los jóvenes no desean luchar, que al menos conozcan las mañas y las reglas», finaliza.