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¡Sorpresa! Saikouba tras saber que iba a ir al viaje de fin de curso. COBER

La clase de Saikouba no lo deja atrás: «Vienes al viaje»

Educación. El grupo de 4º de la ESO del Jaime Balmes organizó la venta de boletos para que el joven gambiano pudiera ir de vacaciones con ellos

Luisa del Rosario

Las Palmas de Gran Canaria

Domingo, 16 de junio 2024, 02:00

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Este viernes logró su orla. Saikouba Darboe (18 años) acaba de finalizar el último curso de Secundaria, 4º de la ESO, en el Colegio Jaime Balmes de la capital grancanaria. Con ello sale del sistema de protección de menores migrantes. El joven de luminosa y profunda mirada acumula, además, el mérito de haber llegado a Canarias hace tres años tras atravesar en una patera la ruta más peligrosa de Europa, la frontera sur que marca el Atlántico y que tantas vidas y esperanzas se ha tragado.

Su idea era buscar un trabajo y mandar dinero a su madre, que sigue en su Gambia natal, un país que está en el vagón de cola, en el puesto 174 de 191, en el Índice de Desarrollo Humano. Saikouba tuvo la fortuna de que lo consideraron menor y no fue acusado de patronear la barcaza como otros niños que llegan a las islas. Él fue a un centro en Gáldar, pero al poco lo cerraron y lo trasladaron a Oportunidades de Vida, la ONG que presidía el también responsable de la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos de Canarias (COAG), Rafael Hernández, denunciado ahora por presuntamente utilizar en sus tierras a los chicos acogidos como mano de obra explotada.

Saikouba siguiendo la yincana. Detrás, las docentes Beatriz Gálvez (i) y Davinia Artiles (d). Cober

Saikouba ya tiene aprobado el B1 y va a por el B2, y su sueño es ser veterinario. Pero con recursos escasos es difícil continuar. De hecho, su orla iba a ser la última fiesta con sus compañeros y compañeras de clase. El resto partiría el próximo 23 de junio al viaje de fin de curso, pero no lo han «dejado atrás». Este pasado lunes, cuando le dejaron un sobre a su nombre en la clase de Davinia Artiles, del Departamento NEAE, se sorprendió. Beatriz Gálvez, la profesora de Lengua, le insistió para que siguiera las instrucciones del papel que sacó. «Busca, busca», le decía.

Saikouba estaba entre emocionado y escéptico. Sus compañeros le habían planteado una pequeña yincana, un juego en el que sigues una serie de pistas, para encontrar algo que el joven no sabía qué era. Primero bajo los cojines de la clase NEAE. Encuentra un papel, lo lee. Hay que salir. Fuera, en los jardines del colegio con vistas a La Isleta, en un parterre, otro sobre. La indicación es dirigirse a un aula. Debe tocar para entrar. Saikouba golpea los nudillos contra la madera. «¡Sorpresa!», le gritaron desde dentro mientras encendían la luz. Sus compañeros y compañeras de clase y el profesorado de 4º de la ESO estaban rodeando la clase y con la emoción contenida. En la pizarra electrónica un texto: «¿Es que te pensabas que te íbamos a dejar atrás?».

El colegio Jaime Balmes hace años que acoge a estudiantes migrantes del sistema de protección. «El primer año llegaron entre seis y ocho, fue cuando la pandemia y apenas sabían hablar español», relatan las docentes. A veces son chicos que sí han ido a un centro, en otras ocasiones vienen niños que nunca han puesto un pie en un colegio y carecen de pautas -por desconocimiento- disciplinarias.

En la época del covid-19 fue una situación más compleja, reconocen las docentes. Cuando llegó Saikouba con otro grupo fue diferente. Eran algo más grandes y en realidad venían a trabajar, así que lograr que estos chicos que ya han arriesgado sus vidas por mejorar la de sus familias olviden sus proyectos para estudiar es todo un reto. Beatriz Gálvez habla de Jamín, que ya está también fuera del sistema. Jamín es carpintero y ya ha logrado un empleo gracias a la Obra Social. También citan a Mansour, un exalumno senegalés que en varias ocasiones ha acudido al centro para hacer de mediador con el alumnado de su país y la cominudad educativa del Jaime Balmes.

Una estudiante abraza a Saikouba emocionada. Cober

Saikouba desde que cumplió los 18 años está en acogida en la Obra Social y Desarrollo bajo la atenta mirada del hermano Jesús y Alba Sanchís, señalan las docentes. El Jaime Balmes cuenta con alumnado senegalés que están bajo la protección de la Asociación Quorum. «Allí funcionan muy bien», señalan las docentes que no quieren dejar de nombrar a la trabajadora social Adriana Ramírez y a su director, Juanqui.

En el Jaime Balmes, explica Beatriz Galván, funcionan «como una familia. Somos familia y en las familias hay de todo. Hay gente de izquierda y de derechas y no los vas a despreciar», explica. De hecho el grupo de jóvenes migrantes de Saikouba es musulmán, pero participa en las actividades católicas como en la función de Navidad. Pero también han logrado que el alumnado canario se implique en la vida de estos chicos.

Luis estaba cenando en casa con sus padres cuando estos le preguntaron si Saikouba iba a ir al viaje de fin de curso. Luis le dijo a su padre que él mismo le había dicho que no tenía recursos y hablando en esa cena se les ocurrió organizar «algo» para lograr que fuera. Y lo hicieron a través de unos bonos de viaje que la clase estuvo vendiendo durante tres semanas en secreto, señala Marta.

Foto de familia de estudiantes y docentes de 4º de la ESO. Cober

«No me esperaba esto», dice Saikouba. «Son muy buenas personas. En este cole todo el mundo me quiere, mis profesores, mis compañeros... son personas maravillosas», dice el joven.

Luis le contó su idea a Marta y juntos fueron a la jefa de Estudios. De allí a la Dirección, y «después de 20 vueltas», dice Marta, lograron que les dieran permiso para hacerse con los boletos y venderlos para pagar el viaje de Saikouba que, además, es más caro que el del resto del grupo porque, por muy tutelado que esté por el Gobierno canario, «no es residente».

«Las familias y el alumnado aquí se implica en todo», señala Beatriz Gálvez, quien tiene la «pena» como docente de que un chico con tantas virtudes académicas como Saikouba no siga estudiando.

Luis y Saikouba abrazados. Cober

Tras el grito coral de «¡Sorpresa!» Saikouba se quedó «por primera vez callado», señaló uno de los docentes. Visiblemente emocionado leyó el resto del mensaje de la pizarra. Sus compañeros le anunciaron que no se quedaba atrás y que preparara la maleta porque se iba con ellos al viaje de fin de curso. «Esperamos que te guste y que te lo pases muy bien con nosotros», le dijeron. Saikouba no sabía qué decir. «Te queremos Saikouba». El joven miró a su alrededor y todos comenzaron a abrazarse y a llorar de la emoción. Puede que todas las familias no sean tan bien avenidas como cree Beatriz Gálvez, pero la que han creado en el Jaime Balmes vale la pena.

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