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Los actores Lucía Veiga y Paco Déniz con un ejemplar de los 'Episodios Nacionales' de 1881. C7
Amar es un acto. No te fatigues en pensar: Ama
Opinión

Amar es un acto. No te fatigues en pensar: Ama

El escritor grancanario realiza una crónica ficticia del encuentro ficticio de Benito Pérez Galdós y Emilia Pardo Bazán durante el rodaje de 'Mi ilustrísimo amigo', en el palacete Rodríguez Quegles

Juan Carlos de Sancho

Sábado, 29 de junio 2024, 21:29

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Me entero por la prensa insular que en un vuelo regular han viajado, en estos días de junio de 2024, desde Madrid a Gran Canaria, Benito Pérez Galdós y Emilia Pardo Bazán. Los dos famosos escritores llegaron a la isla acompañados por la directora de cine gallega Paula Cons, que los ha contratado como actores. Estupefacto por tan inusual noticia, leo que participarán en el rodaje, en Las Palmas de Gran Canaria, de la película 'Mi ilustrísimo amigo', con guion de Javier Pascual. Para tal fin han elegido el palacete Rodríguez y el Gabinete Literario.

Pongo cara de mero, no salgo de mi estupor. En la cafetería donde suelo desayunar, se lo comento a Samuel, el cartero de mi barrio, que me comenta eufórico: «Han viajado en el tiempo, no por el espacio aéreo; además, Galdós siempre tuvo la convicción de que es la ficción la que crea la realidad y no al revés».

Gracias a mi amigo, el actor canario Javier Peñapinto, consigo infiltrarme en pleno rodaje. Hago un pacto con Marta y Daute de producción y me transformo en un ser invisible para poder platicar 'in situ' con dos de los más grandes escritores españoles de todos los tiempos.

Los dos actores se maquillan y peinan antes de ponerse delante de la cámara. C7

Llevo más de cuarenta años persiguiendo la pista de Galdós, el descubridor del «secreto de la íntima estructura de España», según escribió un día la gran filósofa malagueña María Zambrano, aunque de la íntima estructura personal del universal escritor canario apenas se sabe casi nada, pese a que dejó escrito 'Memorias de un desmemoriado'. Paco Déniz, el actor grancanario, interpreta en la película a Don Benito.

De la sorprendente aparición de Pardo Bazán

Se llama Lucía Veiga, pero es sin duda Emilia Pardo Bazán. Me han dado veinte minutos para entrevistar a los dos escritores-actores, viajar por el tiempo en formato invisible y escribir después en casa esta crónica que se desliza cinematográficamente entre la ficción y la realidad. Vivir es inventar, escribía Friederich Nietzche. Todo en la vida es cine, cantaba Luis Eduardo Aute.

Admiro a la gran escritora gallega, una mujer sabia, feminista comprometida pese a sus ideales conservadores, libre en su íntima moral, amante de Benito Pérez Galdós desde 1887 a 1891 y amigos que fueron siempre. Se veneraban mutuamente y ambos aprendían juntos del arte de vivir libres y del arte de escribir comprometidos con su época.

Nada más llegar al Rodríguez Quegles vi cómo bajaba sonriente por una rampa y con su elegante albornoz blanco la gran Emilia. Fue una experiencia tan impactante que de inmediato expresé eufórico: «¡Emiliaaaa!». En intuitiva complicidad, Lucía Veiga me regaló una espléndida sonrisa que aún conservo aquí, en mis adentros.

Les tenía reservada una magnífica sorpresa. Como iba a viajar por el tiempo, nada mejor que mostrarles, a los dos escritores y a la directora del filme, una primera edición ilustrada de los 'Episodios Nacionales' de 1881, que me había regalado hace unos años mi buen amigo, el entomólogo tinerfeño Agustín Aguiar.

-Benito (Paco Déniz): «¡Qué felicidad volver a tocar esta primera edición ilustrada, Juan Carlos! ¡Qué profunda emoción atravesar el tiempo de la mano de un libro! ¡Huele, huele Emilia, entraremos en plató borrachos del siglo XIX!

-Emilia (Lucía Vega): ¡Este canario sin jaula me tiene embelesada, se emociona enseguida!

-Benito: Sabes perfectamente que te convertí en Augusta, en mi novela 'Realidad'. Tus aventuras con Lázaro Galdiano, en Barcelona, me dejaron bastante tocado, por no decir hundido..

-Emilia: ¡ Ay, miquito lindo, no sabes cuánto sentí el daño que te hice, pero…..tampoco te quedaste tú corto con Lorenza Cobian.. !

-Benito: Bueno, bueno…subamos al camerino y disfrutemos ahora de nuestra ficción…, que el cine nos ha devuelto a la vida, Emilia..

-Emilia: ¡No me hables de camerino que me suena a cama, querido mono…. y tú sabes muy bien que cuando entro en la cama contigo, entramos los dos en una selva…..y cuando comienzas a hablar… ¡se llena de flores!

-Benito: ¡Subamos, subamos, que llegamos tarde…!

Pasaron diez minutos, pasó más de un siglo

El equipo de producción me lo puso muy fácil. Les propuse que viajaría invisible por el interior de la película, sin contar su argumento hasta el día del estreno, pero que escribiría mis experiencias vividas durante el rodaje…

Cerca de los espejos donde iban a maquillar a Emilia me encontré esta carta manuscrita de la escritora gallega al escritor canario. Mi curiosidad pudo más que mi discreción habitual y leí algunos párrafos: «Hemos realizado un sueño, miquiño adorado: un sueño bonito, un sueño fantástico que a los 30 años yo no creía posible. Le hemos hecho la manola al mundo necio, que prohíbe estas cosas; a Moisés, que las prohíbe también, con igual éxito; a la realidad, que nos encadena; a la vida que huye; a los angelitos del cielo, que se creen los únicos felices, porque están en el Empireo con cara de bobos tocando el violín… Felices, nosotros... ¡Ay, cuando volveré a estrecharte en mis brazos, mono, felicidad mía, cuando será!». (Emilia, Las Palmas de G.C, Junio de 2024)

Mientras leía la carta, Benito se acercó silencioso y cauto. Me miró con cierta cara de contrariedad, a punto de pegarme un capirote en el cráneo.

-Benito: A nosotros nos gustaban otras cosas,.. mire , mire, paisano invisible, imprudente lector de correspondencia íntima…No suelo contar mis asuntos personales, pero siendo ya como soy un personaje de ficción como usted, le cuento que nunca me gustó el matrimonio; yo solía decir que se casaran mis personajes, no yo..

Lucía Veiga, Paula Cons, Juan Carlos de Sancho y Paco Déniz. C7

… Y sepa usted que Emilia era de idéntico parecer. Un día me comentó en Fráncfort que «el matrimonio es un holocausto para una mujer y el fin del deseo. Incluir el amor en la ley social del matrimonio, significa para mí, la muerte. Amar es un acto, Benito. No te fatigues en pensar: ama».

Una feliz despedida

Escribía Clarice Linspector que «la vida es muy corta, pero si la llenas de poesía la haces eterna». Emilia y Benito se besan apasionadamente bajo un enorme flamboyán. La Luna se hace masculina y el sol femenino, como cuenta la tradición germana. Salgo de la película y escribo mis primeras notas en un banco de la calle San Bernardo.

Voy recuperando mi forma corporal. Paseo lentamente por la calle Cano y me acerco a la casa donde nació en 1843 Benito Pérez Galdós, transformada ahora en Casa Museo. Se acercan Emilia y Benito; me guiñan el ojo al unísono, mientras el mundo gira, gira y gira alrededor.

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