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Una de las obras que exhibe . C7
Sergio Gil: «El significado de un color lo define la mirada. No hay rojos ni negros idénticos»

Sergio Gil: «El significado de un color lo define la mirada. No hay rojos ni negros idénticos»

La Casa Museo León y Castillo de Telde acoge la muestra 'Rojo y negro: un viaje de isla y vuelta', con 33 piezas del pintor y escultor de La Isleta

Gabriela Vicent

Las Palmas de Gran Canaria

Lunes, 3 de junio 2024, 02:00

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El veterano pintor y escultor nacido en La Isleta, Sergio Gil, artífice de grandes esculturas urbanas tan emblemáticas y reconocibles como 'El Drago de Telde' o 'La Mirada', expone, en la Casa-Museo León y Castillo, la muestra 'Rojo y negro: un viaje de isla y vuelta'. Se trata de una selección de 33 piezas con la hegemonía de ambos colores como bandera, a modo de homenaje cromático a la obra de su admirado Manolo Millares, personalidad que asegura haber marcado los ritmos circadianos de su evolución como artista.

«El significado de un color lo define la mirada. No hay rojos ni negros idénticos, ni cuando los miramos, ni cuando decidimos colorear las formas con esos tonos». Esta es la premisa que defiende la presentación de la exposición 'Rojo y negro: un viaje de isla y vuelta', una serie de 33 piezas con el binomio cromático inspirado sin trampantojos en la novela psicológica de Stendhal que figuró en el 'Index Librorum Prohibitorum' de la Iglesia Católica hasta el año 1900. «Claro, está inspirado en el libro 'Rojo y negro'», confirma el propio artista, quien añade que «alude a la vestimenta del protagonista, Julien Sorel, dividido entre el 'rouge' de la casaca militar, o más bien el abrigo napoleónico, y el 'noir' de la sotana. Hay algo de reclusión militar y de religiosidad en mi concepción del arte», añade enigmático el artista.

«Rojo y negro puede ser también el crepúsculo, el amanecer o el anochecer de la isla, y la noche ya cerrada, que yo veo desde mi casa de Los Arbejales», remata Gil.

El número de cuadros, 33, pequeños, cuadrados, abigarrados y densos, de color vibrante, tampoco es fruto del azar. «Puede ser una superstición, pero también las secuencias de un mismo cuadro en 33 instantes diferentes, como los estados de ánimo», sugiere Sergio Gil. 33 es también el grado máximo de integración en la masonería: soberano gran inspector general de la orden.

El arte es una invención del alma de cada creador. Nunca se utilizan los mismos colores, ni los mismos contornos. Sergio Gil también homenajea a Manuel Millares en rojo y negro, generando sensaciones que buscan conectar su alma con la del pintor fallecido, dialogando con la que fue su vida y con la que sigue siendo su obra, «igual de contemporánea que cuando la gestó, igual de necesaria, por clásica y por todos los hallazgos que nosotros aún tenemos que seguir buscando».

Manolo Millares

«Manolo Millares no era solo un genial artista, sino también un extraordinario escritor, en cuyos textos muestra sus obsesiones artísticas y humanas», afirma Sergio Gil. Efectivamente, Sergio Gil invita a un acercamiento a la obra de Manuel Millares, más allá del horizonte de las figuras que ha creado y de los colores con los que él ha encontrado en los ojos del creador de las arpilleras y en todas las pistas que trazó en sus cuadros para que fueran siempre mirados con ojos diferentes.

Sergio Gil.
Sergio Gil. c7

Sergio Gil estudia e investiga sobre los soportes y materiales de las obras de Millares para después dibujar múltiples bocetos y ensayar sobre colores, tonos y matices, con una exigencia sin límites que nunca parece ser la definitiva. «Yo soy autodidacta puro», se define el artista, «de estudios muy elementales, y Manolo Millares me ha servido siempre como guía, en su concepción del arte como experiencia radical, de entrega absoluta. No le conocí personalmente, pero de tanto frecuentar su obra y sus tesis sobre el arte es como si lo hubiera hecho», argumenta.

Las influencias del mítico cofundador del Grupo El Paso son múltiples y constantes en el trabajo de Sergio Gil. «Él usa la la tridimensionalidad en sus arpilleras y, en ese sentido, es posible que me haya influido en mi obra escultórica», reflexiona. «También utilizaba mucho el rojo y el negro que yo he empleado muchas veces. En 'Basalto', por ejemplo, mi exposición en la Galería Condal de Maspalomas, estos eran también los colores dominantes, pero como embriones. Ahora aparecen más acotados y geométricos, más abiertos, sin la estricta cerrazón uniformada ni el protagonismo casi exclusivo que tienen en esta muestra».

A pesar de su relevancia artística global, las Islas Canarias no se caracterizan por albergar un número importante de obras de uno de sus artistas más internacionales. Sergio Gil relexiona sobre esta circunstancia. «Manolo Millares murió muy joven, a los 46 años», recuerda el pintor, «y en su madurez de artista estaba asentado en Madrid, con galeristas fijos que venían a comprarle su obra, expresamente desde París y Nueva York». El caso es que «la mayor parte de su obra está en Cuenca, donde siempre tuvo una segunda residencia. Está en el Museo de Arte Abstracto y, sobre todo, en la Fundación Antonio Pérez, que le dedica una amplia sala. En el pasado, Canarias no le valoró lo suficiente, por su carácter contestatario y su informalismo rompedor. Se le valoraba como acuarelista del paisaje, una faceta suya que consideraba 'de subsistencia' y que él mismo no valoraba como arte. Pero, a medida que va pasando el tiempo, se le va reconociendo más y más en su genialidad, no solo en Canarias, sino a nivel global».

Multidisciplinar

Sergio Gil es un artista multidisciplinar. Además de cuadros, murales y esculturas de grandes proporciones, su producción incluye carteles, grabados e incluso está especializado en la creación de imágenes corporativas. Eso sí, a todo le imprime su particular sello estilístico. ¿A qué se debe la versatilidad de su obra? «Me interesa el arte en su totalidad», responde. «El propio Millares decía: 'Yo no sé lo que pinto, pero sí sé muy bien lo que hago', y me identifico con esa frase».

También le gusta al pintor definirse como «un artesano sin fin. Yo me enfrasco en un proyecto o tema artístico determinado, de cualquier clase, y ya no paro hasta verlo consumado. Para mí, eso que llaman inspiración no tiene un motivo previo: es trabajo, trabajo y más trabajo. Y en cualquier faceta, escultura, pintura o dibujo, siempre siento el mismo vértigo que la primera vez. Quizás por eso me gusta ejecutar series, para agotar un tema cada vez que ya he logrado dominarlo», finaliza Gil.

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