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Armada de Van der Does ante Las Palmas en 1599. Jan Orlers (1610)
Van der Does: las miradas de unos y otros
Crónica

Van der Does: las miradas de unos y otros

Indudablemente la ciudad tenía justa fama de lo que su blasón esgrimía, 'Segura tiene la palma'. Pero si aquella fama se vería quebrada por unos días, entre ese 26 de junio y el 10 de julio, por el ataque de la poderosa escuadra de los Países Bajos compuesta de 73 navíos, ocho mil hombres de guerra y dos mil marinos

Juan José Laforet

Las Palmas de Gran Canaria

Sábado, 29 de junio 2024, 10:41

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El profesor Antonio Rumeu de Armas, cuyo libro 'La Invasión de Las Palmas por el Almirante Holandés Van der Does en 1599' (1999) se ha reeditado con motivo de este 425, no dudó en afirmar, en la sesión inaugural del Coloquio Internacional 'Canarias y el Atlántico', celebrado en la Casa de Colón en abril de 1999, con motivo del 400 Aniversario de esta efeméride, que «éste fue sin duda el hecho político, militar y naval más importante ocurrido a lo largo de toda la historia de Canarias», y en el epicentro de aquellos acontecimientos, que no sólo afectaban a las Islas Canarias, sino a las relaciones internacionales y los conflictos que España mantenía con otras naciones europeas, estaba la capital grancanaria, aquel enclave atlántico que la crónica de un abanderado holandés describía como una 'ciudad' cuyo «…tamaño aproximado es de 12 millas alemanas, no habiendo sido nunca antes de ahora conquistada, a pesar de haberse hecho muchos intentos, pero nadie pudo tomarla: todos fueron siempre rechazados. Drago (se refiere al corsario Francis Drake) perdió ante ella unos mil hombres…».

Indudablemente la ciudad tenía justa fama de lo que su blasón esgrimía, 'Segura tiene la palma'. Pero si aquella fama se vería quebrada por unos días, entre ese 26 de junio y el 10 de julio, por el ataque de la poderosa escuadra de los Países Bajos compuesta de 73 navíos, ocho mil hombres de guerra y dos mil marinos embarcados, bajo el mando del almirante y general de artillería Pieter Van der Does, al final, tras unas durísimas jornadas, llenas de empeño heroico, de resiliencia, de sacrificios impensables días antes, se conseguiría expulsar al enemigo, y el lema heráldico de Las Palmas de Gran Canaria volvería a tener sentido y brillo, mucho más aún si cabe, ante propios y extraños.

Más, como todo hecho de tan gran trascendencia, no queda reducido a informes y visiones locales, o de intercambio entre autoridades isleñas y la corte, sino que son muchas, y de muy diverso tipo, las narraciones e imágenes, producidas en uno y otro bando, e incluso por terceros, que quedan como testimonio de lo acontecido. Se trata no sólo de miradas propias, sino de sugerentes miradas del otro, que mas de cuatro siglos después son de enorme interés y complementarias tanto para entender mejor los acontecimientos, como las sensibilidades que había tras de ellos. Se trata de una autentica 'mirada del otro', del conocimiento y de la imagen que tenían de estas islas, de la capital grancanaria en concreto, en aquellos años precedentes y posteriores a la invasión holandesa de 'ciudad de Canarias'. Unos dibujos y unos textos que hoy deben contribuir a plantearnos como se veía, que imagen se tenía, desde los Países Bajos, desde otros territorios como Inglaterra, Francia, Italia o Portugal que mantenían vínculos y algún tipo de pretensión sobre estas islas. Ya entonces, como en la actualidad la imagen de un país, de un territorio determinado, era un «activo fundamental para defender los intereses de los Estados en las nuevas relaciones económicas y políticas internacionales, caracterizadas por una mayor competitividad e interdependencia», como ha señalado Javier Noya, a propósito de 'La imagen de España en el exterior' (2002), que en aquella segunda mitad del siglo XVI comenzaban a tener una nueva dimensión, incluso con perspectivas de lo que son en la actualidad.

En la línea propuesta, y en contraste con los quizá únicos mapa de la ciudad con los que entonces se contaba, el de la 'Ciudad Real de Las Palmas' de Leonardo Torriani, fechado en 1588, o el del ingeniero Próspero Casola, fechado el 29 de agosto de 1599, que ofrece una magnífica y minuciosa 'Planta del sitio de Canaria'(copia de 1846) u otro plano del 'Ataque del corsario Drake a la Isla de Gran Canaria', que había realizado en 1595, aparece un magnífico y sugerente grabado de Jan Ollers, realizado en 1610 en Leiden, en la Holanda Meridional, titulado 'La Ciudad de Allegona, en la Isla de Gran Canaria, en el año de 1599'. Además de este se cuenta con un grabado anónimo, del 'Ataque Holandés a la Ínsula de Gran Canaria', y otra vista de 'Canarie', ambas bastante ajustadas a la realidad urbana de la ciudad y sus alrededores, aunque con componentes oníricos de algún tipo.

Pero quizá los más sugerentes, a tenor de la imagen que los holandeses podían tener tanto de la isla a la que llegaban, como de aquella ciudad que describía en su 'Diario' el abanderado Johann Von Leubelfing, como protagonista no sólo de los acontecimientos, sino de las ilusiones y las visiones que aquel contingente militar tenía de esta isla, y que ahora conocemos gracias a la traducción que hizo Lothar Siemens, sean los afamados grabados de De Bry, fechados en 1599 y que en la actualidad se conservan en la Casa de Colón. Unos grabados que quieren mostrar un trazado 'Fidedigno de la Isla de Gran Canaria y su Localización', o una 'Estampa realista que refleja como los holandeses conquistaron la isla de Gran Canaria', sin olvidar una estampa de como «Los Holandeses se retiraron con pocas bajas y abandonaron la Isla de Gran Canaria», y unos títulos también elocuentes de la mirada holandesa de aquel acontecimiento, unos grabados en cobre que pertenecen a las 'Collectiones peregrinatorum in Indias Occdetalem' de Teodoro De Bry, editadas en 1599 por sus hijos Juan Teodoro, Juan Israel y su madrasta en la ciudad de Frankfurt. Dada la fama de estos editores, esta sería, en cierta medida, la imagen de aquel ataque que se difundiría en buena parte de la Europa de entonces. Frente a estas imágenes potentes, realizadas en Holanda y Alemania, sólo una curiosa 'Vista del ataque holandés a Las Palmas de Gran Canaria', que dibujó el canónigo

Francisco Mexía para acompañar una carta con el relato de aquellos acontecimientos, pero que es una magnífica estampa de la mirada que los grancanarios del momento podían tener de su entorno.

El ataque holandés de hace 425 años es, sin duda alguna, uno de los capítulos más sobresalientes de la historia y el devenir de la capital grancanaria en sus 546 años de vida, tras el cual casi se dio una refundación de la ciudad, en lo material e, incluso, en lo inmaterial. Un acontecimiento que se vio y se narró en muy diversos informes y crónicas, que también traslucen el ser y sentir de los isleños que vivieron aquellos acontecimientos y sus consecuencias en 1599 y en los años siguientes, como puede ser el poema de Cairasco de Figueroa, de su obra 'Templo Militante', que se abre con los versos que recuerdan como «Quiso probar sus fuerzas con Canaria/ Olanda la cismática rebelde,/ Para lo cual con una gruesa armada/ De ochenta galeones que pusieron/ Miedo a Sevilla y a la Lisboa…». Visión de aquí y de la repercusión en otros lugares, que se veían también amenazados por los resultados que este ataque pudiera tener. Tras unos 14 días acantonados en Las Palmas de Gran Canaria, después de meditar sobre acontecimientos como la denominada 'geste de El Batán', del 3 de julio en las inmediaciones del Monte Lentiscal, Van der Does decide continuar su viaje, para no poner en peligro su objetivo principal en El Caribe, apoderarse o impedir el viaje de la flota de Indias, pero eso fue también un fracaso, él mismo perdió la vida y Cairasco de Figueroa redactar un verso que fue lapidario de lo acontecido, y hasta un posible epitafio para el almirante holandés en su tumba oceánica: «Y así será vencida la victoria».

Que 425 años después la victoria sea vencer las discrepancias, desterrar los desencuentros, acercar a los pueblos del mundo en la paz y la amistad, en esa misma hermandad y confraternidad que hoy ennoblece y honra a las relaciones de holandeses y grancanarios.

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