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Abibou Dieng es un joven senegalés de 19 años que llegó a Tenerife en patera en 2021. C7
El renacer de Abibou Dieng: de la patera a encontrar una oportunidad

El renacer de Abibou Dieng: de la patera a encontrar una oportunidad

El joven senegalés, de tan solo 19 años, llegó a Tenerife en 2021 para buscar «una vida mejor» y seguir con sus estudios, ya que quiere ser médico

Sara Toj

San Cristóbal de La Laguna

Domingo, 7 de julio 2024

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Abibou Dieng traslada con ojos brillantes en una cafetería de San Cristóbal de La Laguna, Tenerife, su historia de vida. Se trata de su segunda vida, que dio comienzo el 23 de octubre de 2021 porque, aunque tan solo tiene 19 años, ya le ha dado tiempo de experimentar dos realidades totalmente distintas. Dieng llegó al muelle de Los Cristianos, Tenerife, a bordo de una patera en la que, junto a él, viajaban más de 200 personas. Eran tantos que no puede recordar el número exacto. Él es uno de los supervivientes de la Ruta Canaria, la más mortífera del mundo y que deja miles de víctimas cada año.

En su primera vida, el joven senegalés residía en Mbour, ciudad de la región de Thiès, Senegal, y punto de partida de los miles de migrantes que, como él, deciden embarcarse en búsqueda de una oportunidad.

Como cualquier otro joven, vivía con su familia -sus padres, dos hermanas pequeñas y un hermano mayor- y estudiaba tercero de la ESO. «Yo nunca pensé que iba a salir de Senegal y que iba a venir a Europa», relata a la vez que en su mente brotan recuerdos y recuerdos de su vida pasada. Cuenta que, a través de las redes sociales, veía vídeos en los que otros contaban su experiencia y cómo habían viajado hasta el viejo continente. «Tenía claro que quería seguir estudiando, viajar y buscar una vida mejor». Y estas ganas fueron las que empujaron a Dieng hasta el mar. Así, una tarde, presenció el caminar de cientos de personas que, desde la orilla, se enfrentaban al ancho mar y se embarcaban en una travesía sin saber cuándo volverían a pisar tierra.

Sin decirle nada a su familia, un día decidió marcharse de su Senegal. «Si hubiera dicho algo en casa no me habrían dejado ir», cuenta el joven, que no puede evitar ponerse en el lugar de su madre: «Ella me decía que volviera, que quién me había dado permiso para marcharme». Entiende la preocupación de su madre, pues si él hubiera tenido un hijo, hubiera pensado lo mismo. Dieng solo podía prometerle que todo iba a estar bien.

Estuvo una semana en la patera. Al subirse, no sabía cuál sería su destino; cruzó el océano Atlántico sin saber qué era Canarias. «Conocía Gran Canaria por el equipo de fútbol, pero cuando llegué no sabía ni decir hola», recuerda. Mientras da un sorbo a su café, se traslada hasta esos días en alta mar. «No pasé miedo, y la verdad es que estar una semana en una patera es muy poco. Tuve suerte, gracias a Dios. Hay gente que tarda un mes en llegar», apunta Dieng, que rememora que en la embarcación tuvieron comida y agua suficiente para llegar: «Todos éramos hombres, y de todas las edades. Había niños de 12 o 10 años». Entre ellos, llamó su atención un padre que viajaba junto a su hijo, que tenía cinco años.

En la travesía hizo un gran amigo, que ahora vive en la península. «Sigo en contacto con él, ahora mismo estuve hablando con él por teléfono», cuenta con una amplia sonrisa. Aunque en general el mar estuvo tranquilo durante el trayecto, «hubo un momento en el que las olas fuertes nos asustaron cuando pasamos por Marruecos», comenta, «pero es normal porque en la vida nada es fácil».

La vida en Tenerife

Al pisar tierra, fue trasladado al norte de la isla, en concreto, a un centro gestionado por la Cruz Roja en Puerto de la Cruz. Tras la experiencia en el mar tuvo un momento de flaqueza: «Cuando llegué al Puerto de la Cruz me quería volver a Senegal». Sin embargo, la esperanza por lograr sus sueños fue más fuerte, pero allí empezó su odisea para demostrar que era menor de edad.

Tras estar en el norte de la isla lo derivaron al campamento de Las Raíces, donde estuvo dos meses. Al decir que era menor de edad, su tutela pasó a estar en manos del Gobierno de Canarias. Allí conoció a David, un abogado que lo ha amparado en todo momento: «Es una persona muy especial para mí, la verdad».

Así, lo derivaron a un centro de menores ubicado en Santa Cruz de Tenerife, donde recuerda que estuvo en torno a siete meses. Durante ese tiempo le hicieron las pruebas de estimación de edad, en las que salió como resultado que era adulto. Esos exámenes, comenta el joven, pueden tener fallos: «Muchas veces dicen que eres mayor de edad cuando no es así». Con este resultado, tuvo que desplazarse al campamento ubicado en Las Canteras, donde permaneció tres meses. En este lugar coincidió con Ana, que en la actualidad es su jefa en un bar ubicado en La Laguna: «Es una persona súper buena».

Sin dejar atrás su objetivo de lado, el de seguir estudiando, empezó a recibir clases de español en Añaza: «Me levantaba todos los días a las cinco de la mañana para coger la guagua e ir hasta allí».

En la vida encontramos personas que nos marcan, que nos acompañan en el camino y nos ayudan, y Dieng tuvo la suerte de encontrarse con muchas de ellas. El joven tenía claro que quería quedarse en las islas, no quería ir a otro sitio de España ni a otro país de Europa. Por eso, cuando su nombre apareció en la lista para ser derivado a otro punto de la península, contó con el apoyo de David, que le ayudó a permanecer en el archipiélago. Una amiga del letrado, Pilar, lo acogió unos meses en su casa hasta que pudiera arreglar los papeles para demostrar que era menor de edad. Y, finalmente, lo logró.

El joven senegalés Abibou Dieng en La Laguna. C7

Pero dio comienzo así lo que, para él, ha sido «la peor experiencia» que ha vivido en el tiempo que lleva en las islas: su estancia en un centro de menores ubicado en La Cuesta. Cuenta que entre los educadores había «gente muy buena, pero también muy mala». La convivencia muchas veces se hacía difícil, ya que, aunque él pasaba la mayor parte del tiempo en su habitación leyendo y estudiando, «siempre había gente que buscaba problemas».

En aquel lugar vio con preocupación como su anhelo de seguir con los estudios pendía de un hilo. El director del centro le dijo que no podía estudiar porque, como ya estaba cerca de la mayoría de edad, no era obligatorio para él. Sin embargo, con la ayuda de David, su abogado, consiguió matricularse en el centro para adultos Mercedes Pinto. Tras realizar una prueba de nivel accedió a tercero de la ESO.

Antes de cumplir los 18, acudió a la Fundación Don Bosco para que le ayudaran a encontrar un piso donde poder vivir. Al alcanzar la mayoría de edad, el director del centro de menores en el que residía le comentó que tenía que dejar el lugar de un día para otro: «No tenía donde quedarme». Estuvo allí durante unas semanas hasta que pudo mudarse a una casa, la cual le ayudó a encontrar la fundación, y que compartió con cinco compañeros más en La Cuesta durante un año.

Cuando se le acabó el contrato en este inmueble, pasó unas semanas en casa de su actual jefa, Ana, hasta encontrar una habitación. Finalmente se mudó al que ahora es su hogar, un piso en Las Chumberas.

En busca de su sueño

Su vida ahora es más estable y está encaminada en seguir sus estudios. Este año terminó cuarto de la ESO y su mayor sueño, el que le empujó a dejar su anterior vida, es el de seguir formándose para algún día llegar a ser médico. La principal razón es su madre: «Ella tiene una enfermedad en el corazón». Por ella y por los que necesitan ayuda, Dieng sueña con dedicarse a la sanidad.

El próximo curso comenzará el bachillerato de Ciencias en el Mercedes Pinto y tiene claro que, sin el amparo de aquellos que se ha cruzado en la senda hacia sus metas, no habría llegado hasta donde está ahora. Aunque nunca se tiene la certeza de lo que pasará en el futuro, Dieng sabe que devolverá a la vida lo que él ha recibido: apoyo a los que lo necesiten, oportunidades y una «nueva vida». Un camino en el que seguirá aprendiendo, avanzando y ganando experiencias imborrables.

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