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Llegando a Marfa. Atrás James Dean «crucificado» y Liz Taylor. Mario Hernández Bueno
Cosas de Texas: El Paso-Marfa (III)
Coma y... punto

Cosas de Texas: El Paso-Marfa (III)

Le había planteado a Tania pasar una noche en Ciudad Juárez, pero me lo quitó de la cabeza. Es archiconocida su peligrosidad y un cadalso para las mujeres

Mario Hernández Bueno

Sábado, 8 de junio 2024, 23:00

Ya en El Paso volví al asunto, y fueron mejicanos los que me disuadieron; aparte de que conducen como locos es fácil meterse en un lío, me decían. Así que nos dirigimos a cumplir con una de vieja mitomanía, hacer realidad un sueño quinceañero.

Y es que algunos amigos éramos fanáticos del cine y el más admirado actor era James Dean. Un ídolo mundial. Nos vestíamos como él, nos peinábamos como él, posábamos como él. Y hace años leí que el rodaje de Gigante se había hecho en unos desérticos terrenos cercanos al pueblo de Marfa y que los actores se habían hospedado en su hotel, Paisano. Con Tania, que es quien conduce, machamos atravesando el desierto y el tedio del paisaje me llevó a recordar aquellos felices años, finales de los cincuenta, y al grupo con el que, incluso, hicimos una obra de teatro y una película en super 8: «Ulises y la isla perdida», que rodamos en un El Confital aun sin invadir.

Recordé como, imaginándonos que éramos un equipo hollywoodiense, subíamos a pie, cargando el trípode, las bolsas con el attrezzo, la comida…, por el tan empinado como muy humilde barrio de La Isleta y al paso por un laberinto de calles la gente se asomaba para ver pasar tan extraña comitiva y hacerse conjeturas. Era aun una ciudad bien austera, pequeña y cualquier novedad era un evento.

Dean comprando chuches para los niños.

Y recordé que la vez que más cerca estuve de la vida de Dean fue con su gran e imposible amor, Pier Angeli; quien, por entonces (1959), rodaba con Eddie Constantine S.O.S. Pacific. Film precursor de las del agente 007. Pier se hospedó en el Santa Catalina y frecuentó el legendario restorán Juan Pérez, el más acreditado, situado en la Puntilla. Allí se degustaba el mejor pescado y marisco frescos capturados por una flotilla de barquillos, de los que aún quedan algunos varados sobre la arena de Las Canteras.

Y tras una serie de sucedidos hoy es el restorán La Oliva. Y allí disfrutó Pier de cenas y tertulias. Al punto de que le dejó a Pérez una preciosa foto con la siguiente dedicatoria: «Para Juan Pérez. Recordando las noches pasadas aquí, con la esperanza de volver pronto. Maggio de 1959». La foto muestra a la actriz sentada en las rocas cercanas al restorán y me llegó hace algunos años tras unos curiosos sucesos. Pero esa es otra historia. Hoy cuelga de una pared en mi casa. Pier y James tuviera trágicos finales.

Pier Angeli en Las Palmas de Gran Canaria.

Y estaba yo en esas cuando, al margen de la carretera, aparecieron enormes siluetas de James Dean y Liz Taylor. Hice frenar. Nos bajamos y les tomé fotos así como a la cancela con el nombre de Little Reata, que, en la película, es el trozo de terreno de Jett Rink (James Dean), y al casi desvencijado molino de viento de madera desde donde se tomó esa instantánea de Dean (miles de veces reproducida) con una escopeta apoyada en la nuca y sostenida con los antebrazos. De la que algún «analista», de los que ven más allá que los mortales, aseguró que representaba La Crucifixión.

Liz, Rock y George en un descanso del rodaje.

Y en aquel desierto de Chihuahua, tal y como un pueblito de La Mancha, fue surgiendo Marfa, cuyas casas son casi todas terreras, excepto un bonito y singular edificio: los juzgados del condado de Presidio. Me pareció muy tranquila, parada en el tiempo. Casi no vi gente ni automóviles. Hay edificios comerciales abandonados y el hotel, de dos plantas, no destaca por el lujo; sin embargo, junto a la puerta hay una placa de bronce: «Incluido en el Registro Nacional de Lugares Históricos». Y nada más entrar, aparece una pequeña habitación dedicada a la película, en especial a Dean.

Juzgado del condado de Presidio. Marfa. Mario Hernández Bueno

Yo había pedido la habitación 223, que fue la suya, pero tenía solo una cama de 1,35; así que opté por otra, espléndida, de 40m2, aunque con un baño de 1,5m2. Habitación que ¡curiosamente! está pared con pared con la de aquel rebelde y talentoso actor; taciturno retraído, como dijo uno de sus biógrafos. Y fui conociendo más cosas: el hotel, que fue construido por la cadena Gate Way Hotel Company, se diseñó con estilo español e inauguró en 1930 en previsión de un boom petrolero, que nunca llegó. De ahí que el director, uno de mis favoritos, George Steven, eligiera allí los exteriores.

Los pasillos del hotel están plagados de fotos sobre la película Gigante. Aquí Taylor, Hudson y Dean.

Cenamos en el comedor, de nombre Jett's, que, como todo el hotel, conserva la pátina de lo antiguo. Como también los clientes: fans de Dean, que llegan de todo el mundo. El bar, integrado en el comedor, es grande. Ideal para que los actores, en el que también destacó Rock Hudson, salvasen las largas noches bebiendo e inventando cocteles. Ofrece dos ensaladas Jetts y pedí la César Jett's (14€), y la hamburguesa gigante; (24€) que resultó un bocado grande y rico. Ofrece Lomo alto con verduras y papas fritas parmesanas; Entrecot rebozado de pistachos y frito, con puré de papas y vegetales del día; Chuleta de cedo; Pechuga rebozada con tortilla (la mejicana) cubierto con una salsa de aguacate; Chiles rellenos; pescado del día, amén de otras ensaladas, sopas y postres. Oferta que me pareció apetitosa.

Patio, de estilo español del hotel Paisano. Mario Hernández Bueno

Y el servicio también fue magnífico. Así que me fui hacia la maître para hacérselo saber y saber yo más cosas. Belén es descendiente de mejicanos con un perfecto español. Es nerviosa, inquieta y muy chistosa. Pronto hicimos migas. Su abuelo tuvo por allí una pequeña mina de plata que luego gestionó su padre, quien, a su vez, conoció y trató a los actores. Me dijo que aquella zona fue muy concurrida de jornaleros mejicanos dedicados a la agricultura y las vacas y que Dean era como Merlín para los niños, con quienes jugaba y hacía reír.

La simpática Belén. Mario Hernández Bueno

Y nos enseño su habitación y después la de R. Hudson. La de Dean es pequeñita y la de Hudson una tremenda suite con dos baños, cocina y una terraza de 100m2 sobre el patio-terraza bar del hotel. Y esa desigualdad en las habitaciones se justificó porque Hudson era una estrella y Dean no. Belén sabía más; ahora la tendré en mis pensamientos. Más que a Dean. Y no es por nada, sino porque como decía O. Wilde: «Que tengas un sueño y que se te haga realidad». Y dejamos atrás Marfa con las azuladas montañas de fondo, donde se encuentra un barranco llamado Paisano.

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