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Tomás Alfonso y Eugenio Hernández, fotografiados en el Anexo. José Agustín Lorenzo
Eugenio y Tomás, dos ilustres delegados
Fútbol

Eugenio y Tomás, dos ilustres delegados

Ahora en el Villa de Santa Brígida y filiales de la UD Las Palmas, respectivamente, son historia viva del fútbol canario al tener más partidos que nadie en la Tercera División con 800 y 450 partidos

José Agustín Lorenzo

Las Palmas de Gran Canaria

Lunes, 24 de junio 2024, 17:29

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Eugenio Hernández (Villa de Santa Brígida) y Tomás Alfonso (Las Palmas Atlético) son los delegados del Grupo Canario con más partidos en Tercera División. El villero acumula 800 participaciones, con una experiencia en Segunda B, y 450 para el capitalino, igualmente con un paso por la división superior.

Ambos empezaron muy pronto a relacionarse con el mundo del fútbol.

Hernández Pérez comenzó como jugador, en una etapa sin tantas categorías por edades como tenemos hoy: «Llegué joven a jugar, pero también lo dejé pronto, y empecé a iniciarme en tareas directivas en la base del Lomo Blanco, con apenas 18 años».

Alfonso Bejarano lo hizo en el arbitraje: «Me apunté al colegio de árbitros por un amigo, que me convenció, y también por curiosidad. Mi primer partido fue un Artesano-Las Palmas, de alevines, en Las Coloradas, para ir subiendo de categorías por temporadas hasta alcanzar la Tercera División, y luego quedarme como asistente de José María Perdomo, Santiago Marrero y Emilio García Pulido en Segunda B».

Lucha por evolucionar

A Eugenio Hernández le convenció el corazón, y al conocer a su actual esposa, en el barrio de La Angostura, terminaría fundando otro equipo, que le ha llevado a no volver a salir del municipio de Santa Brígida. «Francisco Alemán me animó para constituir un club de fútbol en el barrio satauteño, en el año 1984, y ahí me vinculé definitivamente al municipio y al fútbol de la zona».

«No fue fácil-continúa-, pues no contábamos ni con campo de fútbol, pero la inercia fue positiva, y terminamos construyendo uno en el cauce del Barranco de Guiniguada, y el resto ya empezó a venir sólo. Pasamos de equipos de base, a montar un regional y empezar a subir divisiones hasta alcanzar al Tercera División 14 años más tarde».

«El sustento económico para ir dando esos pasos llegó de los compromisos de la familia Alemán y sus contactos empresariales, sin ellos hubiese sido impensable. Y también fue posible la fusión de todo el fútbol en el municipio, que ha ido trayendo años de prosperidad en el deporte satauteño en los últimos 25 años», agrega.

Para Hernández Pérez, sus funciones siempre han estado vinculadas a las figuras de tesorero y delegado, salvo en el año de la fusión de todos los equipos de fútbol de Santa Brígida, que asumió la presidencia del nuevo club, Unión Deportiva Villa de Santa Brígida, hasta la llegada unos meses más tarde de Gonzalo Medina.

En ambos protagonistas, las sensaciones han sido importantes en sus tareas.

«La eliminatoria por el ascenso a Tercera, 1997-98, frente a la Unión Deportiva Icodense, es uno de mis recuerdos positivos», indica el delegado del Villa, «metimos más de 400 personas en el barco de Líneas Armas para ir a Icod de Los Vinos. Subir fue la satisfacción a década y media de trabajo con La Angostura».

Y también recuerda el otro hito futbolístico del municipio satauteño, el ascenso a la división de bronce, en Murcia: «Habíamos eliminado en la primera ronda a la Segoviana, empatando el primer partido en casa, y superándoles con otro empate fuera por el valor doble de los goles. En la eliminatoria final, volvimos a empatar sin goles en el Guiniguada, superando al filial del Real Murcia (0-1), con gol de Leroy, de cabeza».

Alfonso Bejarano deja el arbitraje, y recibe una llamada que lo cambió todo: «Juan Trujillo y José María Mañaricua, responsables del Castillo Club de Fútbol insisten en que sea el delegado del equipo en Segunda B». Era una novedad, una nueva función que no conocía. «Pregunté, me asesoré, pedí ayuda, y acepté», recuerda.

«No me veía llevando un grupo de 30 personas en los viajes por la península. Me acerqué a Merino González, compañero del colegio de árbitros, para solicitarle consejo. Y tengo que agradecerle, que me preparase- para esa nueva función. «Me indicó, cómo se organizaban los viajes, se sacaban los billetes, las reglas básicas que había que tener en cuenta para moverse en grupo. Sin esa ayuda inicial, todo hubiese sido mucho más complicado», detalla.

Desde ahí, Castillo Club de Fútbol, fue pasando por distintos clubes, Club Deportivo San Pedro Mártir, Unión Deportiva Telde, Unión Deportiva San Fernando, hasta hoy, que está en los filiales de la Unión Deportiva».

Preguntado por un partido que recuerde en especial, indica: «La eliminatoria del ascenso a Segunda B, frente al Barça Atlético, de Pep Guardiola y Tito Vilanova, con jugadores canarios en el equipo, Pedrito Rodríguez, Jeffren Suárez, e internacionales posteriores de la talla de Sergio Busquets. Se compitió en el Castillo del Romeral (0-0), pero nos superaron en todo en Barcelona (7-0)».

Nombres propios

«En esa primera etapa en el Castillo tuve compañeros de lujo: Axier Intxaurraga de entrenador y Paquito Ortiz de preparador físico, y jugadores de talla internacional, como el argentino Pablo Paz, los gemelos Suárez, Nacho Casanova, Javi Ortega, Francis Hernández, Víctor Afonso. Aprendí mucho de todos ellos».

Igualmente habla de los que han sido sus entrenadores en el banquillo, «José Carlos Álamo, Maxi Barrera, Félix Oramas, Jero Santana, Mingo Oramas, Tino Déniz, Yoni Oujo, Santi Lampón, Raúl Martín», incluso tuvo una etapa corta con su hermano Sixto Alfonso, «coincidí los últimos 12 partidos de liga en el Acodetti, en Categoría Preferente, logrando salvar la categoría». Su peor momento como delegado fue en la pandemia de la Covid: «De pronto, todas las estructuras que teníamos cayeron, se tuvo que ir improvisando sobre la marcha, y adaptando las funciones a la realidad de cada día y semana».

Eugenio Hernández también señala dos claves que han cambiado el fútbol desde su época: «La profesionalización, que ha sido buena, y hay que reconocerlo, pero que de manera altruista ya somos muy pocos los que trabajamos para el fútbol y los cambios en la superficie de los terrenos de juego. Pasar de los terrenos de tierra, irregulares, embarrados, que había que marcar antes de los partidos, a las nuevas moquetas, ha sido un acierto».

Ambos piensan seguir «hasta que el cuerpo aguante».

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