Rallar jabón, echar garbanzos en un tarro, arañar plástico...

Los vídeos que arrasan en Internet para relajarse o dormir

Marta Fdez. Vallejo
MARTA FDEZ. VALLEJO

Prueben a ver un vídeo de los muchos que hay en Twitch, TikTok o YouTube en el que rallan un jabón, llenan de arroz varios botes o golpean las uñas contra una superficie de plástico. Si esa imagen repetitiva y el sonido le relajan, le enganchan e, incluso, le hacen sentir un hormigueo agradable en la nuca es que le ha hecho efecto el fenómeno que arrasa en Internet: los ASMR. Son las siglas en inglés de 'Respuesta sensorial meridiana autónoma', un efecto que la ciencia investiga y que se ha convertido en una 'herramienta' ya habitual, sobre todo entre los 'milennials' (nacidos a partir de los 80). Lo utilizan para dormir, descansar, mientras estudian o, simplemente, para desconectar.

«El cerebro se dedica a buscar la sensación de placer, felicidad... y a huir del sufrimiento. Estos vídeos están creados para generar esa sensación de bienestar», señala la psicóloga Elena Daprá. Pero «no todo vale», deben ser «sonidos e imágenes que activen la zona del cerebro específica para que segregue dopamina, la hormona de la felicidad».

Estos vídeos, en general, incluyen sonidos de baja intensidad y repetitivos: una voz suave, susurros, ruidos al masticar y sorber, chasquidos con la boca, pasar las páginas de un libro o el sonido que hacen los garbanzos, por ejemplo, al caer en un bote de cristal. Relajan y provocan «una sensación estática en la piel, comparable al hormigueo, que normalmente comienza en el cuero cabelludo, recorre la parte posterior del cuello y la zona superior de la columna vertebral», señala Judith Subirana, neuropsicóloga y profesora de Ciencias de la Salud de la Universitat Oberta de Catalunya. «Aunque no hay aún una base neurológicamente bien descrita, algunos investigadores relacionan el efecto que producen en nuestro cuerpo con neurotransmisores como las endorfinas».

Millones de seguidores

En algunas personas causa ese cosquilleo especial, a otras solo les proporciona una sensación de relajación y también puede no tener efecto alguno. «Esa sensación placentera es más fácil de lograr cuando se atiende plenamente, sin hacer otras tareas a la vez», señala Daprá.

«Suelo ponerme algún ASMR cuando vuelvo estresada del trabajo, con unos sonidos noto el cosquilleo pero con otros, no. A mí me producen ese efecto el ruido de las uñas que rozan una cartulina o una pantalla del móvil, el de unas tijeras cortando cartón o las palabras susurradas, que llaman 'cosquillosas'», cuenta María Rodríguez, de 41 años y vecina de Bilbao, usuaria habitual de estos vídeos. Muchos jóvenes los utilizan también para «estudiar y concentrarse mejor», añade la experta. Incluso incorporan estos sonidos en sus listas de reproducción de Spotify.

Daprá resalta que hay pacientes en su consulta que aseguran que escucharlos les ayuda a dormir. «Los usuarios de estos vídeos dicen que les relaja, les ayuda a conciliar el sueño, a reducir su ansiedad o, incluso, para tratar trastornos de pánico y depresión», coincide la profesora Subirana.

La presencia de los vídeos ASMR se ha multiplicado, principalmente en Twitch, y ya marcan tendencia. El prestigioso Museo del Diseño de Londres inauguró ayer una exposición sobre ASMR. Hay ya profesionales dedicados a este tipo de actividad y especializados en técnicas concretas de tacto, visión y audición. Por ejemplo, Ana Muñoz es una de las más populares en YouTube, (con el canal LoveASMR), con 1,6 millones de seguidores y que asegura ser capaz de vencer el «insomio de todo el mundo». Así describe la sensación del ASMR: «Es como el cosquilleo de un masaje». Su especialidad es hablar con susurros y hacer gestos con las manos.

Pero también hay sesiones de ASMR más curiosas en las que una persona toca ligeramente la mano o la espalda de alguien o le corta el pelo. Y se han hecho virales las grabaciones en las que se ve a alguien metiendo las manos en espuma, rellenando tarros de cristal con garbanzos u ordenando botes en la nevera.

En realidad, estas técnicas «siempre han existido, aunque antes eran analógicas y ahora digitales», señala la psicóloga. Por ejemplo, el ruido de las olas o de la lluvia o las palabras que repetimos cantando a un bebé para que se duerma tienen un efecto similar al que provocan los ASMR. Es una técnica también que puede pasar desapercibida. Muchos anuncios publicitarios emplean desde voces a susurros y ruidos relajantes con el fin de provocar en el cerebro de los consumidores una gran sensación de placer que asociamos al producto.

Media hora al día es normal, pero puede llegar a ser adictivo

Las generaciones más jóvenes son la clientela habitual de estos vídeos. «Tiene una explicación. Dan prioridad al bienestar y la felicidad y buscan escapar del dolor y la frustración. Si me das algo que me hace sentir bien en un breve espacio de tiempo, lo compro», explica la psicóloga Elena Daprá. Parece que estos vídeos responden «a la necesidad de los nativos digitales de parar el ruido y la saturación audiovisual», resalta José Gallardo-Camacho, profesor de Comunicación Audiovisual en la Universidad Camilo José Cela. Los jóvenes consumen incansablemente horas de vídeo y ya no buscan solo entretenimiento, «sino placer a través de la imagen», añade. ¿Puede convertirse en una adicción? «Es un fenómeno reciente y no se ha estudiado pero, en todo caso, ver vídeos de este tipo durante media hora al día es normal. Si se está enganchado a ellos horas, ya se trataría de una adicción», alerta.