FELIP ARIZA

¿Cómo me salgo del grupo de WhatsApp?

Los expertos recomiendan no coleccionar chats ni estar por estar. «El grupo de amigos, el del trabajo, el de la familia... poco más»

Yolanda Veiga
YOLANDA VEIGA

Menuda la que se ha montado en el grupo de WhatsApp de familias del colegio!». Lo comentaba una compañera de trabajo cuando faltaba todavía una semana para el arranque de este incierto curso escolar. Desde hace unos años, al trajín habitual de madrugones, extraescolares y deberes se ha unido la ¿obligación? ¿necesidad? de alimentar el chat de padres y madres. Pues no es ni obligatorio ni imprescindible. «En nuestro colegio lo tenemos prohibido y funciona igual de bien».

Habla con conocimiento de causa Marc Masip, CEO fundador de Desconecta, un proyecto nacido en 2012 para aprender a hacer un buen uso de las nuevas tecnologías. Charlamos con él de la «esclavitud» que a veces nos imponemos con los grupos de WhatsApp y cuando mencionamos el de la escuela la respuesta de Masip es gráfica: «¡Uff!». «Ese sí que es complejo porque estás poniendo en compromiso a tu hijo. Que luego todo se comenta: 'La mamá de Fulanito ha dicho que...' Así que dos advertencias: no hables de tu hijo y mucho menos hables del hijo de otro». Más: «Debe ser un grupo solo para dar información sobre asuntos escolares y lo que se debata se debe decidir por votación o no es resolutivo. Piensa que en ese grupo hay gente con otros valores y pensamientos con lo que no te irías jamás a tomar una caña».

Así que nada de memes, de juicios ni de debates que no se ciñan estrictamente a lo escolar. «Cuidado con reenviar esos mensajes que te dicen que lo debes pasas a diez personas o que te ha tocado un vale de 100 euros en no sé qué tienda. Tampoco es recomendable hablar sobre temas opinables que no son el objeto del grupo: por ejemplo, enviar chistes sobre temas políticos o deportivos que pudieran causar conflicto o polémica entre los integrantes. Y, por supuesto, el chat escolar no está para resolver los deberes de los niños», añaden desde Empantallados, plataforma 'online' para asesorar a familias en el uso del móvil, el ordenador y otras pantallas.

Apuntan un dato: «No pasa más de una hora sin que abramos WhatsApp». Desde Desconecta lanzan otro: «Un adolescente mira el móvil cada 7 minutos». Esto es: 205 veces al día. Y explican que esta media incluye las horas de sueño (pongamos ocho) y de colegio (seis), durante las que no tienen acceso al teléfono. De modo que en las aproximadamente diez horas restantes lo miran cada tres minutos. En el caso de los adultos, la actividad es algo menor pero también intensa: «Consultamos el móvil 105 veces al día». La mayoría, para comprobar si tenemos mensajes de WhatsApp.

– ¿Cuántos grupos de WhatsApp es 'sano' mantener?

– Yo diría que entre cinco y siete. El del los amigos del colegio, el de la Universidad, el del trabajo, el de la familia... Poco más. Y siempre silenciados –advierte Masip–.

– ¿De qué sirve estar en tantos chats si los silenciamos y no nos enteramos cuando pasa algo?

– En los grupos de WhatsApp nunca hay urgencias. Como mucho, que se acaba el plazo para pagar el dinero del regalo del cumpleaños del amigo. Y si no pagas, tranquila que alguien te llamará.

– Te descuidas dos horas y se te acumulan cincuenta mensajes sin leer.

– Eso, muchas veces, agobia. Por nuestra consulta pasó una chica de 15 años que tenía tal cantidad de grupos, todos con alerta de notificación porque no quería perderse nada de lo que se hablara, que al final no tenía tiempo ni de estudiar, ni de ducharse... Se pasaba, literalmente, todo el rato respondiendo, quería complacer a todo el mundo en los chats, respondía a todo. Tenía una gran necesidad de admiración y de pertenencia al grupo y eso acabó por provocarle un colapso emocional. La tuvimos en terapia cuatro días a la semana durante un año y redujimos los grupos de WhatsApp a cuatro: familia, amigos, clase y grupo de deporte. Otro paciente, un empresario adicto al trabajo, llegó colapsado. No sabía delegar y estaba todo el día enganchado al móvil. Hizo tratamiento dos horas por semana y acordamos no mirar el teléfono mientas hacía deporte ni mientras cenaba.

6 normas para los grupos de whatsapp

  • No añadas, pregunta antes: Hay que pedir permiso para incluir a alguien en un chat. Existe una opción que permite al crear un grupo enviar un link con invitación a unirse, en vez de añadir a una persona directamente, explican desde la web de Empantallados.

  • No hagas grupitos dentro del grupo: Evita empezar una conversación que solo atañe a uno o pocos participantes. Hablad en privado de vuestras cosas sin molestar al resto.

  • Mesura: Da siempre las gracias y pide las cosas por favor. Aunque con sentido común. No hace falta que la respuesta sean 256 mensajes de '¡Gracias!'.

  • Evita reenviar mensajes de manera automática: Desconfía de algunos mensajes y especialmente de esos que te dicen que se lo debes reenviar a 10 personas o que te ha tocado un vale de 100 € en una tienda muy conocida.

  • Lo ha leído y no responde: Promover el derecho a la desconexión, desactivando el doble check (se pone azul) o confirmación de lectura.

  • Detox de grupos inactivos: Haz 'limpieza' de grupos de WhatsApp. Si eres el administrador de un grupo elimínalo cuando termine la finalidad para la que se creó, por ejemplo una fiesta de cumpleaños sorpresa.

De hecho, esa es la recomendación oficial: 'aparcar' el móvil, especialmente la aplicación del WhatsApp, antes de la hora de la cena. Esa y salir de todos los grupos donde uno no pinte nada. «Bien utilizada es una herramienta sumamente productiva y satisfactoria, pero a la gente le parece que si no está en no sé cuántos chats va a quedar desplazado».

Por eso, dice Marc Masip, algunos están aunque sea para «mirar». «El voyeur se entera de todo pero nunca escribe nada. En el otro extremo está el que alimenta las conversaciones todo el rato, el que tiene madera de líder». Y luego está, añade el psicólogo Enrique García Huete, «el polemista, el que usa el grupo para exponer sus ideas políticas y montar la bronca. A ese le suele dar igual caer mal, disfruta con la bronca. Aunque esas personas no son iguales en todos los chats. Igual en el del trabajo no abre la boca pero en el familiar se cree el más listo y está todo el día pontificando». Lo que acaba «hartando» al resto.

Pues ese es el momento de salirse del grupo, coinciden los expertos consultados. Pero, ¿cómo hacerlo? «Hay dos modos. El sincero: 'Chicos me agobia el chat y no me aporta nada. Es lo que hay. Ciao'. O el que pone la excusa: 'Chicos me salgo del grupo porque ya estoy en muchos'», explica gráficamente Masip. Enrique García Huete recomienda la modalidad primera: «Lo mejor es decirles que estás harto de grupos, que tienes cuarenta y que aunque les quieres, te vas. ¿Qué les vas a decir, que se te ha acabado la pila del WhatsApp?».

– ¿Cómo sienta a los demás?

– Los demás lo deberían entender. Se nos olvida que los grupos de WhatsApp no son obligatorios –recuerda Masip–.

Se acuerda entonces Enrique García Huete de un grupo al que pertenece y que tenía olvidado. «Cuatro compañeros creamos un chat porque íbamos a embarcarnos en un proyecto conjunto. Al final el proyecto no salió y ahí lo hemos dejado, dos años sin decirnos ni 'hola'. Voy a salir del grupo. Si quieren, quedamos para cenar, pero sin grupo».

¿Cómo se echa a alguien?

Si irse del grupo de WhatsApp cuesta, más complicado es echar a alguien. E igualmente saludable, defiende el psicólogo Enrique García Huete. Y da ejemplo. «Cada año celebro mi cumpleaños con un montón de amigos. Y cada año montamos un grupo de WhatsApp para organizar la fiesta. Pues yo he empezado a quitar amigos. Al que me ha dado plantón los dos últimos años, por ejemplo, le echo del grupo. ¿Para qué va a estar en el chat si no va a venir? Luego le llamo y se lo explico, que para eso hay confianza. E igual que eso, hay que hacer 'limpieza' de la agenda y borrar contactos que no aporten», recomienda.

«No escucho audios de más de 20 segundos»

Tiene Marc Masip, experto en adicción a las nuevas tecnologías, como «norma» no escuchar audios de más de 20 segundos. «La gente manda audios de tres minutos y medio. ¡Es terrible! Si tienes algo que decir que no puedes resumir en esos veinte segundos, es que merece una llamada de teléfono», sostiene.