Llevo un chip en la mano

Sirve para abrir puertas, sacar fotocopias, entrar al gimnasio... Ya no es ciencia ficción

ISAAC ASENJO Madrid

Hay episodios de 'Black Mirror' que parecen una broma comparados con lo que cuenta el emprendedor tecnológico Juanjo Tara. Este ingeniero informático de 36 años diseña dispositivos implantables en humanos desde hace seis años, lo que deja en evidencia un poco a los guionistas de estas series futuro-tecnológicas. Vamos, que no son tan visionarios como nos habían hecho creer. Dando ejemplo, Tara se ha implantado él mismo dos dispositivos bajo la piel, uno en cada mano: miden 2 por 16 milímetros, similar a un grano de arroz, y se activan en conexión con un dispositivo móvil exterior. De manera que cada vez que pasa una de sus manos por su teléfono, se enciende una luz LED parpadeante debajo de la piel, indicando que el chip está siendo utilizado.

En 2016 fundó DSruptive, una empresa dedicada a diseñar el hardware de estos dispositivos inteligentes para mejorar nuestra vida través de la tecnología. Un proyecto en línea con la filosofía del transhumanismo, que proclama que en el futuro todos seremos mitad hombres, mitad máquinas. Este tipo de acciones, que dibujan un escenario propio de la ciencia ficción, conllevan implicaciones médicas, éticas, sociales y legales. Durante la charla, el especialista descarta entre risas teorías conspiranoicas como que se pueda implantar un chip en la vacuna contra el coronavirus. «Tanto el implante como la información a introducir son decisiones personales y voluntarias, y el mecanismo no incluye una antena ni radiofrecuencia, por lo que es imposible relacionarnos con el 5G».

¿Para qué se usan?

Con su tecnología, que por ahora solo venden a empresas, el usuario puede entrar en su edificio de oficinas, acceder al ascensor, hacer fotocopias, comprar alimentos en máquinas de 'vending', abrir su cuenta de LinkedIn en un móvil al que acerque su mano o almacenar información como si de una memoria externa se tratase. «Este tipo de implantes podría ser el siguiente paso lógico tras los tradicionales wearables que ya se llevan en forma de gafas o de reloj», comenta.

Para los escépticos, el experto destaca las ventajas. Dice que podemos acortar tiempos que utilizamos en acciones muy repetitivas en el día a día como abrir puertas o pagar. También pregona su utilidad para el guardado de la identificación personal o de datos importantes para casos de emergencia, al no necesitar batería como el teléfono.

El procedimiento, explica, es muy similar a hacer una perforación corporal para ponerse un piercing. Es prácticamente indoloro y se inserta en una zona con pocos puntos de sensibilidad y poca irrigación sanguínea, como es la última de las tres capas que tiene la piel, eligiendo la zona entre los dedos índice y pulgar. Hay entrada y salida de la aguja y se deja una cápsula de cristal hecha de borosilicato. En este caso, se mete el dispositivo y queda dentro cuando se saca la aguja. La acción se realiza en clínicas privadas de medicina estética o en centros donde trabaja gente especializada en piercings, que conocen los riesgos asociados. De ahí que se haga en lugares esterilizados donde el riesgo de infección es casi nulo.

Un grano de arroz

El experto dice que esto que ahora es excepcional tarde o temprano dejará de serlo. En la actualidad él y su equipo están desarrollando dos proyectos en paralelo. Uno de ellos directamente relacionado con la sanidad, ya que se busca que estos dispositivos subcutáneos puedan medir la temperatura corporal de quien lo lleva. El otro proyecto, que ya ha puesto en marcha, muestra al escanearlo el pasaporte covid.

El experto se apresura a precisar que son dispositivos de seguimiento y que solo responden al escaneado. Hasta la fecha, según cuenta Tara, hay en España unas veinte personas que llevan bajo su piel un implante de Dsruptive. Prueba de que esto podría ir a más es que el informe 'Y después de los Smartphone, ¿qué? Ciudadano Cyborg', de Línea Directa y realizado en 2019, arrojó el siguiente resultado: un 20% de la población estaría dispuesta a implantarse un chip bajo la piel que sustituyera al smartphone y sus funciones. Así, el almacenamiento de datos (46%), disponer de una cámara integrada (31%) y contar con un GPS (27%) son las funcionalidades preferidas por los ciudadanos para instalarlas en su cuerpo, según los datos de esta encuesta. Tanto la decisión de implantarse el chip como el proceso mismo de la implantación son, en nuestro país, alegales, al no existir ningún tipo de regulación.

Sistema NFC

Y ¿cómo funciona el dispositivo? «Es un dispositivo pasivo, de dos kilobytes de memoria –unos 2.000 caracteres de información– que solo funciona cuando lo acerco al NFC (tecnología inalámbrica de corto alcance similar a la que se utiliza en las tarjetas bancarias contactless). Queremos que se active cuando el usuario lo decida, él debe tener el control. Hay valores éticos que no queremos pasar». Para grabar, borrar y leer la información se necesita un lector y una aplicación. Juanjo Tara lo hace con su teléfono móvil.

Implantarse el dispositivo cuesta entre 150 y 200 euros, y está pensado para aguantar en el cuerpo al menos 25 años.

Suecia es la cuna del movimiento biohacking por la 'fe' en lo digital

Suecia es una de las fortalezas de los 'biohackers', quienes consideran este tipo de soluciones el futuro de la humanidad pese a los recelos que suscitan para muchas otras personas. En el país escandinavo existe un creciente interés en esta tecnología y son más de 10.000 personas las que llevan un dispositivo electrónico implantado. Muchos lo solicitan para acceder a sus casas, viajar en tren o entrar en el gimnasio deslizando la mano sobre un escáner digital.

En un artículo publicado en la revista de divulgación académica The Conversation, la investigadora de la Universidad de Lund Moa Petersén, experta en cultura digital, señala que los suecos están acostumbrados a compartir sus datos personales debido a cómo está estructurado el sistema de seguridad social del país. Eso allana el camino a todas estas nuevas tecnologías, pero según Petersén esta no es la única causa, sino que juega un papel importante la 'fe' de los ciudadanos suecos en lo digital. «La gente de Suecia cree profundamente en el potencial positivo de la tecnología», asegura.

Hasta el momento, para pagos tradiciones como con Visa o Mastercard no es posible su utilización, porque «hace falta hacer una certificación con ellos, aunque imagino que llegará un momento próximo en el que se consiga», explica Tara.