LAURA RICO

¿Sacará mi ojos... y mi mala leche? ¿Cuánto es genético?

Los genes tienen mucho peso en los rasgos físicos, pero también determinan los andares y hasta si tendrás caries

Yolanda Veiga
YOLANDA VEIGA

Cuando nace un niño rubísimo de padres morenos, la familia se pone rauda a buscar al abuelo o la tatarabuela que tenía la melena pajiza, como si hubiera que justificar ese 'salto' generacional que ha dado la caprichosa genética. Lo hace no pocas veces, de manera que en la misma familia puede haber un descendiente 'clavado' al padre y otro al que no se le encuentra el parecido por ningún lado. Pero en algún lado está: quizá en la forma de andar, en la habilidad para la resolución de problemas matemáticos, en esas formas de líder nato o de todo lo contrario... «Los rasgos físicos son claramente determinados por los genes, de manera que, si tus padres tienen los ojos azules, es muy probable que tú heredes ese color. Y lo mismo si son muy bajos, si tienen un coeficiente alto o si el padre se quedó calvo antes de cumplir los 30. En lo relativo al carácter es más difícil determinar cuánto es heredable y cuánto aprendido, pero los rasgos básicos de personalidad, como la extroversión o la introversión o el temperamento agresivo, sí tienen un alto porcentaje de heredabilidad», explica el doctor Juan José Tellería, secretario de la Asociación Española de Genética Humana (AEGH) y profesor en la facultad de Medicina de Valladolid.

Así que somos, en gran medida, lo que son nuestros padres, pero también «el resultado de la interacción con el entorno», advierte el especialista. «Separe a dos gemelos, llévelos a vivir a países distintos y verá cómo las similitudes físicas se van diluyendo por influencia de ese ambiente. La alimentación de cada región, el hábito del deporte, si se es fumador o no, las infecciones que se sufran a lo largo de la vida... todo eso va moldeando nuestro aspecto físico. No modificará la forma de la nariz o de las orejas, pero sí puede afectar al peso, al riesgo de contraer enfermedades vasculares, a la temprana aparición de arrugas...».

Rasgos físicos

La 'lotería' del color de los ojos

Lo que determina el color de los ojos es la cantidad de melanina, y tener más o menos es algo genético. «Si el padre y la madre tienen los ojos claros, es muy probable que su hija también los tenga, pero, si cada progenitor los tiene de un color, su descendiente puede sacar cualquier tonalidad», advierte el especialista. Y explica, por cierto, que el color azul y verde de los ojos es en realidad el resultado de la ausencia de tonalidad en el iris. «Ese color azulado es resultado de cómo se difracta la luz en el ojo. Es el mismo caso que el mar 'azul'. En realidad no es azul, pero lo parece». Volviendo a la heredabilidad, aunque resulte chocante que dos progenitores con ojos oscuros tengan un hijo de ojos claros, tiene una explicación biológica: «Si el tono de los ojos lo determinan una docena de genes, el resultado final dependerá de cómo se combinen esos genes. Tu padre recibió carga genética de tu abuelo y de tu abuela; y tú, a su vez, la recibes de tu padre y de tu madre. Si tu abuela paterna tenía los ojos azules y esos genes han tenido más peso en ti, heredarás el color de la mirada de tu abuela. Es como si esa carga genética hubiese estado 'escondida', ya que en tu padre no pesó tanto y sacó ojos marrones, pero vuelve a aparecer en la nieta».

La nariz respingona, seña de identidad

«La morfología facial está determinada por los genes: la forma de la nariz, de las orejas, del mentón... Aunque eso no significa necesariamente que vayas a sacar las mismas orejas de tus padres. Ya que, igual que con los ojos o cualquier otro rasgo físico, los genes involucrados en determinar la forma de las orejas pueden haberse combinado de tal forma que ese aspecto no se haya replicado. «Pero eso sí, en el caso de gemelos univitelinos, si uno tiene la nariz respingona, por ejemplo, el otro también la tendrá, porque comparten el 100% de su ADN. Mientras que los que salen de óvulos distintos no tienen por qué parecerse mucho físicamente, ya que solo comparten el 50% de su genoma».

¡Hasta los andares!

Todas las cuestiones físicas son heredables. Y son más de las que imagina: la cantidad de cabello y su propensión a la caída, la dureza de las uñas, la largura de las pestañas y de los dedos, los lunares... hasta la manera de andar. Porque los andares no son un gesto, o no son solo eso, sino que «tienen que ver con la estructura ósea, aspecto en el que los genes influyen mucho», advierte el doctor Tellería.

No es cosa de la alimentación ser bajito

¿Mi hija será alta? Muchos padres esperan ansiosos la revisión del pedriatra, a ver si la pequeña va escalando puestos en el percentil. Pero los estirones, más allá de los propios de cada edad, dependen mucho de los que hayan dado sus padres. «La altura es tremendamente heredable y en países desarrollados donde no hay problemas de malnutrición es cosa casi exclusiva de los genes –saca de dudas el experto–. En países en vía de desarrollo, sin embargo, los factores ambientales influyen más. Imaginemos un lugar pobre en el que un niño se cría bien alimentado y otro pasa hambre. El primero será con seguridad más alto, y esa diferencia de altura no la marcará tanto la genética como las condiciones ambientales, en este caso una mejor alimentación. En España no hay esas diferencias, así que, si uno es bajito, es porque sus padres lo son también». Eso ahora, porque en épocas de hambre como la posguerra ese factor ambiental sí se notó. La prueba es que las generaciones posteriores, que ya no pasaron estrecheces, son más altas.

Las caries también se 'heredan'

El esmalte de los dientes, la propensión a las caries... son aspectos en los que pesa la genética, aunque aquí también influye mucho el 'ambiente'. «Si tus padres son golosos, interpretarás que comer dulce de manera habitual es algo normal, de manera que tendrás más riesgo de sufrir caries no solo porque tus padres también las tienen, sino porque has 'heredado' unos hábitos que lo favorecen, en este caso el gusto por las cosas dulces. Y lo mismo sucede con la higiene dental. En los hogares donde hay costumbre de lavarse a menudo los dientes, los niños presentan menos problemas dentales».

«Tenemos más de 22.000 genes y al nacer recibimos dos copias de cada uno, por parte de la madre y del padre. Los genes son información y, en función de cómo use cada célula esos genes, el resultado es uno u otro. De ahí que dos hermanos con los mismos padres biológicos puedan no parecerse físicamente. El funcionamiento de la genética se puede comparar al de una orquesta. Los instrumentos siempre son los mismos, pero, en función de cómo se combinen, la melodía cambia», explica el doctor Juan José Tellería.

¿Cómo 'funciona' el ADN?

El carácter

Desde el útero

La familia condiciona nuestra forma de ser, hasta la carrera que estudiamos, de ahí las 'sagas' de médicos, abogados, los negocios de familia... No es fácil distinguir cuánto de eso es heredable y cuánto aprendido, «aunque hay un estudio firmado por el investigador estadounidense Ned A. Dochtermann (Universidad de Dakota del Norte) que afirma que el 52% de los rasgos de carácter dependen de los genes», expone Tellería. Y asegura que la influencia se nota desde el inicio: «Cómo vivimos dentro del útero afecta a la formación del feto. Una mujer maltratada genera un alto nivel de hormonas del estrés, cortisol, y no sería excepcional que ese bebé sufriera problemas neurológicos, trastornos de personalidad, déficit de atención...», enumera el doctor Juan José Tellería.

Ser reflexivo o no viene 'dado'

Los llamados rasgos básicos de personalidad son los que se heredan, y determinarán si alguien es extrovertido o introvertido, pasivo o activo, ordenado o desordenado, meditativo, persistente, reflexivo... «También se heredan los temperamentos agresivos».

La inteligencia

«Es curioso, pero, si dos gemelos se separan y viven en entornos distintos y se les hace una prueba de coeficiente intelectual al cabo de 20 años, el resultado será prácticamente igual. Sin embargo, si en la familia donde vive uno de ellos han adoptado a un niño, aunque éste y el hijo biológico se eduquen igual, arrojarán resultados diferentes en el test porque en esta cuestión los genes pesan más que el entorno». La inteligencia, en todo caso, advierte Tellería, no se pondrá en evidencia hasta la adolescencia. «En la etapa de preescolar la influencia genética en los niños en cuestión de inteligencia no pasa del 30%, mientras que se eleva por encima del 70% cuando llegan a los 18 o 20 años». Es ahí, continúa el experto, cuando aflora esa herencia genética y se agrandan las diferencias entre unos y otros. «Eso contradice a veces nuestros deseos, pero la inteligencia, igual que el hecho de ser alto o bajo, parece que es cosa de la genética». Claro que el factor ambiental, obviamente, también influye: un entorno que favorezca el estudio contribuirá a mejores los resultados académicos aunque no se posea un coeficiente muy elevado. «Mis padres eran profesores de Física y Matemáticas y yo tengo la misma manera que ellos de procesar la información, pero, si mi familia no me hubiera podido dar estudios o simplemente yo no hubiera crecido en un ambiente propicio, no habría podido ser jamás médico», señala a modo de ejemplo Juan José Tellería.

De madre deportista de élite, hijo profesional

«Un deportista de élite tiene que tener una personalidad concreta: ser persistente, tener mucha capacidad de trabajo, ser capaz de proyectar un objetivo a largo plazo y trabajar por ello mientras la mayoría de los jóvenes tienden a la satisfacción inmediata... Son rasgos básicos de personalidad que se heredan, de manera que no es raro que en una familia en la que hay un deportista de élite los hijos también lo sean».

Ese gesto me es familiar...

'Mueves la cabeza igual que tu padre', 'haces los mismos gestos que tu madre'... Sucede a veces, pero nada tiene que ver con la genética. «Los gestos son aprendidos». Otra cosa es el lenguaje que acompaña a los gestos, el verbal. «Eso sí es tremendamente heredable, porque la capacidad de dominar el lenguaje es una capacidad superior del cerebro y está muy relacionada con la inteligencia».

Los roles se pueden replicar, pero no es cosa del ADN

«Cada uno ocupa un lugar en la sociedad, tiene una especie de 'rol': uno es el líder, otro el colaborador, otro el que pone pegas a todo, otro el que arrima el hombro... Y eso suele reproducirse en la descendencia. Algo similar ocurre con el nicho social que se ocupa: si una familia está encabezada por unos padres que son líderes en su campo o en su negocio, es probable que esas conductas se repliquen en sus hijos, y lo mismo si tu padre es policía o tendero. No tiene tanto que ver con la genética, sino con lo que has visto y aprendido, con lo cómodo que te sienten en ese espectro social. Y te sientes cómodo porque es un entorno conocido, porque ya lo has vivido en casa...».

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