JOSEMI BENÍTEZ

¿A cuánto pongo el aire acondicionado?

Le parecerá mucho, pero 26 grados es la temperatura óptima (y obligatoria) en verano en recintos públicos y cerrados

Yolanda Veiga
YOLANDA VEIGA

Veintiséis grados en verano. Es la temperatura seca de consenso: suficiente para estar a gusto en ropa ligera y sin riesgo de sofoco. Eso marcan los termómetros estos días en cines, centros comerciales, restaurantes, aeropuertos, oficinas... Eso deben marcar, al menos. O de ahí para arriba; nunca menos. Así lo limita el Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios (RITE), la norma nacional que regula la temperatura en locales administrativos, comerciales y de concurrencia pública.

Lo de los 26 grados es para el verano. En invierno, lógicamente son menos: 21 máximo, especifica el documento –se entiende que en los meses frío uno lleva más ropa–. Son las temperaturas de confort para espacios cerrados. Y están basadas en estudios empíricos en los que se varían las condiciones de espacios cerrados donde se encuentra un grupo de personas controlado. «A los participantes se les manda emitir un voto para valorar su grado de bienestar en los distintos escenarios térmicos planteados (se tiene en cuenta temperatura del aire, velocidad, temperatura de las superficies que rodea a las personas, humedad relativa, vestimenta, grado de actividad) y con ello se determina el porcentaje de personas insatisfechas. Siempre existirá un 5% que asegure no estar cómodo, pero no es admisible bajo ningún concepto espacios donde el porcentaje de insatisfechos supere el 15 %. De hecho, un buen diseño de un sistema de climatización debería logran que el porcentaje de gente que no está a gusto no supere el 10 %», advierte Arcadio García Lastra, secretario técnico de la Asociación Técnica Española de Climatización y Refrigeración (Atecyr). En otras palabras, con esos 21 grados en invierno y 26 en verano, en una oficina de cien trabajadores noventa como mínimo estarán bien. ¿Y los otros diez? Pues unos tendrán calor, otros frío... «Es tan subjetivo... En un mismo espacio alguien puede necesitar una chaqueta y otro pasar calor en tirantes», comenta el especialista.

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Con él 'ajustamos' el termómetro de la oficina, de casa, incluso del coche... Aunque la obligatoriedad solo afecta a los edificios administrativos y 'públicos' que aparecen especificados en el RITE: tiendas, supermercados, grandes almacenes, centros comerciales, teatros, cines, auditorios, centros de congresos, salas de exposiciones, bares, restaurantes y cafeterías, estaciones y aeropuertos... «En casa cada uno puede poner el aire acondicionado o la calefacción a lo que desee». Así que Arcadio García hace solo «una recomendación»: «Una vivienda en verano debería estar a una temperatura de entre 23 y 25 grados; y la humedad relativa, entre el 30% y el 70%, porque una diferencia de un 10 % de humedad en espacios cerrados puede hacer variar la temperatura seca que apreciemos como buena en 0,3 grados» Con esos datos y vestido con ropa ligera uno debe encontrarse a gusto. Otra cosa es que te hayas quedado medio adormilado en el sofá –probablemente ahí sientas frío– o, lo contrario, que estés haciendo alguna actividad de cierta intensidad.

Deporte, por ejemplo, que ahora muchos lo hacen en casa. En los gimnasios, sin embargo, «tanto en invierno como en verano la temperatura debería ser la misma, ya que todo el mundo se viste igual para ejercitarse en sitio cerrado ya sea noviembre o mayo, y la intensidad del ejercicio suele ser la misma». Porque insistimos en que lo haga, el especialista accede a dar una cifra: «entre 20 y 22 grados estaría bien».

Salimos del gimnasio y nos montamos en el coche. Hay quien va a gusto con la ventanilla bajada y quien se cierra herméticamente y se pone el 'chorro' frío: «La temperatura va a depender mucho de la radiación solar. Un coche, al tener tanto cristal, se calienta antes que una vivienda, así que los días de verano de mucho sol habrá que poner un grados menos que cuando está nublado». El 'abanico' recomendado por el experto –la temperatura de los vehículos no está sujeta a normativa alguna– se situaría «entre los 22 y los 25 grados», algo menos que en casa, «porque concentrarse para conducir aumenta la actividad metabólica».

JOSEMI BENÍTEZ

– No parece mucho un grado arriba o abajo...

– Un grado es un salto grande. En dos sentidos: a nivel físico notamos una diferencia hasta de medio grado; y en lo referente a la cuestión energética, poner en un edificio la calefacción a un grado más de lo recomendado o el aire acondicionado a un grado menos puede suponer un sobrecoste energético del 10% o del 15%.

Un despilfarro que no es solo de dinero, «sino de energía». «Las temperaturas que marca el reglamento están calculadas en función de su eficiencia energética». Y esta obligatoriedad no es fácil de esquivar, especialmente en espacios muy grandes: teatros, centros comerciales, oficinas de la Administración... El RITE exige que en las superficies de más de 1.000 metros cuadrados se coloque un termómetro «en un sitio visible y frecuentado por las personas que utilizan el recinto, prioritariamente en los vestíbulos de acceso, y con unas dimensiones mínimas de 297 x 420 mm (DIN A3) y una exactitud de medida de ± 0,5 ºC», reza el documento.

Por una cuestión de eficiencia energética, los edificios y locales con acceso desde la calle, indica la normativa, «dispondrán de un sistema de cierre de puertas adecuado, que puede consistir en un sencillo brazo de cierre automático» con el fin de impedir que estén abiertas permanentemente «con el consiguiente despilfarro energético por las pérdidas de calefacción y refrigeración al exterior», indica Arcadio García Lastra.

Se mide a 1,70 metros

Pasarán favorablemente la inspección, dicta el RITE, aquellos locales cuya temperatura se aleje de la fijada en la legislación como mucho un grado. Y las comprobaciones de temperatura se harán a una distancia de 1,7 metros del suelo, la altura media de una persona.

Pero además de estos grados de temperatura y humedad relativa fijada en la norma, Arcadio García Lastra advierte sobre otras dos cuestiones que recoge la legislación y que no hay que desdeñar: «Debemos tener cuidado con las corrientes de aire, que se deben evitar, sobre todo en tobillos y nuca. Y también ojo con la diferencia vertical de la temperatura del aire. Es muy incómodo sentir la cabeza caliente y los pies fríos».

El agua de la piscina, entre 24 y 30 grados

El Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios dedica un apartado a las piscinas climatizadas. Y advierte de que la temperatura del agua debe oscilar «entre los 24 y los 30 grados, salvo en recintos de uso terapeútico». Y que esta se medirá «en el centro de la piscina y a unos 20 centímetros por debajo de la lámina de agua». Fuera, «la temperatura seca del aire se mantendrá entre 1 y 2 grados por encima de la del agua del vaso, con un máximo de 30 grados». Además, «la humedad relativa del local se mantendrá siempre por debajo del 65 %», señala la normativa nacional.