MONTSE ROURE

Así influye el cerebro en nuestra piel

Los afecciones más habituales se originan o empeoran por el estrés, cómo es posible?

Solange Vázquez
SOLANGE VÁZQUEZ

Quizá sea demasiado decir que la cara es el espejo del alma... pero algo de cierto hay, como en casi todas las perlas de sabiduría popular. Los dermatólogos no dejan de repetir que la piel –el órgano más extenso del cuerpo y uno de los más complejos– y el cerebro están conectados de tal manera que trastornos del estado de ánimo como el estrés o la ansiedad se dejan ver en nuestra epidermis.

Pero, ¿tiene una evidencia científica esta alianza que nos parece tan extraña? La doctora Natalia Jiménez, dermatóloga en el hospital madrileño Ramón y Cajal y experta en la vertiente estética de su especialidad, nos aclara la correlación: «Es una relación más estrecha de lo que a priori podamos imaginar. Ya en la etapa embrionaria queda claro. Todas las células de nuestro cuerpo derivan de tres capas: ectodermo, mesodermo y endodermo.

Curiosamente, tanto el desarrollo del cerebro como el de la piel provienen de la misma capa: el ectodermo». Es decir, piel y cerebro tienen el mismo origen desde los primeros compases de la formación de un ser humano. Así lo explica la experta en 'Ponte en tu piel' (editorial Aguilar), donde Jiménez, que también se dedica a la docencia y a la investigación, da consejos de 'skincare' (cuidado de la piel) que se basan, primero, en conocerla bien, un paso que normalmente nos saltamos cuando queremos mejorarla. Según ella, sabiendo cómo funciona podemos actuar y obtener buenos resultados por menos dinero.

Y una de las claves, antes de lanzarnos a llenar nuestro neceser de cremas, ampollas y sérums, es tener muy en cuenta que «la piel puede reflejar nuestras emociones». «Por eso nos ruborizamos ante situaciones de vergüenza, se nos eriza el vello en respuesta a algunas sensaciones...», repasa.

Estudios revelan que dormir cinco horas o menos se relaciona con una mayor aparición de arrugas

Para Jiménez, el principal enemigo de una piel bonita y sana es el estrés. «Provoca la concentración de cortisol y adrenalina en la sangre y esto se traduce en problemas de piel», destaca. Y aunque el nerviosismo no es la causa única de las enfermedades cutáneas más comunes en las consultas de los dermatólogos (dermatitis atópica, psoriasis, rosácea, acné), sí que es un factor desencadenante de brotes.

Desde su amplia experiencia, Jiménez afirma que cuesta mucho lograr una mejoría de estas dolencias solo con medicación y cremas. En la mayoría de las ocasiones, algunos cambios de fondo, más profundos, son la clave para obtener buenos resultados, aunque los pacientes se muestran escépticos: «Tendemos más a confiar en una crema que nos recomienda una amiga y que promete milagros que en los consejos de un profesional... En todo lo que se refiere a la piel es así», lamenta.

No hay milagros

Bien, vamos a darles, para variar, un voto de confianza a los expertos y vamos a intentar mejorar el estado de nuestra piel sin fórmulas milagrosas. ¿Qué hacemos? «Para empezar, un poco de ejercicio y, si podemos, algo de yoga o meditación», aconseja Jiménez. Ella ha constatado que un poco de actividad física diaria (no hace falta que seamos atletas) mejora el estado de la piel. Hay estudios que indican que el ejercicio ayuda a preservar y renovar el colágeno –básico para la firmeza– y la elastina. Y al sudar también se mejora la circulación sanguínea y se 'limpia' la piel.

Otro consejo 'fácil': «Dormir de seis a ocho horas», destaca Jiménez. Algunas investigaciones han determinado que dormir en torno a cinco horas o menos se relaciona con una mayor aparición de arrugas, tal y como advierte Jiménez. Además, los expertos recalcan que durante el sueño se producen de manera natural colágeno y elastina, la piel se oxigena y se regenera.

Ejercitarse, descansar suficiente, evitar tóxicos como el tabaco o al alcohol y también el azúcar... «El buen estado de nuestra piel depende en un 75% de nuestros buenos hábitos y en un 25% de la genética». Lo que heredamos de nuestros padres no es un porcentaje despreciable, pero podemos dilapidar nuestras ventajas hereditarias a nada que nos despistemos. «Por ejemplo, tomando el sol sin control, que es la principal causa de envejecimiento», subraya Jiménez.

De hecho, de todas las rutinas que apunta en su libro para mejorar el estado de los distintos tipos de piel, la fotoprotección de 50 o más es la clave. De hecho, insiste en que no podemos prescindir de ella de ninguna manera. Tal y como recalca, hay que aplicársela todo el año.Con esto y con muy pocos cosméticos (y no muy caros) podemos tener una piel bonita y sana. No hace falta gastarse un dineral en tratamientos y cremas. «Vemos gente que en invierno usa bótox y se quita manchas con láser y en verano se expone al sol sin medida», recrimina.

Así que el 'skincare' aconsejado por Natalia Jiménez, referencia de famosos como el modelo Jon Kortajarena, se basa en buenos hábitos y pocos productos (Jiménez es muy fan del retinol como parte de la rutina de la noche), pero acertados. «No hace falta hacer como las coreanas, con sus rutinas de cuidado interminables y que se han puesto tan de moda», asegura.

Beber mucha agua... ¿También es clave? Pues no, no lo es

En su libro, la dermatóloga Natalia Jiménez desmiente muchos mitos relacionados con la piel. Por ejemplo el de que para tenerla bonita, hidratada y cuidada hay que beber mucha agua, dos litros diarios. Ella matiza: «Beber agua es bueno para el funcionamiento general del cuerpo, pero la hidratación de la piel no se rige por el agua que consumes, sino por las cremas hidratantes que empleas». Para las afecciones que empeoran con el estrés, tenerla bien hidratada es clave: si no es así, la barrera protectora no realiza bien su función y las descamaciones y molestias empeoran.