¿Por qué no es buena idea elegir el menú infantil para tu hijo?

Se abusa de rebozados, ultraprocesados y azúcar; los niños deben comer como los adultos

Marta Fdez. Vallejo
MARTA FDEZ. VALLEJO

a mayoría de los restaurantes y bares ofrece ya menús infantiles. Y en verano las familias recurren a ellos con más frecuencia porque comen en muchas ocasiones fuera de casa. Incluyen platos que resultan atractivos para los más pequeños como macarrones, nuggets de pollo, croquetas o carnes procesadas:salchichas, hamburguesas... acompañado de abundantes patatas fritas. Es una solución para que los padres tengan la fiesta en paz, sin protestas ni peleas. Pero no suelen ser saludables, ni contribuyen a que los pequeños aprendan a comer de todo, alertan los expertos en nutrición.

Aunque son habituales en nuestras celebraciones y comidas familiares, «no hay ninguna necesidad real» de pedir un menú infantil, señala la nutricionista Beatriz Robles. «Los niños no tienen que seguir una alimentación especial más allá de la etapa de bebés, en la que se les introducen los alimentos de forma progresiva, o cuando son pequeños y tenemos que cuidar que no se atraganten con determinados alimentos como los frutos secos o unos palitos de zanahoria», incide. «Deben comer lo mismo que los adultos, pero en menor cantidad», resume.

Y con más razón habría que evitar los platos especiales para niños si tenemos en cuenta su escasa calidad nutricional –sin duda hay excepciones–. «Cuando hablamos de menús infantiles que encontramos en restaurantes o en bares generalmente tienen muy poca variedad y se basan en un primer plato de pasta o arroz con tomate y de segundo no se sale del filete de pollo empanado o ternera, precocinados como empanadillas, fingers de pescado...», resalta Robles.

De hecho, es muy difícil encontrar un menú infantil de restaurante que incluya verduras, hortalizas, legumbres o algún pescado que no sean barritas precocinadas. «Además de ese exceso de alimentos refinados, pasta y arroz blanco; carne procesada, como las salchichas; y fritos rebozados (croquetas, empanadillas, patatas…), está exento de verdura fresca y de frutas», valora el nutricionista Alberto Sánchez, autor del libro 'Qué le doy de comer?' (Ed. Paidós), en el que insiste en que no debe haber una comida para niños diferente a la de los adultos. Lo habitual en el postre son los helados y lácteos azucarados como yogures, flanes o natillas. «Lo opuesto a lo que debería ser un menú saludable», alerta el experto.

Si abusamos de estos platos 'fáciles' no llevamos a cabo la tarea imprescindible que hay que hacer con los más pequeños: que se acostumbren a comer de todo, señalan en la Asociación Española de Pediatría (AEP). Calculan que hay que exponer entre diez y quince veces cada alimento a un niño para que lo acepte. Exige paciencia pero es el camino adecuado. «Como adultos, tenemos que ser conscientes de que van a rechazar de entrada alimentos nuevos y determinadas texturas», comenta Robles. El problema es que si les acostumbramos a comer solamente ese tipo de productos, lo normal es que protesten cuando queramos incluir otros alimentos en su menú.

Y el extra del refresco

Los nutricionistas inciden en que la razón por la que los padres piden los menús especiales para niños en los restaurantes es por evitar problemas. «Que lo coman bien, sin protestas, porque son alimentos apetecibles para ellos, que les gustan mucho», apunta Robles. «Lo que busca el menú infantil es dejar en paz a la familia, que se pueda consumir fácilmente, con alimentos a los que los niños estén acostumbrados. Y por eso ganan la partida los productos malsanos: croquetas, empanadillas, pizza…», destaca Sánchez.

¿Y la bebida? En los menús suele estar incluido un refresco y lo cierto es que en las comidas fuera de casa hay más manga ancha para ceder a los caprichos de los pequeños. «Los refrescos contienen mucha cantidad de azúcar. Incluso aunque declaren no tener azúcar añadido. Y cuando se toman disminuye el apetito y dejan de comer otros alimentos más importantes», detallan en la Asociación Española de Pediatría.

A los bares y restaurantes los menús infantiles les resultan «fáciles de preparar y baratos», señala Robles. Pero no se les puede echar la culpa, en muchas ocasiones son las familias las que piden esos platos «ya que es la comida que dan habitualmente a sus hijos», indica el experto. Es, además, una forma de reducir el precio por cubierto de los niños.

La consecuencia del abuso de estas comidas es una bomba de grasas poco saludables y azúcares. «Aumenta el riesgo de desarrollar exceso de peso y diabetes tipo 2 al cabo de los años. Además, el abuso de azúcar puede causar caries», advierten los pediatras. Pero el problema, precisan, no se soluciona de la noche a la mañana, exige educar el paladar de los niños en casa día a día.

Educar el paladar

  • Si comes verduras, comen verduras Para conseguir que coman de todo hay que empezar cuanto antes. Al llegar a la adolescencia ya es muy complicado. Y no se puede delegar la tarea en los colegios. Una norma básica: los pequeños actúan por imitación; si nos ven rechazar las verduras o abusar de la pizza, también lo harán

  • Cómo hacerlo Introducir los nuevos alimentos de forma progresiva y a pequeñas cantidades. Cuando rechazan una comida hay que aceptarlo y volver a intentar que la tomen a los dos o tres días. También se puede esperar a que el niño tenga más apetito para probar de nuevo. Nunca dar premios ni castigos por comer, ni distraerlos con la tele. Los alimentos hay que presentarlos de forma atraciva –pero sin endulzarlos con azúcar ni con salsas industriales–, sino cambiar las texturas y buscar combinaciones más apetitosas.

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