Así debes protegerte del sol de invierno

No 'pega' como el de verano, pero también debemos de tener en cuenta una serie de precauciones para minimizar los daños en la piel y los ojos, los dos órganos más afectados

Carmen Barreiro
CARMEN BARREIRO

Pocas cosas hay más placenteras que sentir el calor de unos rayos de sol dándote en la cara en un día de frío. El sol de invierno es probablemente una de las sensaciones más agradables y reconfortantes, pero también tiene su 'cara b'. Cada vez somos más conscientes de la necesidad de proteger nuestra piel de la exposición solar durante los meses de verano, pero se nos suele olvidar a medida que baja la temperatura y aumentan las capas de ropa.

«El sentido común nos dice que en otoño e invierno hay menos horas de sol y el índice de radiación ultravioleta es menor, por lo tanto parece razonable pensar que tenemos que protegernos menos. Y es así, no debemos volvernos locos. Ahora bien, si nos vamos al monte todo el día o nuestra piel es propicia a las manchas debemos de tomar una serie de medidas para evitar dañarla todavía más», explica el doctor Eduardo Nagore, jefe del Servicio de Dermatología del Instituto Valenciano de Oncología (IVO). Estas son algunas de las claves para minimizar los riesgos del sol en esta época del año.

Cáncer de piel

«No pasa nada por exponerse al sol unos minutos sin protección»

Desde el punto de vista del cáncer de piel, el experto insiste en que «no pasa nada» por estar expuestos durante unos minutos al sol de invierno sin ningún tipo de protección solar. «La radiación es mucho más baja que en los meses de verano, de manera que los 20 o 30 minutos que nos puede dar el sol en la cara o en las manos de camino al trabajo no nos va a provocar un melanoma», tranquiliza el doctor Nagore, miembro de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV). Otra cosa es que vayamos a pasar todo el día al monte en un día despejado o pasemos la mañana al sol en un banco del parque, como suelen hacer muchas personas mayores, más propicias a sufrir este tipo de enfermedades. «En estos casos, no está de más echarse protección solar», conviene el especialista valenciano.

Envejecimiento y manchas

«En estos casos, la crema solar es fundamental»

En cuanto al envejecimiento de la piel, el doctor Eduardo Nagores es tajante: «Cada rayo que que nos llega, nos envejece. Y esto es así porque se trata de un proceso acumulativo que va dañando nuestra piel poco a poco a lo largo de nuestra vida». De manera que si lo que pretendemos es mantener la piel lozana el máximo de años posible, es fundamental echarse protección solar todo el año.

Lo mismo ocurre con las manchas, una de las patologías de la piel que más envejecen el rostro. «Son tremendamente desagradecidas», admite el dermatólogo valenciano. El problema es que aunque se eliminen con tratamientos, «en cuanto nos vuelve a dar el sol en la zona despigmentada, salen de nuevo», advierten en la AEDV.

Otro de los casos en los que hay que ser «exquisito» con la protección solar es el de las personas que ya han padecido cáncer de piel o sufren queratosis actínica, unas manchas o lesiones ásperas que suelen aparecer con el paso de los años en zonas muy expuestas al sol como la cara o las manos.

Acné

«El otoño es una de las épocas en la que se producen más brotes»

El verano sienta muy bien a determinadas patologías dermatológicas como la dermatitis atópica o el acné. Sin embargo, no se puede decir lo mismo del otoño. Según explica el doctor Nagore, «además de producir melanina, una de las maneras que tiene la piel de defenderse de las agresiones del sol en verano es aumentando su espesor para evitar que los rayos solares lleguen a las capas más profundas. Lo que ocurre es que este engrosamiento tiene un efecto rebote, que se suele traducir en brotes de acné en los meses de septiembre y ocubre».

Cuidados

Hidratación a todas horas ¡No te olvides de las manos!

«La hidratación es la piedra angular de una piel sana y bonita, de forma que debe ser una constante durante todo el año, también en otoño e invierno. Tampoco debemos olvidarnos de hidratar y proteger las manos», aconsejan los dermatólogos del grupo Pedro Jaén.

«Las gafas de sol deben ser amplias y envolventes»

Después de la piel, los ojos son el órgano que más sufre las consecuencias de la radiación solar, por lo que también es importante protegerlos del sol en los meses de otoño e invierno. «Lo ideal es usar gafas con una buena protección ultravioleta y que sean amplias y envolventes para que así no nos afecten los rayos», precisa Gloria Hermida, presidenta de la Sociedad Internacional de Optometría del desarrollo y del Comportamiento (Sideoc).

La elección del grado de protección de la lente depende de para que queramos usar las gafas de sol. En este sentido, la normativa europea distingue cinco categorías, que van del 0 al 4. Las de 0 y 1 tienen una protección menor y solo se recomiendan para días sin sol o para grandes espacios cubiertos, mientras que las de protección 2 y 3 son las más adecuadas para los días soleados. De hecho, son las más habituales. «En el caso de las personas de ojos claros se recomienda usar la 3 todo el año», señala Hermida. Las de grado 4, que es el máximo, se utilizan para esquiar o en deportes de alta montaña. Pero además del nivel de protección, también debemos tener en cuenta que la gafa tenga un filtro contra los rayos ultravioleta, fundamental «para evitar daños en los ojos». Además, en invierno la sequedad ocular se agrava debido a la bajada de temperaturas y la exposición a los agentes contaminantes.