LAURA RICO

«Congelo óvulos porque no quiero renunciar a ser madre, pero ahora no es el momento»

Dos treintañeras nos cuentan cómo afrontan este proceso y dos ginecólogos en qué consiste, lo que cuesta...

Yolanda Veiga
YOLANDA VEIGA

Quedarse embarazada es muy difícil. La especie humana es muy mala reproductora». Se apoya Francisco Carmona, jefe del Servicio de Ginecología del Hospital Clinic de Barcelona, en la evidencia de los datos estadísticos: «Una mujer de 22 años que mantenga relaciones sexuales con regularidad tiene entre un 18% y un 22% de posibilidades de quedarse embarazada en cada ciclo. Si esa mujer tiene 30 años, las opciones se reducen al 12% o el 14%, y no pasarán del 6% después de los 35 años». La fertilidad, advierte el especialista –una referencia nacional en el tratamiento de la endometriosis, enfermedad crónica que afecta a la fertilidad– «sufre un declinar suave hasta esa edad, pero se acelera muchísimo a partir de los 38 o los 40 años». De ahí que la Sanidad, en general y salvo excepciones, financie tratamientos de fertilidad solo hasta los 40: «No lo hace más tarde porque a esa edad la posibilidad de embarazo ya es baja. Si tuviésemos que concretar cuál es la horquilla de máxima fertilidad podríamos situarla entre los 22 y los 26 años».

Muchas mujeres se estarán viendo retratadas al leer estas líneas. Porque les ha costado ser madre a los cuarenta y tantos, porque siguen en el empeño... «De esto no se habla en las consultas de ginecología. Pero yo, sistemáticamente, advierto a las chicas mayores de 27 o 28 años sobre las dificultades del embarazo a edades tardías». No les aconseja que congelen óvulos de forma expresa, pero sí les da la información. Y algunas lo hacen.

En 2018, un total de 3.900 mujeres congelaron óvulos en España, una práctica que comenzó en nuestro país en 2008, según explican desde la Sociedad Española de Fertilidad (SEF). Así es el proceso.

La edad

El límite, en torno a los 35

«No hay un interruptor que diga 'hasta aquí', pero a partir de los 35, espabilemos», advierte Francisco Carmona. Y confirma Luis Martínez Navarro, presidente de la Sociedad Española de Fertilidad: «Cuanto antes se congelen los óvulos, mejor; pero hasta los 35 se mantiene la calidad de los ovocitos. Apurando podríamos llegar incluso a los 37. Por encima de los 38 la calidad va a empezar a declinar, y también la cantidad»

El perfil

Mujer sin pareja de 37 años

«Por debajo de 35 años es raro encontrar mujeres que congelen óvulos. Cuando llegan a las clínicas tienen ya 36, 37, 38 años... La mayoría vienen solas, han estado apurando las posibilidades de encontrar pareja. De hecho, he visto pocas mujeres con pareja», advierte el doctor Martínez.

¿Por qué congelar?

Endometriosis, cirugía que afecte a los ovarios, cáncer...

La congelación temprana de óvulos está especialmente recomendada para mujeres con cáncer o enfermedades inmunológicas que, por la medicación que se les administra, vean afectada su fertilidad, mujeres que se van a someter a cirugía donde hay riesgo de perder ovarios, endometriosis severa... También para chicas que piensen en una maternidad tardía y para aquellas que tengan una baja reserva folicular: «A veces se ve claro en una simple ecografía. Otra opción es un análisis de sangre para medir el nivel de la hormona antimulleriana».

El proceso

Pinchazos en el abdomen

Los ovarios sueltan oleadas de óvulos, se pierden casi todos y solo uno ovula. La estimulación ovárica no provoca que se liberan más óvulos, sino que no se pierdan tantos. El proceso consiste en una estimulación hormonal que comienza el segundo día de regla: inyecciones que, generalmente, se ponen en el abdomen. El proceso se prolonga 10 u 11 días, hasta que la mayoría de los folículos alcanzan un tamaño (diámetro) de 18 milímetros. En ese momento se administra otra inyección que desencadenará la ovulación al cabo de 36 horas. Será en ese momento cuando se proceda a la punción para extraer los óvulos, justo antes de que se rompa el folículo. La extracción se hace con una aguja dotada de un sistema de aspiración que extrae el líquido de los folículos que alberga los óvulos. La punción tarda entre 10 y 15 minutos y la mujer permanece sedada. Después de la extracción hay que esperar 2 horas para saber cuántos de esos óvulos son maduros y se pueden congelar.

La cantidad

Intentar llegar a los diez

Coinciden los expertos en que diez óvulos maduros es un número «razonable» para anticipar que, una vez se descongelen en el futuro, quede una cantidad buena para transferir. Hay que contar con que, una vez descongelados, en el proceso de fecundación se pierden en torno al 60% de esos óvulos.

La fecundación

Microinyecciones de espermatozoides

Una vez descongelados, se microinyectan espermatozoides para que se produzca la fecundación. Y se espera cinco días a ver la evolución, ya que los embriones que lleguen a ese quinto día tendrán más posibilidades de implantación.

El precio

En torno a los 2.000 euros

Aunque cada clínica fija libremente los precios, la media de un proceso de extracción de óvulos oscila entre los 1.500 y los 3.000 euros. Aparte, los medicamentos, que pueden elevar la factura otros 1.000 euros –la mitad si la mujer es muy joven y necesita menos medicación–. Algunas clínicas incluyen en el precio dos años de congelación, otras cinco... y pasado ese tiempo hay que hacer otro desembolso para mantenerlos congelados.

La edad

No es habitual por encima los 50 años

No hay un tope de edad fijado para realizar este tipo de tratamientos, pero «en España es díficil encontrar clínicas que traten a mujeres mayores de 50 años», advierte Luis Martínez Navarro.

LOS TESTIMONIOS

«¿Quién puede tener hoy hijos con 25 años?»

«No sé cuántas veces he escuchado eso de: 'se te va a pasar el arroz'. Pero ahora mismo no me veo con un hijo. Quiero viajar, salir, entrar... Por fin tengo un trabajo estable, un piso. ¡Estoy empezando a vivir!». Habla así Elena, educadora social del Ayuntamiento de Barcelona, 31 años. Pero rápidamente añade: «Tengo claro que quiero ser mamá, no voy a renunciar a esa experiencia, me da igual sola o con pareja. Pero ahora no es el momento».

Por eso va a congelar sus óvulos. «Lo haré en septiembre. Me han comentado que se te hincha la tripa, durante diez u once días hay que ir a hacerse ecografías vaginales un día sí y uno no. Así que dejaré pasar el verano porque quiero hacerlo tranquila. No voy a ir por ahí de vacaciones con el 'kit' para pincharme las inyecciones. De momento estoy haciéndome los análisis previos: de sangre, otro para conocer mi reserva ovárica... Este no entra por la Seguridad Social y, francamente, no me parece bien».

Elena tiene un pariente cercano ginecólogo, así que nunca le ha faltado información. «Tengo una amiga que ya ha congelado óvulos y otras dos que se lo están pensando. Cuando me decida a ser madre lo intentaré primero con mis óvulos, pero saber que tengo congelados me da tranquilidad. Me quita esa presión y esa carga de que me estoy haciendo mayor. ¿Quién puede tener hoy hijos con 25 años?». A ella le parecería una buena edad «los 35», pero antes le quedan cosas por hacer: «Viajar, conocer el África negra. ¡Y Bután! Es mi viaje soñado. Pero me veo allí con un bebé de año y medio».

«Lo peor del proceso fue el primer pinchazo»

«Hace años que una compañera de trabajo congeló sus óvulos para preservar la fertilidad y, desde entonces, lo tenía en mente. Durante la pandemia empecé a considerarlo seriamente y este pasado mes de marzo me he sometido al proceso. Han podido congelar seis óvulos. No he querido repetir el proceso para obtener más». Clara, pedagoga donostiarra de 35 años, tiene «una reserva ovárica bajita», así que no ha querido esperar más «porque a partir de los 35 la calidad baja drásticamente».

Está separada y para ella «de momento, la maternidad pasa por un proyecto compartido», así que ha congelado sus óvulos para darse «una opción» en el caso de que cuando decida ser madre se encuentre con dificultades. «Me ha costado más de 3.000 euros, pero me lo podía permitir. Y ahora que lo he hecho tengo la sensación de tener una cosa asegurada».

Cuenta Clara que imaginaba un proceso duro, pero que no le ha resultado así. «Lo peor era pincharme a mí misma, parece algo antinatural, así que el primer día me pinchó una amiga. Los siguientes días ya lo hice yo. Tras una semana larga de estimulación ovárica confiesa que se sentía «muy hinchada» y con «molestias y algunos dolores», que fueron remitiendo en unos pocos días. «Lo que más miedo me daba era cómo me iba a encontrar emocionalmente porque las reglas ya las paso con altibajos, pero me he sentido bien».

Aunque su idea inicial era «ser madre antes de los 30» no pudo ser. «Me casé y me separé. Me estoy haciendo mayor y, socialmente, siento esa presión de la maternidad, pero mi círculo cercano no me agobia».