Montse Roure

Asperger: Ni éxito ni enfermedad

Este trastorno del espectro autista se debate, equívocamente, entre dos aguas. Las series están dando a conocer este trastorno, pero ¿reflejan la realidad?

Isaac Asenjo
ISAAC ASENJO Madrid

Cada vez protagonizan más series y en estas se les retrata como personas hiperracionales e inteligentes (a menudo involucradas en resolución de casos criminales), con enorme talento pero, a la vez, con serios problemas de socialización y dificultades para comprender las emociones de los demás. Hablamos del síndrome de Asperger. Personajes como Shaun Murphy de 'The Good Doctor', Sonya Cross en 'The Bridge' o Gil Grissom en 'CSI', así como rostros conocidos como Bill Gates o Elon Musk han ayudado a que tengamos una imagen positiva de este Trastorno del Espectro Autista (TEA), aunque esta imagen que muestra la ficción no es muy realista. De hecho, no todas las personas que sufren esta alteración del desarrollo son extremadamente inteligentes y solo un 10% de los afectados tienen altas capacidades, según la Confederación Asperger España. Tampoco todos se aíslan ni se muestran reacios a mostrar sus sentimientos.

Así que esta imagen tan estereotipada que vemos en la pantalla funciona como un arma de doble filo para los expertos médicos. Ya que, por un lado, estas series sirven para sensibilizar a la sociedad sobre este trastorno pero, por otro, transmiten un conocimiento vago y superficial de lo que supone convivir personas que temngan Asperger. «La diversidad es enorme. No hay una persona TEA igual que otra, al igual que ocurre con el resto de personas. No obstante, sí que existen una serie de cualidades comunes, principalmente en relación con la comunicación y la interacción social, y con la rigidez cognitiva y comportamental. Esto no significa que lo que caracteriza a las personas TEA sean exclusivamente aspectos negativos», explica Paula Jiménez Sevilla, psicóloga general sanitaria en la Asociación Asperger Madrid.

Ni dobles sentidos ni ironías

Las personas con este trastorno, interpretan el mundo de otra manera porque su cerebro se ha conformado de forma distinta. Y, biológicamente, lo que hay detrás es un trastorno del desarrollo neurológico que les acompaña desde el momento de nacer. No es una enfermedad.

En relación a la interpretación de las palabras, no siguen las pautas habituales para participar en una conversación, presentan intereses restringidos a temas particulares, tienen dificultades para entender algunos conceptos abstractos y suelen interpretar el lenguaje al pie de la letra, sin comprender los dobles sentidos, los juegos de palabras, las ironías o las metáforas. También suelen mantener comportamientos ritualísticos y presentar estrés ante cambios e imprevistos.

En España, el 30% de las 450.000 personas con trastorno del espectro autista tienen este trastorno del desarrollo neurológico.

La experta explica que los obstáculos de las personas con este autismo leve, tienen que plantearse desde un punto de vista empático y constructivo. Si se emplean las intervenciones adecuadas, dichas dificultades pasarán a ser, simplemente, otras características más de la persona, «aceptando la diversidad como una realidad de nuestra sociedad», que podrá tratarse, compensarse y «generar una igualdad de oportunidades real».

Ignacio Pantoja es biólogo, tiene un máster en Neurociencias y estudia Farmacia. Ha escrito 'Los autistas también queremos estar cerca', un libro en el que reivindica la neurodiversidad, un espacio para las pesonas con trastorno del espectro autista y visibilizar los derechos de su comunidad. Le diagnosticaron Asperger a los 18 años y entendió por qué había tenido tantas dificultades en su vida. «Si tengo fobia social es por el bullying, no por el TEA. No es una enfermedad y debemos reivindicarnos como personas normales. No queremos que nos curen sino que nos comprendan. Trato de hacer amigos como cualquiera, tenemos sentimientos y empatía», relata en una charla en la Universidad de Zaragoza.

Atención temprana

El síndrome de Asperger tiene como peculiaridad que sus síntomas son tan sutiles que, a menudo, resulta difícil de detectar tempranamente, según indica María José Mas, neuropediatra y autora del libro 'El cerebro en su laberinto'. «No hay retrasos en la aparición de las primeras palabras o formulación de frases. No obstante, sí puede intuirse en las relaciones con el entorno y con los otros, así como en los intereses poco habituales».

La experta indica que cuanto más rápidamente se detecte, antes se podrán iniciar las acciones necesarias que le ayuden a desarrollar las habilidades para superar sus barreras. «Muchos diagnósticos se hacen después de los 7 años, incluso en la adolescencia o en la edad adulta». De ahí la importancia de la atención temprana para ofrecer herramientas adecuadas para ayudar a calmar su ansiedad, paliar su soledad y establecer relaciones con los demas. «Cuanto antes se empiece a trabajar las necesidades de apoyo, mejor será la adaptación al medio, el alcanzar los objetivos establecidos y la satisfacción de la persona», apunta Jiménez Sevilla.

En cuanto a los signos de alarma, la neuropediatra se ciñe a tres momentos importantes en los bebés: que a los 9 o 10 meses no muestre interés por las personas ni por sus reacciones, que al año no responda a su nombre o no señale los objetos que quiere mientras mira a su interlocutor y que a los 2 años no sea capaz de jugar de forma imaginativa, variada y «haciendo ver que…».

Características de este trastorno

1) Déficits en la comunicación social y la interacción social.

2) Hipersensibilidad o hiposensibilidad a determinados estímulos sensoriales.

3) Patrones restringidos y repetitivos de comportamiento, intereses o actividades.

4) Conductas obsesivas en algunas situaciones.

5) Inflexibilidad del pensamiento.

6) Resistencia para aceptar el cambio.

7) Tener dificultades para entender el lenguaje corporal.

8) Dificultad para entablar amistades.

9) Literalidad: comprende el lenguaje según el significado exacto de las palabras, por lo que muchas veces no entienden las bromas, los chistes, las metáforas o los sarcasmos.

10) Nerviosismo cuando están en grupos sociales grandes.