Ilustración: Higinia Garay

El agua que ha de beber

¿2,5 litros al día? ¿Con limón depura? ¿Mejor filtrada en jarra? El gesto más saludable está rodeado de mitos infundados

Rocío Mendoza
ROCÍO MENDOZA Madrid

Ante la duda, beba agua del grifo en función de la sed que tenga. Una vez más, en la alternativa más sencilla está la respuesta correcta. Parece una conclusión fácil, pero para alcanzarla hay que saltar por encima de un sinfín de bulos sobre el agua que bebemos y, especialmente, la del grifo. Ya sea para denostarla como para mejorarla con fórmulas mágicas a cuál más bizarra. Dos nutricionistas de renombre, Julio Basulto y Carlos Casabona, desgranan en su último ensayo 'Beber sin sed' (Paidós), entre otros temas, los mitos creados en torno al agua, con el fin de desmontarlos a base de evidencia científica y así revivindicar su consumo como el hábito más saludable.

CANTIDAD NECESARIA

¿Quién dijo 2,5 litros diarios?

A no ser que su médico le diga lo contrario, lo recomendables es beber cuando el cuerpo se lo pida. Hemos oído tantas veces que hay que tomar 8 vasos al día (o 2,5 litros) que «hay gente que vive atada a una botella de agua –alertan los citados nutricionistas– y se siente culpable por no cumplir». Basan su defensa del beber en función de su necesidad, entre otros datos, en el estudio sin conflicto de intereses del profesor emérito de Fisiología y Neurobiología de la Dartmouth medical School, Heinz Valtin, en el que revisó todo lo publicado sobre el particular. Concluyó que «no existe ninguna evidencia científica sobre la necesidad de cumplir con esta cantidad en individuos que vivan en climas templados». Hay excepciones, claro: algunas enfermedades (fallo renal, por ejemplo), el ejercicio extenuante o la exposición a temperaturas muy altas. Pero pocas más allá. También existe la creencia de que cuando llega la sed es tarde porque es signo de deshidratación. Al respecto reflexiona Valtin: «Es difícil imaginar que el desarrollo evolutivo nos haya dejado un déficit crónico de agua que deba compensarse forzando la ingesta». Si aún duda, hace una década la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria dictaminó que «el estado normal de hidratación puede alcanzarse con un amplio rango». Rango que marca la necesidad individual.

MÁS AMIGO QUE ENEMIGO

¿El cloro mata? ¡Menos mal!

Sí, el cloro mata, pero no a quien bebe agua que lo contenga, sino a muchos micoorganismos patógenos que sí podrían ser potencialmente mortales para las personas. «Dejar de beber agua del grifo por su cloro sería tan absurdo como dejar de añadir nuez moscada a la bechamel», ponen como ejemplo Basulto y Casabona. Esta especia provoca alucinaciones, vómitos y dolor generalizado si se toman más de 10 gramos de una tacada. Como decía Paracelso, la dosis hace al veneno. Igual pasa con el cloro del agua del grifo. «Es un desinfectante muy efectivo a dosis irrisoriamente bajas», añaden los nutricionistas. Además, recuerdan que reduce el mal gusto y elimina los malos olores que hay de forma natural en el agua. Algún lector pensará que los autores del trabajo no han probado el agua de su ciudad. «Nos encontramos a gente que dice que sabe a rayos, pero lo cierto es que hemos viajado por toda España y jamás hemos encontrado ese supuesto mal gusto», cuentan. Creen que es cuestión de acostumbrar al paladar, como con el amargo del café o la cerveza.

ALARMA POR UN ESTUDIO

Alerta, químicos cancerígenos

Un estudio publicado en enero de 2020 relacionaba la presencia del trihalometano en el agua del grifo (un compuesto generado después del proceso de descontaminación del agua) con la incidencia del cáncer de vejiga en Europa. En función de los datos disponibles, el Instituto de Salud Global de Barcelona realizó un cálculo, cuyo resultado trascendió en forma de conclusión alarmista: «El 5% de los cánceres de vejiga se relaciona con agua potable contaminada». No estaba basado en el estudio de casos reales de la enfermedad desarrollada a causa del químico, sino en un cálculo teórico. Digamos que los datos no constituían una prueba real que justificase el revuelo. La propia autora del estudio, Cristina Villanueva, sostiene: «Cumplimos con la ley en España; el agua del grifo es potable y se puede beber». Recuerdan Basulto y Casabona que España no supera el límite permitido por el reglamento europeo, que es de 100 microgramos/litro. Aquí el nivel es de 28,8 microgramos/litro. Si le preocupa el cáncer de vejiga, sepa que el tabaco es el principal factor de riesgo de padecerlo.

AGUA DURA, AGUA ¿MALA?

No sin mi jarra depuradora

¿Qué significa que el agua sea 'dura'? El grado de calcio y magnesio que contenga. Y en menor medida, con el hierro, el manganeso y el zinc. Esta 'dureza' influye en el sabor y en las propiedades organolépticas. El límite recomendado por la OMS está en 600 mg de carbonato de calcio por litro. Por encima de 200, puede formar incrustaciones en tuberías y depósitos. Si es inferior a 100 mg/l, puede corroer tuberías. Pero «la dureza no causa efectos adversos en lo humanos». Solo en los electrodomésticos. Los expertos recomiendan que solo un nefrólogo debe decirle si tiene que preocuparse de la dureza del agua. Y es que hay una excepción. No existe evidencia científica que relacione el beber agua 'dura' y el desarrollo de piedras en el riñón, pero sí se sabe que puede ser útil no beberlas si ya se padecen. Por contra, el calcio y magnesio presentes en el agua sí puede ser saludables porque contribuyen a cubrir las necesidades del organismo. El cuerpo aprovecha tan bien el calcio del agua como el de la leche. Por su parte, la presencia de magnesio puede reducir el riesgo cardiovascular. De ahí que estos autores adviertan de que las populares jarritas caseras que ablandan el agua eliminan entre el 94 y el 98% del calcio y el magnesio.

LAS AGUAS ESTÚPIDAS

Alcalinas, con limón... ¿hidrógeno y ¿oxígeno?

Con limón, agua ácida alcalina con hidrógeno u oxígeno (sic). La doctora Marion Nestle llama al conjunto de aguas con supuestas propiedades milagrosas las 'silly water' (agua estúpida). No en vano, ¿cómo vender un agua con oxígeno, con qué otra cosa si no? Quizá el más popular sea el beneficio del agua con limón, al que se le atribuyen propiedades antioxidantes, adelgazantes y hasta antienvejecimiento. «Lo único que mejora es la cuenta corriente de quien las venden», denuncian los autores de 'Beber sin sed'. En cuanto a sus efectos, lo único que se ha demostrado es que el zumo de limón erosiona el esmalte dental y la dentina. Sobre las aguas saborizadas, son consideras como un refresco más. No es agua, sencillamente. Para darle otro aire al líquido elemento de forma saludable, recuerdan la larga lista de infusiones que ofrece el mercado.

REINVENTANDO LA RUEDA

La peligrosa moda del agua cruda

3,5 millones de personas mueren cada año por enfermedades relacionadas con el agua y la falta de acceso a la potable. «Por eso nos ponen los pelos de punta las invitaciones a beber agua cruda o agua de mar», reconocen Basulto y Casabona. El agua cruda es aquella que no ha pasado por ningún proceso de depuración. En California existen empresas que la venden, a pesar del riesgo que conlleva. También ha saltado recientemente a la palestra lo bueno de beber agua de mar. Le llaman 'la dieta del delfín'. «Pero ni en sueños sirve para perder peso», sentencian. Juan Revenga, otro nutricionista, explica que «para paliar la sed bebiendo aunque sean pequeños sorbos de agua de mar implica dar comienzo a un peligroso círculo vicioso: cuanta más se beba, más deshidratación y por tanto sed se padecerán». La consecuencia sería el «empeoramiento palpable del estado de diferentes órganos y sistemas corporales».