Mikel Casal

Tu vida por unos 'likes'

¿Cuánta gente puede matarse estúpidamente por una foto?

Isaac Asenjo
ISAAC ASENJO Madrid

Decía Einstein que solo había dos cosas infinitas, el universo y la estupidez humana, y que de lo primero no estaba seguro. El célebre físico alemán se tiraría de los pelos en esta época de 'selfies' y 'postureo' en la que la sensatez escasea. Entiéndase como estupidez aquella «torpeza notable en comprender las cosas». Y parece que algunos humanos nunca entenderán cuánto vale la vida, y continúan arriesgando sus días por un puñado de 'likes'.

Desde el año 2008, la búsqueda de la imagen perfecta para impresionar en redes sociales ha matado a 379 personas, según un reciente estudio de la Fundación iO. Una de cada tres personas se encontraba de viaje, por lo que la radiografía del imprudente es un turista, hombre en su mayoría, tanto nacional como internacional, y menor de 25. La tendencia es al alza y, tras un breve paréntesis por la pandemia, ha resurgido con fuerza pese a las numerosas restricciones de viaje aún vigentes.

El último caso conocido en España ocurrió en septiembre, cuando una joven ucraniana de 26 años cayó desde 20 metros de altura por el balcón del Mediterráneo del Castillo de Benidorm. El intento de selfie junto a una amiga se convirtió en una imagen póstuma. La misma fortuna corrió una noruega de 24 años, en mayo, al caer desde una terraza situada en un noveno piso de Marbella; otra mujer de 28 años falleció en noviembre de 2020 mientras se hacía unas fotos con unas amigas en la azotea de un edificio de cinco plantas en Barcelona; y una adolescente de 14 años que cayó desde una claraboya en una planta sexta en Madrid en marzo de ese año.

Erostratismo digital

Entre las razones que pueden explicar que alguien ponga en riesgo su vida para ser viral, está la competición digital que supone Internet. «Vivimos en una economía de la atención, competimos por llamar la atención, por tanto, si queremos disputarla necesitamos utilizar imágenes especiales, duras y desviadas», comenta Myriam Herrera, profesora de Criminología de la Universidad de Sevilla en base a un estudio de la autora de reciente publicación, lo que se considera como 'erostratismo digital'.

«La motivación por trascender afecta a la intensidad y forma para conseguirlo»

«En Internet, la eternidad es posible gracias a la viralidad», afirma la experta, que añade, que la motivación por trascender afecta a la manera y la intensidad para conseguirlo. «El deseo de producir materiales virtuales no solo opera en un sentido motivacional, impulsando la acción dañina misma, sino que afecta igualmente al modo e intensidad de impacto de dicha acción en términos presenciales». Así, el afán histriónico puede movilizar conductas lesivas más contundentes y visualmente explícitas, por ejemplo, incrementando el peligro de asumir un posado de riesgo. «El hedonismo, la búsqueda de aventura y el impulso simbólico de conseguir una autoimagen idealizada y trascendente nos lleva a la caída de la norma con todos los peligros que supone», concluye Herrera.

Y es que parece una tontería, pero esos pocos centímetros más al borde de un precipicio para mejorar el ángulo de la foto pueden resultar mortales. De hecho, la primera causa de estos accidentes es la caída de lugares como cataratas, acantilados y azoteas. Le siguen los accidentes con medios de transporte, los ahogamientos y las armas de fuego.

Autoestima baja

Según explica Enric Soler, tutor del grado de Psicología de la Universidad Oberta de Cataluña, el refuerzo positivo, el sexo y la comida son las motivaciones más poderosas del ser humano, y los likes son precisamente un refuerzo positivo, aunque falso en los casos más extremos. La razón es que se puede buscar el like eligiendo una de entre decenas de fotografías «que se ve desde un ángulo, con una exposición y saturación de color ideales. Refleja una imagen ideal, pero no auténtica», señala Soler, y añade que las personas con la autoestima más baja son las que necesitan constantemente recibir estos refuerzos positivos desde el exterior.

«Esa necesidad de proyectar una imagen y un estilo de vida que es el que se espera de nosotros, puede distorsionar, y mucho, nuestra propia vida. Incluso podemos llegar a conformarnos con la fantasía de estar viviendo una vida que no es la propia, lo que implica una distorsión cognitiva grave», señala Enric Soler. La disconformidad entre nuestra propia imagen y estilo de vida y el ideal de ambos «puede llevarnos a sufrir una depresión clínica, al no aceptarnos tal como somos, y a adicciones de todo tipo cuya función sería la de desconectar de nuestra realidad, o incluso a una patología dual», afirma el profesor de la UOC.

«Personas con baja autoestima necesitan siempre recibir refuerzos positivos»

La propia red social puede ser adictiva. Como explica Soler, cuanto menos tiempo se dé entre la conducta -subir una fotografía- y la satisfacción -recibir el refuerzo positivo en forma de 'likes'-, más adictiva es esta estructura de conducta-respuesta.

Frágil autoestima

«Estamos hablando de una estructura psicológica, un patrón, mediante el cual el usuario sostiene su frágil autoestima, y que además cumple con las características de una adicción. Las adicciones acostumbran a ser síntomas de un problema (autoestima baja, en este caso) hasta que se convierten en problema en sí mismas», advierte a la vez que añade que desactivar los likes es una oportunidad de comprobar si estamos enganchados a ellos o no. «Si lo estamos, recomiendo pedir ayuda urgentemente a un profesional cualificado, antes de que las consecuencias sean más graves», afirma.