Irrimarra

Personas altamente sensibles, cuando las emociones son blanco o negro

Este rasgo de la personalidad, que afecta al 20% de la población, hace que sientan todo de una manera extrema. Lo bueno es muy bueno y lo malo, lo peor

Carmen Barreiro
CARMEN BARREIRO

El hijo de Carlos, de año y medio, no soporta los cuellos altos. «Le entran los siete males, lo veo incluso angustiado». Le pasa lo mismo con las chaquetas. «Si no has subido bien la cremallera y le roza el cuello un milímetro del dentado entra en colapso. Y, por supuesto, odia los guantes». El bebé de Elena se negó a probar biberones desde el primer momento. «Las tetinas le producían rechazo», explica su madre. A Lucas, el hijo de Lali, «le despierta el sonido de una mosca» y Andrea todavía recuerda «con nitidez y horror» su primer día de piscina. Y eso que han pasado más de veinte años: «El aire denso, los gritos de los niños y los profesores, las correcciones exacerbadas... Salí de allí con tal ansiedad que mi madre tuvo que hablar con la directora del colegio». Lara (36 años) tampoco olvida cómo se sentía cuando era pequeña. Sufría por todo: por los estudios, por la salud de su madre enferma, por el bienestar de su hermano mayor... Necesitaba tener cierto control sobre lo que sucedía a su alrededor. «Me involucraba de tal forma que era insano», razona a toro pasado.

Lo que de alguna manera une a todas estas personas, en apariencia diferentes, es un rasgo común de su personalidad, que además comparten con el 20% de la población mundial: son altamente sensibles. «Tenemos muy asimilado que hay personas temperamentales, cariñosas, dulces o ariscas, pero también debemos comprender que existen otras –y son muchas– que son muy sensitivas, tanto a nivel de pensamiento como emocional», explica la psicóloga infantil Úrsula Perona, que acaba de publicar 'NAS, niños altamente sensibles' (Ed. Toromítico), un libro a modo de guía práctica con el que pretende ayudar a los padres a «conocer y entender» las necesidades de estos pequeños, «a menudo incomprendidos».

Una de las principales características de las llamadas personas altamente sensibles (PAS) es que desde bien pequeños viven sus experiencias de una manera muy intensa. «Se emocionan más por cada circunstancia de su día a día, pero también sufren más. Tienen un cerebro diferente, superdotado a nivel emocional. Lo que ocurre es que toda esa sobrecarga de estímulos que reciben les suele llevar a sentirse estresados e incluso a necesitar tiempos de descanso durante sus rutinas. Además, estas personas tienen una gran capacidad para entender cómo se sienten los demás debido a que tienen un sistema nervioso muy rico en neuronas espejo», precisa la psicóloga Manuela Pérez Chacón, presidenta de la Asociación Española de Profesionales de la Alta Sensibilidad (PAS España) y una de las mayores expertas de nuestro país en este campo.

«Es como si en sus emociones no hubiera una escala de grises –ilustra Perona–. Todo es extremo: lo que duele, duele mucho y una emoción como la vergüenza les puede llegar a resultar perturbadora. Además, son conscientes desde muy pequeños de que son diferentes a los demás. La inteligencia, su fuerte intuición y esa capacidad de análisis profundo que los caracteriza los hace jugar en otra liga. El problema es que ese tipo de personalidad también puede convertirse en un regalo envenenado si no se sabe gestionar. Percibir tantos estímulos con semejante lujo de detalle resulta muy agobiante».

Ruidos, olores, tejidos...

Aunque cada persona altamente sensible es un mundo –los hay que son incapaces de acudir a un concierto porque no soportan las aglomeraciones, otros sufren de dolor crónico o no pueden soportar el roce de determinados tejidos sobre la piel...– comparten una serie de características que Úrsula Perona resume en cuatro grandes pilares. El primero es el procesamiento profundo de la información que reciben, de reflexión intensa. «Desde pequeños tienden a tener cierta tensión mental. Le dan muchas vueltas a las cosas antes de hacerlas. En lugar de 'pienso, actúo y, en función de los resultados, corrijo', lo que hacen es 'pienso, pienso, pienso... y luego actúo'. Suelen tener un pensamiento rumiativo y una manera de pensar más exhaustiva, añade la presidenta de PAS España.

El segundo es su gran empatía, que se traduce en una forma de vivir las emociones muy intensa, además de una gran facilidad para percibir las emociones de los demás. «Cualquier estímulo del exterior lo interpretan de una manera extrema, con lo cual todo les afecta más. Un pequeño suceso sin importancia puede convertirse en todo un drama, un mal gesto les duele profundamente... Lo bueno es muy bueno y lo malo, lo peor», resume Perona.

El tercer pilar que caracteriza a una persona altamente sensibles es un desarrollo muy especial de los cinco sentidos. «Son capaces de percibir detalles muy sutiles que al resto se les escapan. Son personas fácilmente perturbables por olores, ruidos o determinadas texturas», desliza Perona. Cuenta Carolina, la mamá de Marco, un niño de 2 años altamente sensible, que su hijo no lleva nada bien las reuniones familiares bulliciosas. «Siempre llega el momento en el que estalla y me lo tengo que llevar a una habitación aparte, en silencio. Al cabo de un rato está como nuevo. Tampoco le gustan las calles concurridas ni los centros comerciales», enumera.

¿Necesito ayuda?

Otra de las características que define este tipo de personalidad, que comparten con más de un centenar de especies animales, es la sobreexcitación. «Perciben todo lo que ocurre y lo que sienten de una manera tan intensa que puede resultar desbordante. Por eso, es frecuente que presenten un carácter más introvertido –no confundir con timidez– o necesiten momentos de recogimiento», coinciden las expertas. En resumen, tanto los niños como los adultos altamente sensibles tienen un perfil muy emocional, empático y creativo, además de una gran capacidad para procesar la información y para decidir basándose en el análisis.

¿Cómo se gestiona este tipo de personalidad? «Una PAS sabe que es especial desde que tiene uso de razón y comprender que su manera de sentir y percibir el mundo no es un problema les hace sentir alivio», asegura Manuela Pérez Chacón. Una vez que la persona reconoce este rasgo de su personalidad –existen test gratuitos en la página web de PASEspaña (www.pasespana.org) para salir de dudas– es habitual que se haga muchas preguntas: ¿y ahora qué hago?, ¿cómo debo actuar?, ¿realmente necesito ayuda?, ¿quién me puede ayudar?... Y así hasta el infinito. «Si el cerebro de una persona altamente sensible ya le da mil vueltas a cualquier circunstancia de su vida cotidiana, imagínate ante algo tan importante como su propio bienestar emocional y personal. En este sentido, el autoconocimiento es imprescindible. También es importante saber poner límites y tener una 'zona de desconexión' para situaciones de saturación. Si hay muchas rencillas que solventar, la solución ya no es tan sencilla. En esos casos, se recomienda pedir ayuda profesional para tratar los aspectos que estén perturbando el bienestar del paciente desde un enfoque basado en el conocimiento de la alta sensibilidad», conviene la presidenta de PAS España.

En el caso de los más pequeños, la psicóloga Úrsula Perona enumera una serie de consejos generales que pueden ayudar a los padres de niños altamente sensibles en su vida diaria. «El primero, aunque parezca obvio, es aceptar la situación. Ser capaz de reconocer la personalidad de tu hijo es fundamental para entender sus necesidades. Ahora bien, que sea así no implica barra libre. Tenemos que trabajar la paciencia y la empatía, pero con límites y disciplina. El amor no es sinónimo de permisividad. Fomentar su autoestima y respetar sus emociones también ayuda al niño a relacionarse mejor con su entorno. Si notas que empieza a estar incómodo, elimina lo que le estresa: apaga la tele, recoge juguetes, baja la persiana... Tampoco le fuerces. Si le da grima jugar con la plastilina o pisar el césped no le obligues. La clave de la crianza de un niño de alta sensibilidad pasa por el amor y la comprensión».

«Mi hijo no es un tiquismiquis consentido»

  • Una de las características que primero se dejan ver en los niños altamente sensibles (NAS) es su irritabilidad. «Es posible que juzgues a tu hijo como exigente, quisquilloso o mimado. Puede que no comprendas de dónde le viene su incomodidad o qué le pasa en cada momento. Identificar este rasgo en adultos es sencillo, pero ¿qué pasa cuando son pequeños?», plantea la psicóloga infantil Úrsula Perona. Estas son algunas de las características que comparten los NAS.

  • 'Timidez': «Está entrecomillado a propósito, porque no es timidez como tal. Puede que otros niños parezcan más sociables y espontáneos, mientras que tu hijo necesita un periodo de adaptación ante situaciones nuevas», describe Perona. Es habitual que reaccionen con rabietas exageradas cuando se estresan. «A veces pierden totalmente el control, llegando incluso a golpearse»

  • Madurez suelen sentirse cómodos con adultos y es frecuente que tengan amigos imaginarios. Les gusta hablar, reflexionar y preguntar.

  • Introversión/extroversión: esto dependerá de su temperamento. El extrovertido disfrutará de ser el protagonista y llevará la voz cantante la mayor parte del tiempo, mientras que el introvertido se agobiará siendo el centro de atención.

  • Quisquilloso: «La textura de la ropa, las etiquetas, la suciedad, el roce de los zapatos, la textura de la comida, la temperatura... Puede parecer un niño quejica, pero no es así. No exagera, si dice que algo le molesta es que verdaderamente le molesta», explica la autora de 'NAS, niños altamente sensibles'.

  • Susceptible: cualquier alteración de su rutina la siente con intensidad. ¿Por qué comemos más tarde? ¿Por qué cambiamos de parque?...

  • Sentidos muy desarrollados: «Tienen un oído muy fino, una gran nariz para los aromas, hasta los más delicados... Son niños que están siempre alerta y que se percatan de todo», precisa Preona.

  • Sexto sentido 'emocional': «Tienen la cualidad de ser empáticos a dos niveles: cognitivo (entienden las emociones de los demás) y emocional (sienten lo que el otro está sintiendo)».

  • Perfeccionista: «Hacen todo con suma entrega, pero el perfeccionismo y la autoexigencia son un arma de doble filo».

  • Bloqueo: «Experimentar las emociones con tanta intensidad les resulta abrumador, lo que puede llegar a saturar y bloquear al niño»