Implacable, bufón, miedoso... ¿qué patrón te define?

Hay desviaciones del ego que 'explican' nuestra personalidad

Solange Vázquez
SOLANGE VÁZQUEZ

Nos preciamos de conocernos a nosotros mismos, pero, en realidad somos un misterio. No solemos dedicar demasiado tiempo a pensar por qué somos como somos, por qué actuamos de una manera y no de otra. Y casi todo tiene explicación a poco que indaguemos. ¿A qué nos ayuda este autoanálisis? A aprender a convivir con nuestras luces y sombras... y a cambiar lo que no nos conviene.

¿Cambiar? Hay gente muy escéptica a este respecto.Pero sí, se puede. «Casi todo el mundo sabe por dónde puede mejorar, porque el ser humano es por naturaleza autocrítico, pero chocamos constantemente con el 'cómo'», indica Francesc Miralles, experto en desarrollo personal, conferenciante y autor de '20 preguntas existenciales' (Kairós). Es decir, no sabemos de qué está hecho el 'material' (nuestra personalidad) que queremos modificar. Una buena fuente de pistas es la infancia, donde se han creado 'marcas' en nuestra personalidad.

Así lo explica Irina de la Flor, coach profesional, conferenciante internacional y asesora de empresarios, políticos y organizaciones no gubernamentales. Según afirma, existen «desviaciones del ego» que se traducen en una serie de patrones de personalidad estándar en los que todos nos podemos reconocer. Cuando llegamos a la mediana edad, en torno a los 45 o 50 años, ya tenemos uno de ellos predominante, «aunque a lo largo de la vida podemos superponer varios, como a capas». Y también podemos superar algunos de ellos si nos lo proponemos. He aquí el 'kit básico' de desviaciones. Vamos a ver dónde nos reconocemos.

El miedoso

Este tipo es habitual entre las personas que se han criado en una familia donde había mucho miedo de fondo (a la enfermedad, a la ruina, al fracaso) y que han generalizado esta emoción. «En la edad adulta esto se puede traducir en tener miedo a cualquier cosa: a conducir, a ganar dinero, a no ganar dinero, al trabajo… Y, aunque es un sentimiento que tenemos todos, hay gente que lo sufre con mucha más intensidad», apunta De la Flor.

Contrapeso: Trabajar la confianza.

La víctima

Quienes tienen este perfil comparten algo: han sufrido rechazo. Generalmente, no han tenido a sus padres cerca durante la infancia, y ellos se quedaron con la idea de que era así porque no valían la pena. «Esto crea la personalidad de la víctima: se quejan continuamente. Solo ven las pegas, el juicio. Es una personalidad muy común», apunta la terapeuta.

Contrapeso: La crítica que hacen hacia afuera es una proyección de la crítica hacia sí mismos, así que es importante que aprendan a valorarse. «Sí, porque ese sentimiento de 'yo no valgo' hace que escojan parejas abusivas, se queden en entornos laborales abusivos, sufran 'bullying', maltrato… », alerta.

El mártir

Crecer en un ambiente autoritario o haber sentido que nuestros seres queridos se avergonzaban de nosotros nos convierte en carne de cañón para ser mártires. «A diferencia de 'las víctimas', estas personas no se quejan: realmente sienten que no son merecedoras de nada. Por eso, suelen verse envueltas en situaciones en las que siempre hacen más de lo que les corresponde...», señala De la Flor.

Contrapeso: Romper ese bucle y hacerse valer.

El sirviente

Los 'sirvientes' son así porque alguna vez han sufrido abandono y la impotencia les ha calado tan hondo que ya creen que no pueden con nada. «Suelen estar en segundo plano, a pesar de que es habitual que tengan un enorme potencial», detalla la experta.

Contrapeso: Empezar a pensar primero en ellos mismos.

El intelectual

«Suelen tener el corazón roto. Por lo general cultivan mucho la mente y creen que el amor es peligroso», explica. En algún momento han sido tratados con frialdad y eso les ha llevado a protegerse.

Contrapeso: Tienen que asumir que para vivir una vida plena hay que arriesgarse a querer a otros.

El vanidoso

Paradójicamente, esa persona tan vanidosa que conoces no es tan fuerte como parece. Probablemente, su actitud tenga origen en el rechazo temprano –generalmente, de sus padres– y ha decidido que eso no le va a volver a pasar bajo ningún concepto. «Es gente que se prepara mucho para hacerse una buena imagen y que la respeten», desvela la tarapéuta.

Contrapeso: Solucionar 'lo de dentro' y dejar de preocuparse por las apariencias.

El perfeccionista

Son muy exigentes y a veces resultan algo insoportables para quienes les rodean. ¿Por qué lo quieren todo cortado a su medida y no admiten variaciones? La respuesta es inquietante: alguna vez han sentido vergüenza de sus figuras de referencia.

Contrapeso: «Deben aprender a ser más flexibles, a vivir sin controlar, a jugar…», aconseja.

El implacable

Esa persona que no se detiene ante nada, más dura que una piedra, en posesión de la razón... Resulta que es frecuente que a edades muy tempranas se haya sentido 'invisible'.

Contrapeso: Son difíciles de cambiar, porque se creen en posesión de la verdad. «Putin sería un ejemplo», apunta.

El bufón

Suelen proceder de familias de gente muy despreocupada y sin límites. «Por eso sienten que están por encima del bien y del mal y hacen cosas muy arriesgadas y temerarias», describe De la Flor.

Contrapeso: Deben ser más conscientes y aprender a lidiar también con lo peor de la vida y con la muerte.

¿Forjar personalidades sanas? Afecto y atención, sí. Exceso de halagos, no.

«Todo tiene parte de genética: el comportamiento y la personalidad, también», indica Julio Rodríguez, psicólogo, genetista y divulgador científico. Según explica, en los rasgos de la personalidad –como el narcisismo, por ejemplo– la heredabilidad tiene mucho menos peso que los factores ambientales, tan importantes en los primeros años de vida. Según el experto, si el niño no sufre ninguna carencia afectiva o de atención, «tendrá una personalidad mucho más formada y sólida, o por lo menos dispondrá de los elementos necesarios para construirla». Pero, si el desinterés paterno es negativo a la hora de formar una personalidad, el exceso de halagos también: hace a los críos dependientes del 'aplauso'.