La generación del 'tardeo'

Los cambios de hábitos recreativos desdibujan unas noches que ya no son como las de nuestros padres

ISAAC ASENJO Madrid

Lejos quedó ya el mítico 'Ritmo de la noche' que sonaba en los años 80. Aquellos jóvenes que arreglaban el mundo durante la madrugada y se retiraban cuando salía el sol estiran ahora la hora del vermú para salir por la tarde y plegar velas antes de que anochezca. Una costumbre, la del 'tardeo' que, con las restricciones horarias impuestas por la pandemia, ha adquirido el estatus de moda y ha atraído no solo a los que ya no quieren (o no pueden) trasnochar, también a generaciones más jóvenes. ¿Y para los bares? Pues se ha abierto una nueva fórmula de negocio. La incógnita es saber si estamos ante una tendencia pasajera o si ha venido para quedarse.

«Durante más de un año, a jóvenes, pongamos menores de 30 años, se les ha limitado su principal modelo de socialización. No se ha construido un ocio alternativo y lo que han hecho es seguir con el modelo de negocio existente dentro de las opciones que había», explica Ferran Giménez, sociólogo y profesor colaborador de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC.

Basta darse una vuelta cualquier fin de semana por esas terrazas atestadas de gente desde primera hora de la tarde para comprobar cómo ha cambiado el paisanaje en el último año. Antes de la pandemia a esas horas salían los adolescentes, que hoy se entremezclan con aquellos ya entrados en los cuarenta –si acaso, estos quedaban para tomar un café, pero no unas cervezas–. Así, las mesas presentan grupos heterogéneos de chavales y otros que podrían ser sus padres –estos, incluso, con carritos de bebé en algunos casos–.

«Los hábitos tienen bastante estabilidad y los horarios son muy consistentes. Hay una cuestión básica de disponibilidad biográfica, adultos con cargas familiares que no pueden permitirse estar hasta las tantas de la noche de fiesta y a los que resulta más fácil logísticamente salir por la tarde. Necesitan conciliar su vida familiar y laboral con el ocio», constata la profesora de Sociología de la Universidad de Salamanca Emilia Riesco. En el caso de los chavales, ansiosos por salir y relacionarse, simplemente se han adaptado a los horarios que permiten las administraciones. «Más allá del nombre que le pongamos y la hora a la que lo hagamos, lo que necesitamos es relacionarnos», destaca Giménez.

La noche baja de intensidad

No obstante, los cambios de hábitos sociales en las diferentes generaciones desdibujan unas noches que ya no son como antaño. «Ya antes de la pandemia los adolescentes dejaron de ir a las discotecas. La alternativa fue el botellón, mientras que los jóvenes adultos priorizaron otro tipo de ocio», explica el antropólogo social Carles Feixa, catedrático de la Universidad Pompeu Fabra. «Hay un cierto cansancio del ocio clásico basado en salir de copas, donde los jóvenes son meros consumidores. Y una búsqueda de formas más autogestionadas y baratas de diversión, donde ellos se sientan protagonistas; es una tendencia que se ha acentuado con la pandemia», cuenta el sociólogo Luis Ruiz Aja, autor del libro 'Noche y jóvenes'.

Un estudio de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción revela que solo el 38% de los jóvenes españoles acude con frecuencia a discotecas y prefieren otras alternativas. Un descenso de casi el 30% si lo comparamos con los números de hace diez años, cuando dos de cada tres jóvenes confesaban ser clientes asiduos de estos locales.

Por su parte, el consumo de alcohol diurno aumenta año a año, según los datos de la consultora Nielsen y Horeca Digital LAB, al tiempo que se cierran locales de ocio nocturno –que representa el 1,8% del PIB y dan empleo a 200.000 personas, según España de Noche–. «Cada vez somos un país menos de fiesta nocturna y más de socializar de otras maneras, quedar en el domicilio, ligar por plataformas digitales o asistir a conciertos matinales, los patrones están cambiando», reflexiona Riesco.

Preguntamos a esos adultos jóvenes que se han apuntado al 'tardeo': «Aprovechas más los días y no tienes que levantarte al día siguiente como si te hubieran dado unos martillazos en la cabeza. Te cunde más y, si tiene terraza, mejor que mejor», habla por experiencia propia Víctor, un treintañero madrileño, mientras apura una copa a media tarde. «Tienes hijos y al día siguiente no quieres ir a verlos jugar al baloncesto de resaca», comenta Nacho, que pertenece a la misma cuadrilla. «Sigues saliendo, viendo a los amigos, comes, tienes tiempo de ocio, pero no te acuestas tarde porque quieres aprovechar el domingo», añade Óliver, otro de los amigos que ha abrazado con fervor esta moda de alternar por la tarde, lo que le permite disfrutar del pádel los domingos por la mañana.

Así que el ocio y el alterne ha cambiado de horario, por la pandemia y también por obligaciones vitales de esos jóvenes adultos que han encontrado en esta nueva manera de salir una oportunidad para divertirse como antes lo hacían de noche.

¡Una terraza!

«Los momentos de consumo han cambiado durante la pandemia y algunos de ellos permanecerán, y deben valorarse como una oportunidad. Nos encontramos con un sector marcado por la digitalización, el auge de la comida a domicilio, la apuesta por la calidad del producto y por el mantenimiento del protagonismo de la experiencia física en los locales. La disponibilidad de terraza es ahora uno de los principales factores a la hora de elegir un establecimiento, que definitivamente ha llegado para quedarse», asegura un portavoz de la Confederación Empresarial de Hostelería de España.

Ramón Mas, presidente de España de Noche, explica que el ocio nocturno, lejos de desaparecer, solo se ha mudado en el reloj, y se está trasladando paulatinamente a la mañana y la tarde. Además, la oferta cada vez es más cultural y familiar, más diversa e inclusiva. «En estas circunstancias, el ocio nocturno necesita reinventar su modelo de negocio de acuerdo con las nuevas pautas de consumo, haciendo uso de la segmentación de los gustos por edades y perfiles», comenta.

Algunas comunidades como Madrid ya han planteado permitir a discotecas y salas de baile que abran a mediodía –cinco horas antes de lo habitual– para el turno de comida en caso de que dispongan de servicio de restauración en su licencia de funcionamiento hasta la madrugada. Y no como medida provisional, sino de forma permanente una vez finalice la pandemia.

Compartir momentos de ocio es positivo para la salud mental

Los expertos recomiendan tener un tiempo para nosotros mismos fuera de las obligaciones de la vida diaria ya que esto puede ser muy beneficioso a distintos niveles. Actividades desde un punto de vista físico, creativo y, desde luego, de salud mental. «El día a día puede llegar a convertirse en un continuo lineal, monótono y alienante, en el que pueden surgir dificultades propias de esa sensación de rutina», indican desde TherapyChat, cuyos psicólogos apuntan que buscar planes fuera «reduce el impacto de ciertas consecuencias de la vida moderna, como el estrés, la ansiedad, la soledad o el aislamiento».