La fuerza de voluntad, ¿nace o se hace?

Es 'contagiosa' y, ante todo, se entrena: he aquí unos trucos para potenciarla

Solange Vázquez
SOLANGE VÁZQUEZ

Si es que no tengo fuerza de voluntad». Y lo decimos delante del segundo torrezno que nos vamos a comer, mientras dejamos la mochila del gimnasio (al que no hemos ido por enésima vez) en el suelo del bar para tomarnos una caña con los amigos o al tumbarnos en el sofá para ver una serie en lugar de leernos un taco de apuntes. 'No tengo fuerza de voluntad'. Qué socorrido es este mantra, ¿eh? ¡Y qué falso! Todos la tenemos: la fuerza de voluntad es una capacidad con una parte innata, genética, pero, sobre todo, se forja desde los primeros compases de nuestra vida, es decir, se aprende y se entrena. Y es importante cultivarla, porque de ella dependerá, en buena medida, nuestro éxito en las aventuras que vayamos a emprender a lo largo de nuestra existencia. Nos ayudará en nuestra profesión, en los estudios, a la hora de afrontar una enfermedad o luchar contra una adicción, y será determinante para adquirir hábitos saludables que requieren cierto sacrificio, como hacer deporte o alimentarse bien.

Ya desde pequeños podemos hacer uso de este recurso, definido por los psicólogos como «la habilidad para resistir las tentaciones a corto plazo con el objetivo de cumplir metas o propósitos a largo plazo», una batalla interna que lleva décadas despertando la curiosidad de la comunidad científica.

A finales de los años 60 y principios de los 70 se llevó a cabo en la Universidad de Stanford el famoso y controvertido experimento del 'marshmallow' (esa chuche que aquí conocemos como 'nube'). Se reunió a una treintena de niños y niñas de entre 3 y 5 años y se les ofreció esta golosina, diciéndoles que se la podían comer, pero que si esperaban unos quince minutos y no lo hacían, luego les darían dos. Imagínense a los pobres, qué lucha. La mitad, aproximadamente, resistieron la tentación por la promesa de una recompensa mayor. A estos peques se les hizo un seguimiento a lo largo de los años y los científicos concluyeron que quienes decidieron controlar sus impulsos obtenían mejores resultados académicos y hasta gozaban de un mejor índice de masa corporal. La 'pega' de este experimento es que no funcionó con grupos grandes y que parecía ser que las condiciones socioeconómicas de los 'conejillos de Indias' resultaban más determinantes que la supuesta fuerza de voluntad en su buena evolución vital. No obstante, tal y como recalcan Juanmi Olivares e Isabel Sánchez –especialistas en productividad y alto rendimiento de la firma Más y Mejor–, lo que demuestra este experimento es que la fuerza de voluntad es una cualidad valiosa que hay que fomentar desde la infancia. «La genética y el entorno influyen, claro, pero la fuerza de voluntad se entrena, como un músculo», coinciden ambos.

Esta cualidad también se 'cansa', por eso a última hora del día flaquea y nos solemos olvidar de los objetivos

¿Y qué podemos hacer para potenciarla? Según estos expertos, existen varios mecanismos para lograrlo, pero hay tres que son fundamentales.

El primero, dormir bien. Según explican, si alguien quiere rendir y cumplir sus objetivos, lo primero es dormir al menos siete horas diarias, algo que refrenda la Fundación Americana del Sueño. «No es lo mismo ir por la vida al 100% que al 60%. Necesitamos estar descansados. Cuando tenemos muchas tareas, cometemos el error de empezar a recortar las horas de sueño», indican. Y, entonces, la fuerza de voluntad se nos 'gasta'.Si estamos cansados, flaquea. Por eso asaltamos la nevera por la noche, por ejemplo, porque ya la fuerza de voluntad la tenemos muy bajita. Para no sucumbir y mantenernos alejados de la tentación –sí, la que nos dice que no vayamos al 'gym' tras el trabajo porque el sofá es una opción más apetecible–, Olivares y Sánchez aconsejan hacerse un 'planning' semanal (de comidas, ejercicio, trabajo) para no ir a salto de mata.

El segundo consejo para aumentar la fuerza de voluntad: la meditación. Todavía hay gente que la vincula a una pérdida de tiempo, a algo esotérico, místico... rarito. ¡Otro error! Meditar unos minutos todos los días nos permite «hasta modificar la estructura de nuestro cerebro, aumenta la neuroplasticidad». «De hecho, muchos líderes de exitosos negocios meditan a diario», apuntan los especialistas en alto rendimiento. Esta práctica, aseguran, ayuda a aclarar las ideas, tomar decisiones y, en definitiva, a cumplir objetivos.

Y el tercer puntal para trabajar la fuerza de voluntad: rodearse de gente que tenga los mismos hábitos que tú quieres construir. «El entorno es muy importante. Dicen que somos la media de las cinco personas con las que más tiempo pasamos –apuntan–, porque la fuerza de voluntad se 'contagia'. Eso se ve mucho en el ámbito laboral». Un grupo de compañeros desmotivados te puede 'arrastrar'.

Cuidado con el 'positivismo'

Entonces, ¿la fuerza de voluntad es todopoderosa? ¿Mueve montañas? ¿Es la panacea universal? Sí y no. Marta Solanellas, psicóloga sanitaria y experta en psicología positiva (@vivetuemocion), considera que, si bien es cierto que la fuerza de voluntad se entrena, también hay que tener cuidado: «Han proliferado los mensajes positivistas tales como 'si puedes soñarlo, puedes hacerlo', 'si quieres, puedes'… Muchas veces, por mucho que uno quiera o se esfuerce, no lo consigue».

¿Es esta una visión pesimista? Solanellas no lo ve así. «Es importante saber que podemos hacer mucho en nuestro día a día, pero también que hay factores externos a nosotros que juegan un papel fundamental», explica. Así no maltratamos nuestra autoestima ni nos sentimos fracasados si no logramos los desafíos que nos ponemos por delante. Como ocurre con los propósitos de Año Nuevo (se estima que sólo el 8% de las personas que se hacen una lista logra cumplirla). Y, cuando 'incumplimos' constantemente, pasa algo: «Ponerse objetivos y ser ambicioso en la vida es algo que nos hace crecer: ni las cosas caen del cielo ni debemos esperar que así sea. Pero es cierto que debemos ser lo que llamamos en psicología 'cognitivamente flexibles', es decir, ser conscientes de que unas veces las cosas necesitan de nuestro esfuerzo, pero otras debemos dejarlas ir, o elegir una perdiendo otra, o tomar decisiones arriesgadas». Es decir: pensar y elegir, la vida misma. Y esto no es malo, anima la psicóloga: «Quiere decir que somos capaces de reajustar la meta».

Puntos clave para aumentar la fuerza de voluntad

  • Reflexión previa: Muchas veces emprendemos proyectos que acabamos abandonando porque no nos hemos fijado una meta. Antes de hacer algo hay que saber para qué, qué vamos a ganar con ello.

  • No imponer: Al cerebro hay que 'animarle'. Y eso también se hace con el lenguaje. No decir, por ejemplo, «tengo que ir al gimnasio», sino «voy a ir al gimnasio». Se busca motivación y decisión, no obligación.

  • Poco a poco: Hay un dicho que dice «arrancada de caballo y frenada de burro». O sea que empezamos con ganas y perdemos todo el fuelle. Por eso es mejor iniciarse pasito a pasito, con metas asequibles.

  • Hábitos asentados: La fuerza de voluntad sólo se 'usa' para luchar contra uno mismo hasta que logramos establecer un hábito. Luego ya no nos hace falta, ya lo hemos integrado. Has 'cambiado' ese aspecto de tu vida.