Eufemismos sexuales, ¿por qué los usamos?

Solange Vázquez
SOLANGE VÁZQUEZ

Hay quien dice que, en los tiempos que corren, todo es tan explícito en el sexo que poco espacio queda ya para el misterio... y para los giros lingüísticos que evitan ser demasiado directo. En 2020 ya todo el mundo va al grano, ¿no? ¿Por qué usar eufemismos? «Aún existe esa represión de no llamar a las cosas por su nombre», asegura el lexicógrafo Delfín Carbonell (Murcia, 1938), autor de manuales y diccionarios sobre refranes en castellano e inglés y del lenguaje de argot, como 'El Sohez'. Según explica, «constantemente» están surgiendo neologismos sexuales. En Estados Unidos, la comunidad afroamericana es, por ejemplo, una fuente especialmente creativa y prolífica: «Luego estas expresiones se extienden». Y, a veces, esta 'jerga' es tan característica de un determinado grupo «que hasta se ha usado en juicios para reconocer personas».

Lo que está claro es que el uso de los eufemismos dice mucho de nosotros. La máxima 'dime cómo llamas al pene o al coito y te diré, con poco margen de error, la edad que tienes' es acertada. «Nadie en Tinder se le ocurría usar la expresión 'haciendo uso del matrimonio'», comenta Carbonell. «Las palabras no son ni buenas ni malas, algunas suenan mal en un contexto (imagine que el médico dice 'coño'), pero nos pueden gustar en otro (en la cama)», añade. Estos son los eufemismos más usados cuyo origen se remonta a muchos siglos atrás y que siguen vivitos y coleando.

Echar un polvo

Se cree que los nobles españoles (varones) decían que se iban a echar un polvo, esnifar rapé, cuando querían quedar fuera del control de sus esposas. Entonces, lo que hacían, además de tomar rapé, era encontrarse con sus amantes. Según otros, tendría un origen bíblico, en la frase del Génesis «del polvo vienes y en polvo te convertirás». Dado el mecanismo para concebir, de ahí vendría polvo.

En pelotas

En este caso, pelotas no hace alusión a los genitales masculinos sino al 'pellote', una prenda interior usada para protegerse del frío allá por el siglo XVI y que era como un chaleco largo de piel ('pellis' en latín). Al parecer, ser pillado solo con esta indumentaria, sería muy indecoroso. Así, estar en 'pellote' habría ido evolucionando poco a poco hasta estar en pelotas, es decir, desnudo.

Comer el higo

Los griegos representaban a Demeter, la diosa de la Agricultura, muy vinculada a la fertilidad y la sexualidad, con un higo cortado. Y para los cristianos esta fruta dulce y sabrosa remite a los órganos sexuales femeninos. Desde la Antigüedad, la poesía ha usado el higo y su jugosidad como metáfora de la vulva. Pero, ojo, para algunas culturas, como la árabe, representa a los genitales masculinos.

Poner los cuernos

Esta expresión tiene varios orígenes posibles. Uno de ellos sería el referido al mito griego del Minotauro, que es fruto de una relación adúltera. Pero también se cree -esta teoría tiene menos peso- que proviene de los jefes vikingos, que colgaban de la puerta el casco para avisar de que hacían uso del derecho de pernada. Aunque lo de los cascos vikingos con cuernos parecen ser un mito, igual que este derecho.

Llevar al huerto

Cuando se dice que alguien se ha llevado a alguien al huerto, ya todos entendemos que no es para recoger patatas. Esta expresión parece tener un origen literario, 'La Celestina' (s. XV). En esta obra, un joven, Calisto, desea a Melibea, pero ella no está por la labor. Entonces el chico contrata a la alcahueta ('celestina') para que engatuse a la doncella y así logra una cita con ella en un huerto.

Mirando a Cuenca

Aunque hay controversia, se cree que esta expresión proviene de una torre que Felipe 'El Hermoso' se hizo construir con la excusa de que era un observatorio astronómico y donde llevaba a sus amantes. Parece ser que para aplacar los celos de su esposa, Juana La Loca, le decía que subía allí con damas con la única finalidad de enseñarles las maravillosas vistas de Cuenca que había desde lo alto...

Tocar la zambomba

Hace referencia a la masturbación masculina, ya que para tocar este instrumento (ahora muy en desuso salvo en el folk) hay que hacer gestos similares a los de esta actividad sexual. Se cree que las zambombas llegaron a España en el siglo XV de la mano (con perdón del chiste) de los esclavos africanos que eran traídos a la Península. Hoy en día, los más jóvenes ya no usan mucho esta expresión.

Los 90 nos dejaron 'borrar el cerito' y otras creaciones de Chiquito

La mayor parte de los eufemismos sexuales vienen de antiguo, pero como la lengua está en constante evolución, allá por los años noventa Chiquito de la Calzada enriqueció este universo con algunas creaciones que perviven más de dos décadas después. Así, para referirse al acto sexual (sesuarl, como diría él), acuñó la frase 'hacer la caidita de Roma'. Hoy en España, todos sabemos qué significa esto y no tiene nada que ver con la Historia.Además, también puso en boca de todo el mundo eso de 'borrar el cerito', que parece ser que va más referido al sexo anal. «Sí, este hombre, realmente, dejó unos cuantos eufemismos sexuales», confirma el lexicólogo Delfín Carbonell, que, además, alaba lo duraderos que están siendo. «El castellano es una máquina constante de crear eufemismos», aclara el experto.

Serpientes, galletas... «todos los idiomas tienen expresiones»

¿Es el castellano especialmente prolífico en eufemismos sexuales? «Noo, para nada. Todos tienen expresiones parecidas. Existen unos 6.500 idiomas en el mundo y yo estoy seguro de que en todos hay. En tagalo, en suajili... Yo, desde luego, chapurreo tres o cuatro idiomas y puedo decir que en todos ellos tienen este tipo de eufemismos», comenta el lexicólogo Delfín Carbonell, quien recalca que hasta en algunas familias se crean sus propias formas de referirse a genitales o actos sexuales.

En Reino Unido, por ejemplo, al pene se le llama 'one-eyed trouser snake' (pantalón de serpiente de un solo ojo) y al coito anal 'pillow bitting' (moder la almohada). En francés, por su parte, se usa el 'tremper il biscuit' (mojar la galleta) para referirse al acto sexual.