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Así se forma a un perro guía

Dos años de educación hasta ser los 'ojos' de quien no ve

Isaac Asenjo

Madrid

Martes, 10 de enero 2023

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Wasa estará lista en medio año para ser los 'ojos' de quien no ve. Desde su nacimiento ha recibido una educación diaria para formarse como perro guía y poder acompañar con seguridad a una persona con discapacidad visual. «Es capaz de memorizar rutas, objetivos e indicaciones, además de reconocer y evitar obstáculos estáticos o en movimiento, ya sea a nivel del suelo o en altura», destaca Pedro Márquez, el instructor en formación de la Fundación ONCE del Perro Guía, que se encarga de adiestrar a esta labradora retriever de color amarillo.

Wasa vive en las instalaciones que la ONCE tiene en Boadilla del Monte (Madrid), único centro de cría y entrenamiento de toda España. De aquí salen cada año alrededor de 150 perros para ser asignados a aquellas personas ciegas o con discapacidad visual grave que lo hayan solicitado. Pero los animales siempre pertenecerán a la fundación, que supervisará el trato que se le dispensa al perro durante toda su vida.

Vídeo. Virginia Carrasco

La formación de un perro guía es costosa –unos 30.000 euros– y larga, pero el usuario no paga nada. «Se busca que el animal sea tranquilo, dúctil, voluntarioso, amistoso... que tenga buena presencia, con aceptación social, que no ladre mucho y con buen nivel de iniciativa», describen.

Labrador, Pastor Alemán...

«De ahí que el Labrador sea la raza más habitual ya que se adapta mejor a cualquier persona», cuenta Márquez. Luego está el Pastor Alemán, que es «'el Ferrari' de los perro guía», pero no es un animal que esté hecho para todos, ya que es más difícil de controlar, muestra alguna tendencia protectora y va a mayor velocidad. «Se adapta muy bien a las personas muy activas, pero tiene el inconveniente de que genera algún tipo de recelo mayor que otra raza por parte de los no usuarios», expone el experto, que señala que también usan habitualmente Golden y cruces entre ellos para conseguir a los mejores.

Virginia Carrasco
Imagen principal - Así se forma a un perro guía
Imagen secundaria 1 - Así se forma a un perro guía
Imagen secundaria 2 - Así se forma a un perro guía

Cada raza tiene cualidades distintas. Por eso, lo que se requiere para esta labor es un animal formado para que no piense en sus intereses, sino en los de la persona invidente. Es decir, no puede distraerse de la tarea, ya que no es una mascota cualquiera, es un profesional. ¿Y cómo se logra esto? La primera clave está en controlarle y, luego, en confiar en él. «Confiar en un perro guía es un acto de fe», reconoce el instructor, mientras pide educadamente a la gente que se aproxima con otro perro que no lo acerque a Wasa. «Está trabajando y necesita concentración máxima». Un descuido podría provocar un accidente en el futuro.

Desobediencia inteligente

El animal se encuentra de formación por las calles del barrio de Moncloa, en Madrid, y anteriormente ha recorrido otros puntos de la comunidad, donde se le han encomendado diferentes trabajos, tal y como tendrá que hacer el día de mañana. Wasa para en un semáforo en rojo y el instructor le da la orden contraria, que pase mientras vienen coches. «Debe aprender la desobediencia inteligente. Es decir, aprender a incumplir una orden cuando pone en riesgo al usuario. Es la parte más complicada», reconoce Márquez. Pero Wasa lo ha entendido y se queda quieta. «Lo ha hecho perfectamente, una situación así puede salvar vidas», se felicita el instructor.

Y lo mismo que le entrenan en los semáforos, lo hacen en los pasos de cebras, las aceras y cualquier obstáculo que pueda haber en la ciudad. Camina siempre por el lado izquierdo de su formador y, si hay una dificultad en el camino, el animal gira para evitarla. Cuando se topa con un escalón, se para delante hasta que la persona a la que acompaña lo nota. «Marca la llegada del bordillo, escalera o desnivel», detalla el instructor, que se detiene a la altura de sus patas delanteras. «Avanza, recto, quieta...». Wasa se sabe todas las instrucciones.

Muchos invidentes cambian el bastón por un perro y aseguran que les cambia la vida radicalmente. «Es como ir en bicicleta en vez de caminando», apunta gráficamente Pedro, que señala que el animal tiene iniciativa para encontrar la mejor alternativa de paso posible. «Busca el cruce», le dice para que el can localice el objetivo. Ahora toca coger el autobús y Wasa no tarda en acercarse a la marquesina más próxima –es otras de las órdenes que se le ha dado durante este paseo de instrucción–. Al llegar, Pedro le pide que tantee sitio y el animal acerca su hocico a uno de los bancos. «Aprende por conceptos. En caso de que hubiera habido un autobús iría directamente a la puerta».

PERROS GUÍA

  • Los más usados Las razas que se emplean son el Labrador Retriever (60%), el Pastor Alemán (15%) y el Golden (5%) y los cruces entre ellos, por ser los que mejor se adaptan.

  • Socialización A las 8 semanas de vida son entregados a una familia voluntaria que se encargará durante un año de educarlo y de ayudarle a socializar.

  • Entrenamiento Los canes vuelven a la escuela de formación para recibir una instrucción que suele durar entre 6 y 10 meses, el máximo es un año.

  • Asignación Con dos años de vida, el perro está preparado para ser asignado a un usuario. La lista de espera puede ser de hasta 5 años.

  • Formación La persona ciega atiende a un curso en el centro de adiestramiento que posteriormente continúa en su lugar de residencia, donde trabaja rutas y necesidades específicas.

  • Jubilación La vida laboral de estos perros es de un máximo de 12 años, por lo que estarían una década de guía.

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