LIÉBANA GOÑI

Si no te atienden cuando cuentas cosas, algo haces mal. ¿Sabes qué es?

Guía para estimular el cerebro de quienes escuchan

Solange Vázquez
SOLANGE VÁZQUEZ

Todos conocemos a narradores virtuosos que no son comunicadores profesionales, guionistas ni literatos. Se trata de personas que, simplemente, cuentan bien cualquier cosa: un chiste, un cuento, una historia familiar, un chascarrillo, sus vacaciones, un acontecimiento que ha tenido lugar en el barrio... Sea lo que sea, logran que las escuches con gusto. Pero, ay, también tratamos con gente incapaz de explicar nada bien, individuos que, aunque partan de un material excelente –una buena anécdota, un cotilleo especialmente jugoso–, no saben sacarle partido y nos aburren mortalmente en cuanto abren la boca. No tienen el don.

Y eso, sobre todo hoy en día, es un drama: no saber retener la atención de la gente –muy dispersa por la gran cantidad de mensajes y contenidos a los que estamos expuestos– nos puede perjudicar a todos los niveles: amoroso, amistoso, académico, laboral... Por eso, Will Storr, novelista y reconocido periodista británico, ha analizado a partir de fundamentos neurocientíficos y antropológicos cómo se debe contar (bien) una historia.

Narrar para evolucionar

Cotillas desde las cavernas

No habríamos podido evolucionar como especie si no fuésemos seres narrativos. Según explica Will Storr en su ensayo 'La ciencia de contar historias' (Capitán Swing), investigaciones recientes apuntan a que ya en la Edad de Piedra los humanos intercambiábamos información sobre los miembros de la tribu: los que colaboraban, los que se escaqueaban... Era una manera de premiar las buenas conductas y censurar las malas, una forma de controlar al grupo.Es decir, ya cotilleábamos sobre los demás (en este caso, con una finalidad útil) y esto generaba sentimientos de aprobación y júbilo o de ira y censura.Desde entonces, «estamos programados para disfrutar las narraciones», apunta Storr. Así que ahí va el primer consejo para contar algo bien: generar alguna emoción (como en las cavernas) en nuestra audiencia.

Un golpe de efecto

Cómo empezar

Tenemos que crear primero una sensación de confort (pensemos en los abuelos contando cuentos, en el chamán de la tribu junto a la hoguera o en nosotros mismos sonriendo y mirando al interlocutor antes de presentar un proyecto)... ¿Cómo empezamos a contar lo que queremos? Con un incidente inesperado que produce un cambio. Según la neurocientífica Sophie Scott, «nuestros sistemas perceptivos no funcionan si no hay algún cambio que detectar». En un entorno estable, el cerebro se halla en calma.Sin embargo, si aprecia una variación, registra ese acontecimiento o frase y se dispara la actividad neuronal. Un ejemplo. Empezamos a contar nuestras vacaciones así: «A las siete de la mañana fui al aeropuerto...».Ufff, chapa. Mejor así: «Los planes se me fueron al garete en mi primer día de vacaciones, y quizá mejor así...». Hemos introducido un cambio y eso siempre es una promesa.Funciona.

'Cajas misteriosas'

Fomentar la curiosidad

Storr recalca que el cerebro, para ejercer su función de control, necesita entender el mundo, «por eso la curiosidad del ser humano es insaciable». A los nueve meses un bebé ya siente más predilección por imágenes que no ha visto antes que por las que le resultan familiares. Por eso, para enganchar con nuestras historias, debemos estimular la curiosidad. Y una manera de hacerlo es crear lagunas de información (un recurso muy usado en los 'thrillers'). El famoso guionista J.J. Abrams las llama «cajas misteriosas» y considera que son la clave de toda buena narración.

Los detalles, la sal de la vida

Crear tensión

Los detalles llaman la atención de nuestro cerebro, que no solo se fija en lo que destaca, en lo importante, sino también en lo pequeño y llamativo. En un estudio se descubrió que una pared con una estantería desordenada suscitaba neuronalmente más impacto que una vacía y soleada. La placidez y la indiferencia no interesan.

Recursos para hacernos entender

Metáforas, las que hagan falta

No se trata de hacer poesía, pero los neurocientíficos creen que las metáforas y los símiles resultan mucho más importantes para la cognición humana de lo que se había imaginado. El cerebro comprende mejor los conceptos abstractos –amor, alegría– cuando nos valemos de estas figuras.

Nada de rellenos vacíos

Que todo tenga peso

«En las narraciones, el tiempo se comprime», recuerda Storr. Por ello, más vale que cada cosa que cuentes tenga peso y esté cargada de sentido.Si decimos algo que tenga vocación de perdurar en la mente, debe ser un 'concentrado' de información. Por ejemplo: «Me encanta el olor a napalm por la mañana», «ojalá supiera cómo dejarte»... Estas frases inolvidables de 'Apocalypse Now' y 'Brokeback Mountain' lo son, en buena medida, porque consiguen resumir toda una historia en sí mismas y describen a los personajes que las pronuncian. Lo tienen todo.

Aproximar al otro

Empatía y cercanía

Expertos de la Universidad de Stanford elaboraron un algoritmo que aplicaron a 20.000 novelas para predecir, antes de que se publicaran, cuáles iban a interesar más a la genteDescubrieron que la cercanía y empatía eran los aspectos más comunes en los éxitos de ventas.Es decir, si contamos algo, debemos buscar al otro, incluso hacerle partícipe, para 'acercarle'