Ilustración: Daniel Crespo

Oxitocina, el antiestresante ideal

La elevación de esta hormona en nuestro organismo nos ayuda a mejorar nuestros vínculos sociales y la afectividad

Isaac Asenjo
ISAAC ASENJO Madrid

Al mirarnos a los ojos, cuando hablamos con nuestros seres queridos, si recibimos una caricia, al comer chocolate, cuando jugamos un rato con nuestro perro... Todas estas acciones tienen una cosa en común: son gratas y hace que produzcamos oxitocina. Se trata de una molécula orgánica pequeña, un oligopéptido que consta de solo nueve aminoácidos. Se produce en el sistema nervioso central, concretamente en el hipotálamo; y, desde allí, se transfiere a la hipófisis, una glándula que está en nuestro cerebro, donde se almacena y desde donde se secreta cuando se necesita. Se trata de la hormona más importante en la formación de vínculos sociales y se activa cuando te sientes aceptado, integrado y querido. El cuerpo humano produce oxitocina en el momento del parto y durante la lactancia, en el caso de las mujeres, y cuando practicamos sexo.

Simplemente con estar cerca de otras personas aumentan nuestros niveles de oxitocina, eso sí, si son personas que nos caen mal, no funciona. «Solemos relacionarla con el parto –produce las contracciones y la secreción de la leche materna–, pero no solo se asocia al ciclo reproductor de la mujer, sino que es la hormona de la empatía, de los abrazos, del buen rollo, del contacto piel con piel, del vínculo entre personas...», explica la psiquiatra Marian Rojas, autora de los libros 'Cómo hacer que te pasen cosas buenas' y 'Encuentra tu persona vitamina'.

Sonreír y abrazar

La médico y divulgadora 'influencer' –cuenta con más de 300.000 seguidores en Instagram– conoce bien las hormonas y la capacidad que tienen de transformarnos. Y ahí entra en juego la oxitocina. Porque ocho segundos de un abrazo bastarían para recargarse de la famosa hormona, pone como ejemplo la especialista. Aunque también realizando alguna actividad física intensa, cantando o meditando podríamos segregarla. Además de inhibir el dolor físico en el cuerpo, se encarga de regular las emociones disfrutables.

En esta línea, Marian Rojas propone que las cuestiones emocionales y relacionadas con el funcionamiento de la mente se incorporen como asignatura en los colegios. «El poder de la mente es brutal. Yo hablo de 'personas vitamina', que son aquellas que nos alegran el alma, nos iluminan y alivian el sufrimiento. Las que nos ayudan a segregar oxitocina en los momentos malos», explica la experta, que recomienda trabajar lo más alejado posible del WhatsApp, las redes sociales y las notificaciones de nuestro teléfono. «Somos drogodependientes emocionales, una emoción y otra y otra. La intoxicación de cortisol (hormona del estrés) que sufrimos se combate con oxitocina. Necesitamos conexión humana, también sonreír y abrazar».

En los seres humanos está comprobado que administrar una dosis de oxitocina hace que aumente su nivel de confianza en otras personas, haciendo descender los niveles de estrés. De hecho, los valores de oxitocina son prácticamente inexistentes cuando no interactuamos con los demás, apuntan los expertos. Se sospecha que las personas que producen poca oxitocina por una disposición genética son crueles, insensibles y violentas. Por otro lado, la testosterona inhibe la producción de oxitocina en el cerebro, por lo que esta sería una de las razones por las que las mujeres suelen ser más cariñosas que los hombres.

Papel como neurotransmisor

«La oxitocina está implicada en comportamientos relacionados con la confianza, el altruismo, la generosidad o la compasión, pero hay mucho más. Tiene un papel fundamental en el comportamiento maternal y sexual, en los comportamientos de agresión y su presencia interviene en la regulación del miedo, eliminando las respuestas de parálisis», explica la bióloga molecular y divulgadora de temas de salud sexual, Irene García Perulero.

En su papel como neurotransmisor, está involucrada en el aprendizaje y la memoria, en el reconocimiento facial y en el reconocimiento de emociones en otros. La experta apunta que activa los centros de recompensa dopaminérgicos, produciendo placer –se produce durante los orgasmos, para contraer las fibras musculares que permiten la eyaculación o las contracciones uterinas y, probablemente, también para facilitar la formación de vínculos de pareja–. La oxitocina está también relacionada con las adicciones, la depresión o algunas afecciones cardíacas. Perulero recuerda que «juega un papel fundamental en la regulación del estrés, por lo que en los próximos años podremos, probablemente, ver cómo la oxitocina está implicada en la regulación del sistema inmune y, por supuesto, en el endocrino, en los procesos inflamatorios y conoceremos con más exactitud su papel en algún tipo de cáncer. La oxitocina se produce de forma natural cuando hablamos con nuestros cercanos, cuando nos acarician o cuando miramos a un bebé. En cualquier relación humana existe la oxitocina. Sin ella, no estaríamos aquí».

El camino de la estrés a la empatía

Cuando tenemos mucho cortisol –hormona del estrés– tenemos poca oxitocina. Pese a no estar determinados por las hormonas, nos influyen. El cortisol se activa en momentos de amenaza, miedo o preocupación y es necesario para el buen funcionamiento del cuerpo, pero en exceso resulta perjudicial. La clave está en regularlo, aprender a salir del modo alerta y supervivencia en el que nos encontramos a diario. En la facilidad para conseguirlo influye la genética, las experiencias, traumas, circunstancias personales, capacidad de aprendizaje y fuerza de voluntad. Y, sobre todo, la actitud.