Alicia Rueda. / iñaki andrés

Alicia Rueda | Diseñadora

«Por mí, estaría todo el rato en el país de las maravillas»

La modista de famosas sufre cada vez que se divorcia alguna clienta a la que diseñó su modelo nupcial y «jamás» perdonaría una infidelidad

LUIS GÓMEZ

Viste a famosas como Paula Echevarría, Leticia Dolera y Toni Acosta y es una de las diseñadoras nupciales más prestigiosas de España. Ha conducido a numerosas novias a los altares y juzgados y sufre cada vez que se le divorcia alguna clienta.

–¿Por qué los diseñadores se empeñan en vestirnos a todas horas?

–Porque ¿de qué viviríamos si no? Así de claro.

–¿No sería mejor desnudarnos?

–A mí, el cuerpo desnudo me gusta, pero en privado.

–¿Qué etiqueta le cuelga a Alicia?

–No soy de marcas. O sea, ¡fuera etiquetas!

–¿Se calla lo que piensa de tantos cuerpos como ve en la intimidad de su taller?

–No soy de juzgar a nadie. Me encantan todos los cuerpos.

–¿Coincide con Lorenzo Caprile en que la moda es una industria «mezquina» por jugar con las vanidades e inseguridades del ser humano?

–En absoluto. Habrá quien lo haga, aunque no es mi caso. Con la moda intento hacer felices a las personas y darles una seguridad que no tienen. Ver cómo se emocionan o rompen a llorar al verse como nunca se hubiesen imaginado... ¡Ese momento es mágico!

–Viste a cientos de novias, pero ¿cuenta los divorcios que lleva?

–No los cuento. Son pocos, gracias a Dios, pero me disgusta muchísimo cada vez que me entero de alguno.

–¿Le gusta el arte de seducir?

–Intento seducir con todo. Con la comida, con la ropa, con la conversación... Me encanta.

–Diseñadora nupcial, ¿perdonaría la infidelidad?

–Jamás. ¡Ni la mentira!

–Muchas celebrities españolas beben los vientos por sus modelos. ¿Es mala amante la fama?

–No me gusta aparecer en exceso en las redes sociales y prefiero que no se me conozca. ¿Sabe?Es muy mala amante la fama. ¡Así que fuera!

–¿Rueda resulta fácil de imitar?

– Lo pongo muy fácil, porque lo explico todo, lo cuento todo, lo muestro todo... Pero la esencia, el alma y todo eso no es tan fácil.

–¿Está feliz con la madurez?

–Muchísimo. Pensaba que me iba a fastidiar mucho más cumplir años, pero me siento como una niña. Sigo siendo la misma que hace 30 años.

–¿Se cambiaría por una joven de 17?

–No. Voy a cumplir 53 y todas mis edades han sido geniales. Lo veo en mi hija, que tiene 22. Cuando he cumplido años 'redondos' lo he celebrado a lo grande para remarcar los cambios de etapa.

–¿A quién llama cuando se agobia?

–Tengo dos amigas muy clave y, en cuanto estoy superagobiada, responden para no enredarme más. Porque, también le digo, yo soy muy intensa, ¿eh?

–Vaya.

–Cuando estoy mal, puedo dar muchísimo la brasa y necesito que alguien que me relaje y me diga 'ya está'.

–Tan risueña siempre, ¿aprendió pronto a poner buena cara?

–Supongo que sí. Lo llevo en las venas, aunque en un segundo puede cambiar absolutamente mi actitud.

–¿Ha construido su carrera con más noes que síes?

–Sí. Si no existiera el fracaso, seguramente no seríamos lo que somos ni creceríamos.

–¿No hay nada más feo que la ostentación?

–Hay cosas mucho más feas.

–Alicia, ¿vive en el país de las maravillas?

–Intento tocar tierra, pero me cuesta. Por eso siempre tengo personas cerca de mí que me ayudan a no estar todo el rato en el país de las maravillas. Pero, por mí, estaría todo el rato.

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