LAURA RICO

El 'vicio' del crucigrama

Los pasatiempos, además de entretenidos, son magníficos entrenadores de neuronas y hasta terapéuticos

Yolanda Veiga
YOLANDA VEIGA

Vertical, tres letras: 'Yunque de platero'. Horizontal, empieza por 'r': 'Gorro militar'. Si sabe las respuestas probablemente es que ha echado horas con los autodefinidos. Si no, sea paciente, que la solución, como en los libros de pasatiempos, siempre está al final. «Esos son dos clásicos, salen muchas veces y los acabas memorizando». Ahí la primera virtud de estos entretenimientos de lápiz y papel (obviamente también hay versiones 'online'): el ejercicio de la memoria. La primera, porque hay más: «Estimulan la intuición, la deducción, ayudan a formular hipótesis, mejoran el conocimiento del lenguaje...», enumera Florentino Paredes, catedrático de Filología de la Universidad de Alcalá. Aunque esta vez habla en calidad del «maestro de EGB» que fue y del aficionado a los crucigramas que todavía es. «Yo impartía clases de lengua castellana a chavales de entre 10 y 14 años y cada semana les proponía un juego lingüístico: buscar palabras con cinco vocales, formar frases en las que la primera palabra tuviera una sola letra, dos la segunda, tres la tercera... y también resolver y crear jeroglíficos, porque suponían un reto y les despertaban la curiosidad».

Esa es la clave del éxito de estos juegos, el reto. Que debe ser «estimulante pero posible de acertar»; si no, «genera frustración». «Es como cuando haces un puzle y lo acabas, el cerebro libera algo que te genera placer, como encontrar todas las palabras de una sopa de letras o resolver un sudoku. Dices: 'He sido capaz'. Si es imposible, te provoca rabia».

Esto que 'sucede' en el cerebro al resolver estos acertijos lo explica Ángel Martín, vocal del Grupo de Estudio de Conducta y Demencias de la Sociedad Española de Neurología: «Estos ejercicios activan zonas cerebrales, las ponen en marcha». Lo que resulta muy beneficioso para cualquiera, pero especialmente «en el caso de personas que sufren deterioro cognitivo». «Desde el punto de vista neurológico son muy adecuados, porque estimulan la atención, la memoria... No van a frenar la enfermedad, no la van a curar, pero sí pueden ayudar a mantener cierta funcionalidad durante más tiempo».

Que no sea muy fácil

En personas con alzheimer, por ejemplo, indica el especialista, «son muy adecuadas actividades que ayuden a ejercitar la memoria, como leer un texto y tratar de recordar lo que cuenta, evocar hechos pasados a través de imágenes o de canciones...». Ytambién hacer crucigramas que impliquen un esfuerzo por recordar esas definiciones, siempre «adaptados» a cada persona: «Un autodefinido no tiene el mismo efecto en una persona que, pese a sufrir cierto deterioro cognitivo, ha sido profesor de lengua que en alguien que ha sido ajeno a ese campo y ha trabajado toda la vida en la construcción, por ejemplo. La clave es que ese ejercicio suponga un reto y active determinadas zonas del cerebro. Si es algo muy 'fácil' y te aburres, no se logra ese objetivo», explica el experto, que valora la utilidad de los entretenimientos como ejercicios complementarios a otros «más relacionados con la vida cotidiana, como planificar una compra en el supermercado o leer un artículo en el periódico y tratar de recordar su contenido».

Además de ayudar a la función cerebral, de 'entrenar' las neuronas, los pasatiempos, «lejos de ser una pérdida de tiempo como algunos creen o de tratarse solo de un entretenimiento, también pueden resultar una terapia adecuada para personas con baja autoestima o con problemas de estrés», informa José Elías, psicólogo sanitario y pionero en España en humor y risoterapia. Sobre lo primero explica que «la resolución de un crucigrama o de un sudoku genera una sensación de logro muy útil para trabajar la autoestima, además de mejorar la atención en personas dispersas». En cuanto al estrés, el especialista explica que hay dos formas de reducirlo: «aprender a tolerarlo o disociarse, buscar otra cosa que te guste y te evada de los problemas». Como hacer autodefinidos.

«Es una terapia sencilla de iniciar, los traen casi todos los periódicos y vienen, muy acertadamente, en las páginas finales, donde está la parte de la diversión. Yo muchas veces les digo a mis pacientes que empiecen a leer el periódico por detrás, que así digerirán mejor las primeras noticias cuando lleguen a ellas».

Además de entrenadores de las neuronas y aliados contra el estrés, los pasatiempos son también solo eso, una manera de pasar el tiempo. Una buena manera. «El crucigrama me encanta, en mi opinión es el más interesante y, desde el punto de vista lingüístico, es una fuente de aprendizaje de nuevas palabras, aunque no las vayas a usar luego. Un crucigrama exige intuición, trabaja la deducción, la memoria... Y te puedes aficionar a los de un autor en concreto. A mí me gustaban especialmente los de Pedro Ocón de Oro, que los hizo muchos años en el diario ABC. Fue uno de los grandes difusores y era un hombre muy preciso, buscaba palabras que no fuesen muy triviales pero que tampoco te obligaran a consultar la enciclopedia», relata Florentino Paredes.

– Pues, para éxito, el de los sudokus... ¡Qué fiebre!

– La clave del éxito de los sudokus es la estética, los japoneses cuidan mucho el diseño. Además, el sudoku tiene algunas ventajas sobre otros pasatiempos: al tratarse de una técnica combinatoria, no necesita memoria lingüística, y como son números es un juego universal y no específico de una lengua.

El castellano, por cierto, «como todas las lenguas alfabéticas», es un idioma especialmente agradecido para estos juegos: «Se presta muy bien porque tiene cambios de género, tiene singular y plural, prefijos, sufijos... Lo que permite una gran variedad».

Antes de terminar, le pedimos al profesor la resolución de las dos definiciones del comienzo, que fueron cosa suya: «Yunque de platero: tas. Gorro militar: ros». Añade el psicólogo José Elías otra: «Río de Galicia, dos letras: Eo. ¿A que ese no se le olvida a nadie».

«Puede enganchar. Hay que decir 'solo media hora, aunque quede a medias'»

¿Hay adictos a los pasatiempos? Es raro, pero los hay. ¿Es fácil desengancharse? También. «No es como la nicotina, que cada vez necesitas más para sentir el mismo placer. Con los crucigramas puedes 'pasarte' el fin de semana, que es más fácil de controlar», tranquiliza el psicólogo José Elías.

– Alguien que dedica dos horas al día a hacer autodefinidos... ¿tiene un problema?

– Depende. Si es un jubilado con mucho tiempo libre, no me parece un problema, igual que si dedica ese tiempo a leer, por ejemplo. De hecho, es mucho mejor eso que estar sin hacer nada. Ahora, si esa persona que emplea dos horas cada día en el autodefinido lo hace en el trabajo a escondidas o deja de cumplir otras tareas por eso, entonces sí. Estamos ante una adicción.

– ¿El límite es claro?

– Sí, lo es. La diferencia entre una afición y una adicción es cuando dejar de ser una diversión para convertirse en una necesidad.

– ¿Y los atracones puntuales, en vacaciones por ejemplo?

– Que te tires dos meses haciendo pasatiempos de manera intensa no es un problema. Es normal, como cuando de niño te regalaban una bicicleta nueva y al principio no te bajabas de ella, pero luego pasaban meses y no la tocabas. Descubres un placer y lo agotas.

– ¿Ha tratado a alguien con este problema?

– No que tuviera solo este problema. Pero sí que tenía este problema asociado a otros. Recuerdo a un paciente, era una persona muy solitaria, con muy poca red social. Y también se enganchan personas que quieren destacar, gente que tiene pocos logros en su vida y ve en esto una posibilidad de 'chulearse', porque ser capaz de terminar los crucigramas te da cierto estatus.

– ¿Se trata 'a la brava'?

– Depende. Hay gente que deja de fumar 'a la brava' y otros, poco a poco. Se puede poner un límite: media hora al día y ni un minuto más. Y, si el crucigrama está por acabar aún, así se queda.

Juego de niños

«Las sopas de letras les encantan a los chavales. Son un ejercicio muy familiar y cada vez que alguien encuentra una palabra no puede dejar de decir: 'Mira, mira, he encontrado esta'. Es un placer ese hallazgo, como cuando vas por el monte y te parece todo igual y de repente encuentras una seta. Los juegos de las siete diferencias, basados en técnicas de ocultación, también divierten mucho a los niños», señala el psicólogo José Elías.