'La gran belleza', o la ciudad-novia

ÓSCAR BELTRÁN DE OTÁLORA

La gran belleza' es una película que cambia la vida. Es como recibir un pequeño susto con la salud o ser agraciado con un premio de lotería. Nadie se queda igual tras acompañar a Jep Gambardella en su paseo a través de Roma y sus gentes. Esta película, estrenada en 2013, entró de lleno en el santuario de clásicos modernos y sus seguidores se pueden catalogar en función del número de veces que la han visionado.

Destacar este filme entre los títulos dedicados al amor es arriesgado, pero tiene una explicación. El protagonista es alguien enamorado, en el sentido más pasional de la palabra, de una ciudad, Roma, de sus misterios, su decadencia, su paisaje... Sus calles se han convertido en el consuelo por la pérdida de un amor de juventud y de la energía que acompaña a ese momento ya largo de la vida. Como afirma el psicólogo y terapeuta Jaime Burque, autor del libro 'Filmoterapia', esta obra es -entre otras muchas cosas- un homenaje a una de las fortalezas psicológicas que pueden mejorar al ser humano: la percepción de la belleza que flota a nuestro alrededor.

'La gran belleza' fue rodada por un Paolo Sorrentino en estado de gracia (llegó a ganar un Oscar). En sus primeras imágenes, asistimos al 65 cumpleaños del protagnista, el escritor fracasado y periodista Jep Gambardella, interpretado por Toni Servillo. En cierta forma, ese es todo el argumento. Días después de la fiesta -psicodélica y decadente-, Gambardella recorre Roma acompañado por todo tipo de personajes. Repasa su vida como autor de un solo libro, asiste a funerales, fiestas y eventos degenerados y conoce a gente que se acaba convirtiendo en un espejo de su propia decrepitud, sus contradicciones y su aburrimiento.

«La capacidad de saber percibir la belleza tiene mucho que ver con regresar al estado de ánimo de la infancia»

En algún momento, Sorrentino consigue que el espectador intuya que Gambardella tuvo un gran amor de juventud que ahora suple con la fascinación por lo que le rodea. Se ha convertido en un 'voyeur' de Roma para superar la pérdida. Uno de sus contactos más valorados, por ejemplo, es un joven al que las dueñas de los palacios más antiguos de la ciudad le han dejado las llaves y está dispuesto a llevar por la noche a Gambardella a esos museos domésticos.

Vivir el presente

«'La gran belleza' está llena de aristas, de agujeros por los que poder mirar. Pero uno de ellos es la fascinación por la belleza», asegura Burque. Esa contemplación de lo bello, afirma el psicólogo, «es una de las grandes fortalezas que permiten al ser humano enfrentarse con más herramientas al mundo». Esta capacidad de fascinarse por lo asombroso que nos rodea es una gran ventaja, porque ayuda a vivir más el presente. «Ser capaz de entusiasmarse ante un bosque, ante un cuadro, ante algo que has escuchado o leído en un libro es una forma de vivir el momento -agrega-. Algo que está lejos del futuro y sus incertidumbres y del pasado y sus cicatrices».

En la película, Jep Gambardella también se siente conmovido ante los niños a los que espía en sus juegos o la niña a la que sus padres quieren convertir en artista mientras ella sueña con ser veterinaria. Y es que la niñez y la contemplación de la belleza van muy unidas. «La capacidad de percibir la belleza tiene también mucho que ver con el regreso a la infancia -mantiene el experto-. Es un momento de la vida en el que estamos atrapados por el instante y sabemos disfrutar mucho más de las cosas. Luego vamos creciendo y las capas que la vida va colocando encima nuestro nos impiden el disfrute de algunos momentos». Quizás 'La gran belleza' de Sorrentino, entre todas sus lecturas, propone ese viaje a la fascinación que solo un niño es capaz de sentir.

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