¿Te atreves a completar el 'rosco'? Así se preparan los mejores concursantes de la televisión

Valentín, uno de 'los lobos' de 'Boom', y Sofía, última ganadora de 'Pasapalabra', relatan cómo se prepararon para ir al concurso que les hizo millonarios

Yolanda Veiga
YOLANDA VEIGA

En los 60, cuando era niño, editaban un anuario con los acontecimientos más importantes del año –recuerda Valentín Ferrero, uno de 'Los lobos' del concurso 'Boom' (Antena 3)–. Y me lo empollaba: banderas, superficie de los países... Hoy, que ya tengo 64 años, estoy todo el día con Google delante. Voy a ver una película al cine y enseguida me pregunto en qué ciudad está ambientada, quién es el presidente, cuál es el plato típico de allí... En un restaurante te traen la pimentera y ¿sabes lo primero que te viene a la cabeza?: '¿Quién habrá inventado esto?'». Se reconoce un tipo «curioso» en el sentido de querer saber de todo. En julio de 2019, tras 505 días en el programa, Valentín, Manu, Erundino y Alberto (que había sustituido a José, fallecido ese febrero) ganaron el mayor premio de la historia de la televisión: 6.689.700 euros. «Iba con mi mujer al supermercado y tardábamos dos horas en salir. Estaba esperando en la cola de la pescadería con el numerito en la mano y enseguida me reconocía alguien, me pedían fotos... Así que mi mujer se iba: 'Ale, ahí te dejo, voy comprando'».

Valentín Ferrero cuenta cómo se prepararon él y el resto de la 'manada' para ganar semejante dineral –«me tocó pagar el 49,2% a Hacienda, pero eso no duele, hay que contribuir a que el país funcione»–, y no, no hay truco. Básicamente se trata de hincar codos, dice. «Cuando empecé en el programa daba clases de estética y teoría del arte contemporáneo en la Universidad Miguel Hernández de Elche, pero después de unos meses lo dejé para dedicarme de lleno a 'Boom'. Estudiaba tres horas por la mañana, otras tres por la tarde; hacía listados: inventores de cosas cotidianas como los pañales o la maquinilla de afeitar, actores y directores ganadores del Oscar, el cabo más al norte y más al sur, otra lista de descubridores...».

– Y repetir en voz alta hasta que se quedara grabado, ¿no?

– Si quieres afianzar algo lo escribes, lo repites tres o cuatro veces... Aprender las cosas alfabéticamente ayuda o estudiar las ciudades del Camino de Santiago en orden, desde Roncesvalles hasta Santiago, por ejemplo. Los mayores hemos tenido la ventaja de que nos han educado en la memorización. Los jóvenes no son tan memorísticos, de forma que tal vez les cueste más adquirir algunos conocimientos, aunque son más reflexivos y capaces de resolver problemas.

Coincide con el 'diagnóstico' FlorentinoParedes, doctor en Filología Hispánica y catedrático de la Universidad de Alcalá. «El estudio memorístico está denigrado en la actualidad, pero tiene sus virtudes: centra y crea un hábito intelectual. Las cosas se adquieren con mayor profundidad».

– Esa cultura general que se achaca que les falta a los jóvenes de hoy.

Paredes: En los años 60 y 70 los conocimientos que se exigían eran más reducidos y, por tanto, más fáciles de abarcar y asentar. Hoy, el ámbito del saber se ha ampliado, el conocimiento es más disperso y por eso puede parecer que los jóvenes tienen menos cultura general. Y luego, claro, el bagaje cultural se va ampliando con los años; yo sé más ahora que cuando tenía 20.

En todo caso, insiste Florentino Paredes, más allá de que de niños estudiaran en el colegio 'de memoria', lo que tienen los grandes concursantes de la tele es «inquietud cultural». «Ahora está de actualidad el volcán de La Palma y si eres curioso seguro que te pones a leer sobre volcanes».

Y hay que ser tremendamente curiosa para saber que otacusta significa «espía o escucha». «En realidad, fue esa la palabra que me dio el bote. Cuando escuché la definición tuve la sensación de que la sabía, pero me dio miedo equivocarme al pronunciarla, así que la dejé para la siguiente ronda. Me dio un gusto...». Habla Sofía Álvarez, psiquiatra vizcaína de 55 años. Acaba de ganar 466.000 euros en 'Pasapalabra'. También es inquieta, sí, «pero nada sistemática», confiesa. «La gente me preguntaba: '¿Por qué letra del Diccionario María Moliner has empezado?'. Pero no he llevado un orden, no se me ha ocurrido ir por letras. Un día buscaba palabras relacionadas con el cerdo; otro, ríos de Sudamérica; luego, palabras que empiecen por 'pin'...».

Esa que ha hecho Sofía es una «búsqueda activa», explica Florentino Paredes. «Si yo leo una palabra que desconozco y trato de deducir su significado por el contexto es probable que se me olvide pronto. Pero si voy al diccionario y compruebo y comparo lo que he deducido con lo que aparece ahí, el aprendizaje va a ser más intenso. Y si con esa palabra que acabo de aprender hago una frase nueva y la escribo afianzaré ese conocimiento. Y más aún si la repito en voz alta».

– ¿Mejor eso que memorizar las palabras de la A a la Z?

Paredes: Lo de la A a la Z es un mecanismo básico, pero es más fácil de olvidar que cuando busco palabras que empiezan con un prefijo concreto. En ese caso el procesamiento mental es más complejo, ves que hay cosas que tienen en común y aparecen asociaciones que no esperabas.

LOS TRUCOS DE SOFÍA Y VALENTÍN PARA HACERSE MILLONARIOS

«Han sido muchas horas y mucho madrugar 4 años»

Sofía, como casi todos los concursantes (y muchos espectadores), jugaba a 'Pasapalabra' en casa. «Acertaba mucho, quizá no todas las palabras del rosco, pero me quedaba a una muchas veces». ¿Y si fuera ella la de la tele? «La primera vez que me llamaron les dije que no porque no estaba preparada. Luego empecé a mirar el María Moliner y el diccionario de la RAE, que como tiene versión 'online' me permitía aprovechar para estudiar en el autobús, en el metro, entre consulta y consulta, en las guardias...». No sabe cuántas, pero han sido «muchas horas y mucho madrugar durante cuatro años». Repasando listas (ríos de Chile, presidentes de Francia...) y memorizando palabras: «Las que tienen definiciones cortas son muy jugosas porque no tienen discusión». Cuando Sofía acababa de repasar una página del diccionario le hacía «una cruz». Y a por otra. «Al principio decía: '¡Qué de cosas estoy aprendiendo!'. Lo difícil fue pasar del nivel bueno al muy bueno». Y lo consiguió.

«Nos pusimos 'Los lobos' y el nombre influyó muchísimo»

Ganaron 'Los lobos' con 'Boom' –más de 6 millones–. Y al revés, porque aquello fue un fenómeno. «El nombre influiría, digo yo. Además, nos encajaba muy bien porque Erundino trabaja en el control de las poblaciones de lobos en Castilla La Mancha; José era ganadero y, por tanto, afectado por los ataques al ganado; yo soy de Zamora, que es uno de los pocos lugares de España donde el lobo no desapareció y, además, está muy presente en la cultura popular, de niño recuerdo ver lobos disecados». Valentín y el resto se convirtieron en manada tras participar en 'Saber y ganar' (La 2), cada uno por su cuenta. «Se me ocurrió a mí: '¿Hacemos un equipo?'. Hablamos en noviembre de 2016 y en mayo ya estábamos concursando. Yo soy especialista en arte, astronomía, deportes y cosas raras; José lo era en literatura, historia, cine y deporte; Erundino, como es ingeniero de montes, sabía mucho de botánica, de zoología... Vamos, que entre todos abarcábamos muchísimo campo».

LA PSICÓLOGA RESPONDE

Pero, ¿no éramos una sociedad de envidiosos que no soporta el éxito ajeno? ¿Por que nos alegra entonces que ganen los concursantes de la tele? Orienta sobre el asunto Mª Victoria Sánchez, directora de Grupo Laberinto Psicoterapia para la Salud

¿Por qué nos fascinan?

Los seres humanos somos seres sociales. Tenemos la capacidad de conectar con los estados mentales de los demás. Igual que puede transmitirse la ansiedad también lo puede hacer la alegría. Por ejemplo: las celebraciones del deporte, o en un concierto. Y lo mismo con los concursos de la televisión.

Y hacemos de su triunfo el 'nuestro'

Sí, porque nos sentimos identificados con el concursante: por edad, por su profesión… Sentimos que podría ser nuestro padre, nuestra pareja o nuestra hermana. Pasa igual al leer una novela, podemos llegar a sentir parte de lo sienten los protagonistas, de forma que la emoción queda amplificada. Esto, en parte, se explica por la activación de las llamadas neuronas espejo, que ponen en funcionamiento en nosotros los mismos circuitos cerebrales de la persona que estamos observando, en este caso el concursante de un programa de televisión, siendo así responsables del contagio emocional.

No pasan de moda...

Hay programas que forman parte de las rutinas familiares. Además, los concursos suponen un estímulo para aprender cosas nuevas, alimentando nuestra curiosidad y son un reto para nuestra agilidad mental. También nos ayudan a desconectar y a descansar de nuestra rutina laboral.