Dry Martini clásico

Cóctel realizado en el Hotel María Cristina, de Donostia

CRISTINA TURRAU

Para disfrutar de un Dry Martini hay que tener un alma, un espíritu. Se lo preguntamos a Fito, barman del bar del hotel María Cristina -el 5 estrellas de San Sebastián- desde hace 36 años. Nos responde en clave, debido quizás a sus largas horas ante clientes sedientos: «Uno es poco, dos son más que suficiente, tres son demasiado» Buf. ¿Dónde se encuentra la sabiduría? ¿Siempre en el término medio? ¿Quizás la tuvo Buñuel, quien en sus memorias 'Mi último suspiro' recuerda un momento apacible de la tarde ante este combinado? Al fin y al cabo -escribió el cineasta- «el bar es para mí un lugar de meditación y recogimiento, sin el cual la vida es inconcebible». A nosotros nos seducen sus «largos ratos de ensueño, hablando rara vez con el camarero y casi siempre conmigo mismo, invadido por cortejos de imágenes a cual más sorprendente». Será la inspiración, que no a todos llega, pero volvamos con Fito, quien aparece junto al cóctel en la foto de Sara Santos. «El Dry Martini hay que servirlo en copa triangular pequeña, una copa invertida», explica. «Pasas la ginebra por el hielo, añades unas gotas de vermú y la aceituna». No pasa nada si falla el vermú. «El aceite de la aceituna da el sabor». Importan las formas, como en la vida: «El ritual, la vajilla, la puesta en escena, el glamur». Oliver Stone, en uno de los últimos Zinemaldis se tomó dos. Si él lo hizo...